Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

Archivo para Mayo 2008

28 kilómetros

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No se pueden pedir etapas de 225 kilómetros en las que se líe todo el mundo a estacazos. Os generásteis todos expectativas desacertadas, distancias insalvables, ataques a diestro y siniestro… y luego, además, queréis limpieza. Deseáis estar dando misa y tocando las campanas. Si alguien se sintió decepcionado con la etapa de hoy, no tiene cabida en la lógica del ciclismo moderno. Y esta es la conclusión más superficial y exaltada de la etapa de hoy, una cita textual que sirve para calibrar las exigencias de los aficionados ante un espectáculo como el Giro de Italia. Los planetas se alinearon, todas las circunstancias que habían perseguido al actual líder del Giro ayer viernes se colocaron a su favor y permitieron, en una etapa quizás algo decepcionante sobre las exageradas expectativas creadas, evitar un relevo en la cabeza de la tabla. Alberto Contador demostró hoy por qué es uno de los corredores de mayor calidad del ciclismo mundial. Sin estar jamás en su mejor forma -odio hablar en condicional, pero las tres semanas de carrera demuestran esto como un hecho evidente-, pasando días de auténtica penuria, sin ser jamás el mejor de ninguna etapa clave ni lograr triunfos parciales, supo estar presente en los momentos donde era clave no perder la cara. Lo hizo en la crono de Urbino, logrando un espacio de tiempo suficiente sobre sus rivales de cara a la montaña, y lo hizo de nuevo hoy sábado. Cuando casi nadie (servidor incluido) daba posibilidades al de Pinto de permanecer en buena situación para vestirse de rosa en Milán, sorprendió con una condición física a la altura de quien debe ganar, y con una inteligencia y serenidad muy lejos de las que demostró ayer, en los últimos kilómetros del Monte Pora. En ese sentido favoreció la aparición estela de Simoni: al contrario que en la etapa del Vivione, cuando el caos de organización por parte de Alexander Sheffer pudo perjudicar al madrileño, la apuesta lejana con Colom (¡sensacional subida al Mortirolo!) dio tranquilidad a la “maglia rosa”. Salvo un desafortunado incidente en carrera o mecánico en los escasos 28 kilómetros de la crono, todo parece indicar a que Contador ganará el Giro, probablemente con algo de distancia sobre un máximo rival.

Riccò no estuvo a la altura. En esta ocasión (y uno empieza a acostumbrarse), al de Sassuolo “le perdió la boca”. Ayer “Il Cobra” se jactó de su supuesta superioridad en la montaña, y de la suerte de Contador. Un refrán castellano dice que la velocidad se demuestra andando. ¿Por qué, entonces, siendo el más fuerte en la montaña, no fue capaz de atacar más de una vez (su único ataque apenas presentó seriedad para poner en aprietos al español) y demostrar dicha condición? Riccardo se justificó diciendo que había dado el máximo. ¿Era ese su máximo? ¿Su máximo no fue capaz de materializar en piernas lo que su boca decía? Sus discursos incendiarios le han generado problemas con todo “bicho viviente”. Sólo con Simoni las relaciones son cordiales; el resto se han visto azotados por su lengua bífida. Sella, en especial, fue atacado por Riccardo por tirar del grupo de Contador en el Monte Pora; Contador, en cierta medida, también se vio atacado al considerar Riccò que no tenía más que suerte -en contraste con las declaraciones de Contador, siempre respetuoso aunque quizás sin dar la importancia real que merecía Riccò, preocupándose más de Simoni-; además, “Il Bisontino” acabó echando las culpas de todo hasta al “empedrado”, atacado por el nerviosismo en la subida a Aprica y recriminando a todos su ¿falta de compromiso? Deberá tranquilizarse y progresar física y mentalmente para poder optar, en cualquier otra ocasión, a un galardón de tanto nivel. Aún es muy joven, corrió sin equipo tras la lesión de Piepoli y debe tomar más experiencia.

