Archivo para Diciembre 2007
Eskerrik asko, Joseba
Introducción, 4 de Agosto de 2008: Este es el texto más antiguo que conservo íntegro y en buen soporte sobre ciclismo profesional. La fecha (21 de Diciembre de 2007) coincide con la de la rueda de prensa de Beloki, en la que anuncia su retirada. Ulteriores detalles sobre la misma no están, por supuesto incluidos.
Se dice que hay dos carreras sesgadas en la vida profesional de Joseba Beloki (Lazcano, Guipúzcoa, 1973). La primera de ellas, fructífera y mediática, que abarcó desde su debut en 1998 hasta aquella fatídica jornada del Tour 2003. La otra, hecha de ostracismo e indefensión, tras dejarse la rabadilla en aquella cuneta de asfalto derretido en las estribaciones alpinas. Aún se nos encoge el alma a muchos aficionados recordando aquellas imágenes.
Era la primera vez que la hegemonía de Lance Armstrong se ponía en entredicho desde que el completo americano, nacido en la tejana localidad de Plano, iniciase su periplo en la ‘Grande Boucle’ en ese Tour del ‘99. Beloki, eterno aspirante con tres podios en la ronda gala a sus espaldas, perseguía al estadounidense en los compases finales de la novena etapa del 2003, en la peligrosa bajada del Col de La Rochette, cuyo descenso finalizaba prácticamente en la meta de ese día, situada en Gap. En un viraje a derechas, con la pancarta de los últimos cinco kilómetros a la vista, la rueda trasera de Beloki pasó por un charco de brea, y la Giant en la que perseguía la rueda de Armstrong derrapó. La bici se fue de atrás y depositó violentamente al español en la cuneta, en el mismo flanco por donde Armstrong, en un atisbo incomparable de suerte, encontró un camino para pasar y reincorporarse a la carretera. El triunfo en solitario del kazajo Alexandre Vinokourov (Telekom), hoy defenestrado por razones obvias, fue lo menos importante del día. Los gritos de dolor y la expresión desesperada de un Beloki tendido en el suelo, dieron la vuelta al mundo y traspasaron el deporte.
Joseba fue, verdaderamente, uno de los últimos héroes nacionales forjados sobre dos ruedas. Dicho así, estas líneas podrían parecer un obituario. De hecho, es eso en lo que ha sido convertido el caminar del guipuzcoano por los medios. El silencio ante la opresión del sistema ha acabado con la vida deportiva de Joseba, pero también con las de otros muchos. Hay corredores, como es el caso del también vasco Koldo Gil, que viven en una lucha injusta y desigual con las más altas autoridades del ciclismo, que no consiguen aclarar su situación por más que ponen medios para ellos. Los hay, incluso, quienes han decidido rehacer su vida en Portugal, refugio de muchos ciclistas, en su mayoría de nuestro país. El ejemplo de Portugal pone de manifiesto cómo un deporte puede revitalizarse siguiendo unas creencias muy firmes. Es cierto que en el país luso hay “barra libre”, pero no es menos verídico que el nivel de seguimiento del deporte de la bici más allá del Miño es desorbitado. Las audiencias que la RTP (la televisión pública portuguesa) registró durante los once días de competición de la Volta a Portugal, considerada la “Grandísima” aquí y allí, fueron, en términos de “share”, las más altas de un país europeo en su ronda nacional. Ni tan siguiera las avanzadísimas técnicas televisivas de la ARD en su Deutschland-Tour lograron resultados similares. Allí, la persecución es feroz. Y vender las dos caras de la moneda (¡seamos realistas!) no vende.
Tampoco podríamos encontrar productoras televisivas en Estados Unidos que comprasen un “storyboard” como el de la vida de Joseba. Por mucho que la huelga de guionistas en Hollywood aún siga convocada. Lo suyo fue siempre un vodevil, donde el desenfreno, las sorpresas y el disparate no tenían fin. En 1996 estuvo a punto de colgar la bicicleta, aún en aficionados. Aquella temporada había sido desastrosa. Sólo Manuel Azkona, patrón del modestísimo ACR, confió en él. Y la necesidad agudizó el ingenio. Buen trepador y resultón en la luchacontra el crono, dejó verse durante el verano, con un subcampeonato en el campeonato nacional amateur (sólo por detrás del “Búfalo” Quique Gutiérrez, segundo en el Giro 2006) y el triunfo final en una de las rondas más prestigiosas del calendario español aficionado, la Vuelta a Ávila. Recién recalificado como profesional con el equipo Euskaltel – Euskadi en 1998, cuando parecía que no había hueco para un buen escalador como él y que su futuro a los 25 no estaba precisamente en primera línea, encontró su gran oportunidad para destacar en ese mismo verano. Participante en el Tour del Porvenir, había realizado una carrera fantástica, siendo segundo en la crono tras el portento David Millar, y llegaba a la última etapa con opciones de imponerse al francés Christophe Rinero, inmediatamente clasificado tras él en ese momento. Cuando todo parecía estar a su favor, un terrible desfallecimiento ascendiendo el Courchevel (la misma cima donde Valverde “venció” frente a Armstrong en 2005) le hizo perder un cuarto de hora y lo colocó en el quinto puesto final.