Di Luca pagó el esfuerzo de ayer. Mi reflexión inicial va por el “Killer di Spoltore”: no se puede pedir resistencia absoluta a un hombre que ayer derrochó fuerzas como un juvenil. Sí ha sorprendido, en contraste con la situación del capitán del LPR, la última exhibición protagonizada por Sella. Ha recuperado de forma espectacular todos los esfuerzos, dominado a sus rivales y demostrado su infinito valor como escalador. Los veinte minutos cedidos camino de Cesena le favorecieron en primera instancia, pero el esfuerzo invertido para ser quinto provisional -aún puede haber algún cambio en la crono de la mañana- está fuera de toda duda. Ahora los Reverberi jamás volverán a correr con expectativas en lontananza: el planteamiento de la carrera de este año les ha favorecido absolutamente. En otros términos, a Simoni le faltaron fuerzas en Aprica para coger a Sella y cerrar de forma brillante su carrera como profesional; Bruseghin y Pellizotti barrieron con lo que quedó de Di Luca para auparse a puestos en la general jamás soñados; Purito, de vuelta en sus mejores tiempos como gregario en la montaña de la ONCE, se vio favorecido por las explosivas rampas del Mortirolo para terminar entre los mejores, atacar para ser tercero y (¡seamos oportunistas, ya de paso!) robar bonificaciones al líder del Saunier Duval.

El resto de grandes hombres de la general fueron intérpretes secundarios. Mañana, los Menchov, Van den Broeck o Bruseghin, desapercibidos salvo por su “presencia invitada” en la etapa reina de los Alpes, podrán reivindicarse y luchar por objetivos individuales. La crono es perfecta para los rodadores, incluso combinando ligeros tramos en descenso. Contador deberá tener prudencia, salvar imprevistos y, simplemente, hacer lo que sabe para sumar el tercer Giro para la delegación española. Al fin y al cabo, sólo son 28 kilómetros.

Escrito por ruedasycuadros

31/05/2008 a 18:20

Kenny Dehaes, el “Fujitsu”

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En el ciclismo del siglo XXI se estila la fórmula del sprinter “chuleta”, joven, atractivo (incluso desde el punto de vista físico), siempre entre aspavientos, locuaz si es posible, espectacular a la hora de impulsar la bicicleta, algo sucio, surgido desde las profundidades hacia la élite mundial sin importar los cánones lógicos de progresión, tan fulgurante como su velocidad, tan fulgurante como un cantante salido de alguna maqueta perdida por los archivos de una gran discográfica. No se buscan velocistas, sino estrellas del rock. Encuadrados en ese grupo, casi en exclusividad, los sprinters del High Road vienen abriéndose hueco en los últimos meses con buen brío, comandados por Mark Cavendish. Da la impresión de que al corredor de la Isla de Man le absorbe el aura de otros grandes talentos como Tom Boonen (¡Dios me libre de ninguna aversión hacia mi corredor preferido de siempre!). Cuando gana, todo son parabienes a sus compañeros y vanidades personales; cuando pierden, siempre hay alguna excusa válida que no recaiga en su incapacidad (momentánea o permanente) para imponerse a sus rivales. Cuando no pudo estar entre los mejores en la Gante – Wevelgem que ganó Óscar Freire, se quejó de que muchos corredores no expertos en el arte de las “volate” se metían en la llegada y hacían peligrosa su labor. En un compañero de Boonen, Wouter Weylandt, se reproducen los mismos comportamientos. Otros ejemplos son los del “Bathurst Boy”, Mark Renshaw, curtido en mil peleas entre diversos equipos franceses, o el de Koldo Fernández de Larrea, dotado de una velocidad comparable a la del mejor Petacchi (sin exageración), pero sin facultades técnicas ni estratégicas reconocidas.

Kenny Dehaes (1984) es distinto. Transmite una planta sobria, elegante. Es un ciclista con unas condiciones excepcionales para los sprints, pero también para las grandes clásicas del Norte. Aún deberá ascender a un equipo de mejor categoría, pero tiene en sus piernas (de nuevo, sin exageración) todo un Tour de Flandes; de hecho, él fue el ganador de la “Vlaanderens Mooiste” en su edición sub23 hace tres años, al atacar en el último paso de la prueba y cobrar una ligera ventaja en la meta de Aalst. Nacido en Ukkel, el suburbio (entendido en el sentido anglosajón de la palabra, como barrio residencial) más grande de Bruselas, sus inicios en el deporte estuvieron ligados al balompié, pero la ilusión de la biciclieta, transmitida desde su padre (ex-ciclista amateur), le llevó a iniciarse en el ciclismo competitivo en etapa de junior, en la escuela ciclista de Limburgo, uno de los equipos más potentes de la “división de bronce” del ciclismo internacional. Destacaba como un corredor corpulento, si bien cedió masa muscular en su progresión hacia la élite, sobre todo tras una insidiosa lesión de rodilla, que le mantuvo en el “dique seco” durante buena parte de la temporada 2004, la anterior a su paso al profesionalismo. Años después, es más distinguible como un ciclista espigado; comparado con Tom Boonen durante su periplo por el Amuzza – Davo, la antigua escuadra de formación del Mr.Bookmaker (luego Unibet y ahora Cycle Collstrop), es obvio que no podrá alcanzar (salvo que medie un nuevo salto cualitativo) los niveles de rendimiento del genio de Mol, pero su techo está aún por descubrir.

Tras más de treinta triunfos entre junior y amateur (diez en su último año de aficionado) y victorias en campeonatos nacionales y provinciales, además de luchas a gran nivel con ciclistas de su generación de la talla de Jukka Vastaranta o participaciones en campeonatos como el Europeo de Moscú 2005, la oportunidad llegó a la puerta de Kenny en 2006, cuando rubricó su primer contrato con una escuadra de gran nivel al recalar en el Chocolade Jacques. Y no dejó de asombrar desde el primer momento: en el mes de mayo se dejó ver en las llegadas de nuestra Vuelta a Asturias junto a los Samuel Sánchez, Grillo o Palumbo. En su país, cosechó muy buenos resultados en semiclásicas de primer y segundo nivel, redondeando su debut con un décimo puesto en la París – Bruselas, convertida en aquel año en un duelo “a dos” entre Robbie McEwen y Tom Boonen. En 2007, su preparación estuvo enfocada a llamar la atención de sus jefes de filas con el objetivo de mantener la confianza, por lo que sus resultados de mayor calado aparecieron durante el verano: buenos puestos en el GP Gerrie Knetemann (aventajando en el sprint de grupo a Van Avermaet y Tjallingii), en los sprints de la svueltas a Dinamarca o Sajonia y en el GP Ciudad de Zottegem (en el que otra gran figura, el danés Jonas Aaen Jorgensen, superó a sus rivales en “volata”). Pero sería en Merksem, en la misma carrera en la que Christophe Brandt estuvo a punto de perder la vida, cuando su nombre coparía las portadas de los periódicos locales: en una espléndida acción de “finisheur”, atacando a falta de medio kilómetro para la meta, superó con bravura a todos los sprinters. En una mezcla entre fantástico rodador y potente adversario en las distancias cortas, no es de extrañar tan llamativo éxito. Aún tendría tiempo de ser séptimo en la París – Bruselas (McEwen de nuevo ganador), séptimo en el Tour de Rijke y decimoctavo en su primera gran prueba de referencia (la París – Tours).