No pudo minar su moral este ligero revés. Más bien al contrario. Realizó una temporada ‘99 muy regular, con buenos puestos sobre todo en carreras españolas (fue cuarto en la general de la Vuelta a Cataluña), lo que le permitió recalar en el potente Festina, liderado en la “Grande Boucle” por el francés Christophe Moreau. Mas discutirá esa posición de privilegio con resultados de importancia, que otros contendientes por el maillot jaune no podían presentar. Con triunfos en el Tour de Romandía y en la general de la Vuelta a Asturias, no levanta excesiva expectación entre los medios extranjeros ni es el más vigilado por sus rivales. Una carrera hiperregular y estoica le permitió estar entre los mejores en las etapas clave (sobre todo en la ascensión al coloso de la Provenza, el Mont-Ventoux, donde fue tercero tras dos leyendas como Armstrong y Pantani) y resistir ante el empuje de su compañero, mejor contrarrelojista, en el último esfuerzo de la carrera, la crono de Mulhouse previa al paseo militar de París. Era el primero de los tres podios de Joseba. Los dos siguientes llegarían a renglón seguido: en 2001, como primer corredor “del resto”, tras los inefables Armstrong y Ullrich y desbancando del podio al, hasta ahora, antepenúltimo beneficiado por una fuga consentida en la ronda francesa (el kazajo Andrei Kivilev, que en paz descanse). Y en 2002, aprovechándose de la ausencia de Ullrich aquel año.
De por medio, dos apariciones en la Vuelta a España, que se saldan con dos nuevas decepciones. En eso Joseba siempre estará ligado espiritualmente al también vasco Iban Mayo, ahora enzarzado en disputas legales con la UCI tras las irregularidades de procedimiento de sus controles antidoping. Aunque ni sus éxitos eran tan sonados, ni sus decepciones, tan clamorosas. En ambas ediciones fue de más a menos. Entre los mejores al inicio de la Vuelta 2001, y con los ecos de su segundo podio en el Tour aún latentes, agarra un “pajarón” estratosférico camino de Envalira y dilapida toda opción. En 2002 no sufrirá ninguna caída estrepitosa, pero Heras y Aitor González serían mejores y el tercer puesto le supo a muy poco.
Aun así, la amenaza del tejano al récord de los Anquetil/Merckx/Hinault/Indurain animaba a una competencia recrudecida a batallar hasta el final. El ya comentado incidente de Gap se produce en una tesitura complicada para Lance: Beloki está a menos de un minuto en la general, y Vinokourov no esta tan lejos en la general (de hecho, acabaría alzándose a la tercera plaza final, aunque a más de 4 minutos). El nerviosismo, en esta situación, es evidente. En aquella cuneta, Joseba no sólo se dejó varios huesos: también quedaron allí depositadas las cenizas de un corredor cuyo destino sería deambular cual espíritu por las carreteras.
En 2004, Beloki no continúa en el equipo del ahora desterrado Manolo Saiz, y ha de buscarse la vida. Estuvo a punto de firmar con el “proyecto fantasma” de la empresa italiana Stayer, pero finalmente recalará, junto con su “bloque de confianza”, en un minúsculo equipo profesional de la región francesa del Vendée, el Boulangère, el cual había multiplicado su nivel mediante la formación de corredores de la región por medio de su escuadra amateur, el Vendée U. Su reaparición en el mes de marzo se intuye terrible… pero nada más lejos de la realidad. Una mala preparación física con vistas al Tour y múltiples desavenencias con Jean-René Bernaudeau, histórico ciclista de los 70 y mánager del equipo, hicieron que rompiese con los galos ese mismo mes de junio. Esas fueron las razones oficiales; según la prensa del momento, todo se debía realmente al hecho de que Joseba no podía tomar un producto contra el asma, prohibido por código interno del equipo (no sería el único: dos años después, en septiembre de 2006, el vitoriano Unai Yus fue sacado literalmente del equipo por razones similares). Josean Fernández “Matxin” lo acogió en el Saunier Duval ese mismo verano, con el fin de que disputase la vuelta con ellos… pero Beloki simplemente se arrastró por la carrera.
Los tres años siguientes fueron un reflejo de la mediocridad en la que se vio sumido tras la lesión, y la mala suerte que siempre le persiguió. La Operación Puerto acabó con todas sus opciones de acabar esta etapa con gallardía. Sólo queda recordar los buenos momentos que le brindó, y rendirle un digno adiós. Eskerrik asko, Joseba.