Ya en 2008, su valentía y buenas condiciones le han llevado a conquistar dos triunfos, ambos durante el mes que hoy se cierra: en Saint-Quentin, toda una “meta-Tour”, junto a buenos llegadores en los Cuatro Días de Dunkerque, y la cosechada, este mismo miércoles, en Eeklo, en la inagural de la Vuelta a Bélgica, la carrera que enfrenta, en condiciones muy distintas de las habituales, a dos de los mejores “ciclocrossers” del mundo -Sven Nys (debutante aquí con Landbouwkrediet) y Niels Albert (Palmans)-. Antes de eso, buenos sprints en Qatar, Algarve, La Panne y la más reciente Picardía (ya hablamos de esta prueba al nombrar a Demaret). Por encima de todos estos resultados, el quinto puesto de la Gante – Wevelgem. Quizás la presencia de un hombre joven como él, tan arriba en la clasificación final, inquietó a Cavendish. Lejos de pasar desapercibido, el hombre de Dehaes ha entrado ya en als quinielas de equipos tan selectos como Quick·Step, Silence – Lotto, Cofidis (quien también ha tanteado a Weylandt) y AG2R. Su excelente proyección y su ética de trabajo son, ciertamente, atrayentes. Parece un hombre trabajador y centrado, que busca el silencio fuera de las carreteras y que denota un espíritu calculador, un ánimo de precisión en cada victoria. Este es Kenny Dehaes, el “Fujitsu”.

Escrito por ruedasycuadros

30/05/2008 a 22:26

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El “nacional-deportivismo”

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480 kilómetros, media docena de puertos de muy diversa entidad y tres días de intensa carrera. El “nacional-deportivismo”, con sus peculiares designios, ha reducido a tan simples cifras la primera grande del año. La ocasión, dicen y parece que, por ello, en consecuencia actúan, lo merece: jamás un corredor de la rojigualda estuvo tan cerca de igualar los hitos del gran Miguel Induráin. Televisión Española, en su condición de “televisión del ciclismo” (¡ja!), ha enviado con urgencia a Charly de Andrés (¡sangrante la situación, con él al cargo de los deportes de TVE desde tan recientes fechas!) y Pedro Delgado a cubrir “in situ” el fin de semana conclusivo de la “corsa rosa”; periódicos deportivos madrileños fletan aviones para hacer llegar a sus cronistas en tropel; incluso la mismísima Cadena Ser se vuelca con la prueba en sus boletines horarios. Es repugnante la actitud de este país para con el deporte: mientras países como Noruega, con su referente para estas pruebas (¡desde luego, no para la general!) desaparecido, alcanzan shares envidiables en la franja de sobremesa para la NRK1 (soberbia su labor para dotarnos de un streaming de calidad para ver el Giro desde el “ostracismo”, a expensas de los cortes de señal de la Rai), aquí un deporte sólo vende cuando uno de los nuestros anda en la primera línea. No soy la primera voz discordante, ni debería ser la última. Pero conviene no olvidar el patetismo que situaciones como la ya comentada dejan patente.

Más allá del trasfondo, de la “retaguardia” de esta guerra de frentes divididos que siempre supone una Gran Vuelta, la carrera en sí. Tras la jornada de descanso, después de una cronoescalada difícil de clasificar, en la que algunos resurgieron (Pellizotti), otros confirmaron (Sella como “grimpeur” de la prueba por antonomasia, Contador y Riccò como aspirantes, Simoni como paciente ¿”alimaña”?) y otros tantos se desplomaron (Di Luca evidenció muchas carencias, Menchov pasó su día malo), dos jornadas de tránsito por una de las zonas más bellas del mundo desde el punto de vista paisajístico: Lombardía y la Suiza meridional, la de los cantones italoparlantes. Cavendish brindó la victoria a su compañero André Greipel (¡Down Under no fue un espejismo!) en Locarno, tras una jornada plácida, donde, al fin tras varias semanas de carrera, se respetaron las líneas que marcan lo que debe ser una etapa al sprint. Apenas unas horas antes de este escrito, Jens Voigt demostró por qué es el “trotón” más temido del pelotón internacional con una larga cabalgada, saltarín desde la fuga del día, en la jornada que unió las localidades de los dos próximos Mundiales (Mendrisio y Varese). Por cierto: el circuito del Mundial, mucho más blando de aquello que parece a simple vista por el perfil, podría ser perfectamente apto para un Freire. Tras la entrada del resto de fugados (Bettini lamentándose por una nueva derrota ante Bennati), el pelotón vio a Contador esprintar en la Via Montello, sólo por detrás de “Mr. Proper” Lilian Jégou (el hombre que siempre facilitaba sus localizaciones y analíticas a la UCI sin que se las pidieran, sólo por la necesidad enfermiza de correr y disfrutar el ciclismo). Algo más que esprintar será aquello que deba hacer en las tres jornadas sucesivas.

La jornada de mañana es, quizás, el mayor escollo que deba superar el pinteño para dedicarle una nueva prenda a su “patria chica”, a la gente de Barcarrota que se “cuelga” de la televisión (de Eurosport, claro está, no de la “tele del ciclismo” -¡doble ja!-) desde que las sombras de la playa de ¿Conil? (Arribas, tergiversando pueblos gaditanos) se disiparon por completo en las montañas de los Abbruzzos. La carrera se disputará desde una distancia a meta relativamente lejana: el Vivione, antecedido por extensas llanuras desde Legnano, se corona a más de 50 kilómetros de la llegada. Más de 1400 metros de desnivel sin descanso alguno tras más de cuarenta minutos de ascenso: la bajada, la más peligrosa de esta carrera con enorme diferencia sobre cualquiera de las demás, sin cunetas ni protecciones, puede cavar la “tumba” (incluso, Dios no lo quiera, en su acepción más tétrica) de más de un aspirante a la general final. De la finura de los “coequipiers” de Alberto dependerá, en gran medida, la esperanza de restar como “maglia rosa” al término de la jornada del viernes: ni un solo metro de llano, rampas traicioneras “a salto de mata”, en cada curva, como ocurriera en la jornada de Pescocostanzo, y dos subidas antes de poder ¿cantar victoria?: la Presolana, insertada hace cuatro años en la última jornada de montaña del Giro ganado por Cunego, en la que Stefano Garzelli, en los colores amarillo y negro del Vini Caldirola, fue el mejor ayudante de “Il Piccolo Principe” en un sector reducido con Mortirolo, Vivione y esta última subida, concentrados en tan sólo ¡122 kilómetros! Si aún quedan fuerzas o arrestos, la corta (¡corta si la comparamos con las anteriores!) escalada final al Monte Pora terminará de ofrecer terreno para la batalla.

De la etapa del sábado, poco se puede añadir con respecto a otras ediciones de este “circuito” ya clásico: Gavia, Mortirolo y Aprica. El primero, para agotar a los “ayudantes de escena”; el segundo, para subir a ritmo, sin posibilidad real de ataques; el tercero, para abrir aún más hueco si se va por delante, o acumular minutos en el contador (¡bendita Providencia!) si no acompañó la suerte. Tras Aprica, bajada y llaneo hasta Tirano, en una larga agonía. El último precedente, prometedor desde la visión del “nacional-deportivismo”, inalcanzable desde la reflexión propia de la distancia: Ivan Basso se marchó junto a Simoni en el Mortirolo, lo dejó tirado en Aprica y se impuso por más de un minuto, certificando la mayor diferencia que un ganador del Giro jamás obtuvo sobre el segundo clasificado en la general final. En vista de la igualdad exhibida durante estas semanas, ninguna jornada debería ofrecer grandes diferencias de cara a la crono, aunque habrá que andarse con ojo: nadie debe menospreciar a semejantes colosos. Los que acompañan al de rosa en la foto de portada (sobre todo, el de delante y el de detrás) se han reservado para dar lo mejor de sí mismos y (se supone) llevar a “paso de palio” a Contador hasta su primer triunfo en el Giro; Simoni no se cortará ni un pelo y debe ser el primero en atacar, si es que no se le adelanta “Il Cobra di Formigine”; Riccardo Riccò acusa bronquitis, pero está ante una opción de oro para ganarse un hueco definitivo en el corazón del “tifoso”; Pellizotti siempre ha sido el más valiente y sus facultades en la escalada son más que notorias en esta prueba; Sella aún puede seguir animando el cotarro, mientras que los Di Luca, Menchov o Van den Broeck se mantendrán a la expectativa. Al término de la prueba, haremos balance completo. Nos aguarda un final de ensueño, aunque algunos se quieran apoderar de él. Es lo que tiene… el “nacional-deportivismo”.

Escrito por ruedasycuadros

29/05/2008 a 21:00

Auténticos titanes

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Durante los pasados diez días se ha disputado por todas las regiones de Holanda una edición más del Olympia’s Tour, una prueba que viene siendo considerada como la carrera de mayor prestigio y trayectoria en el país “oranje”, toda vez que la Vuelta a Holanda dejó paso en 2004 a la disputa del Eneco Tour (incluso por encima de carreras con mayor categorización UCI, como el Ster Elektrotoer). Desde las planicies y depresiones de los diques occidentales a las suaves, pero complicadas, elevaciones de Limburgo, la edición de este año ha servido para aclarar dos cosas: que Lars Boom, brillante campeón del mundo de ciclocross en Treviso hace cuatro meses, ha regresado al fin de sus vacaciones tras una larga temporada en el barro internacional; y que el Rabobank Continental sigue tan en forma como lo ha venido estando en disputas anteriores de la prueba (si bien no ha llegado al “dommage complet” de 2007, cuando seis corredores del GS3 dirigido por Nico Verhoeven coparon las seis primeras posiciones de la general, con victoria “in extremis” para Thomas Berkhout).

Los “RaboBoys” no han dejado títere con cabeza: cuatro etapas para el bloque satélite de Rabobank. De ellas, dos han sido para Lars Boom; la primera de ellas en la crono larga del sector vespertino del pasado viernes, dejando bien a las claras por dónde deberían andar los derroteros de la prueba hasta su conclusión, y la segunda en el ¿sprint? del día siguiente. Sprint entre interrogaciones, dilucidado a estacazo limpio, en espléndida acción de “finisheur” por parte del espigado atleta holandés, en la forma en que sólo un compañero suyo, el croner Jos van Emden, podría y pudo haber firmado en nombre de los “espoirs del Rabobank. Las otras dos corrieron a cargo del, hasta ahora, más regular ciclista en las filas de la escuadra naranja: Coen Vermeltfoort, un joven sencillamente espectacular. Tras ganar “in great style” la Vuelta a Drenthe, humillando psicológicamente a Bobbie Traksel, el bisoño Coen (classe 1988) se anotó dos parciales al sprint, en medio de una estupenda labor de equipo. Apostamos con seguridad a que la foto de portada aún está por repetirse (y en pruebas profesioanles) en ulteriores citas durante esta misma campaña.

En el “background” quedarán el resto de los equipos, y no por defecto de brillantez. Dos etapas correspondieron al Group Van Hemert, un equipo al que perteneció (hasta pasar a dirigir los hilos desde el volante) el ex-pro Jans Koerts, y del que han salido en las últimas campañas buenos talentos como Roy Curvers (Skil) o Marcel Beima (“stagiair” con T-Mobile en 2007). En el palmarés, dos sectores a cargo del mismo hombre: Jeroen Boelen, un guerrillero curtido en mil batallas en el profundo calendario holandés, con mucha entrega y un potente sprint final, ganador del sector matutino del viernes y de la accidentada etapa del domingo 25 en los “laberintos” de Limburgo. Una etapa recayó en el Krolstone de Niels Scheuneman (obtenida por Jos Pronk), otra fue para Bobbie Traksel (cuyo equipo, el P3Transfer, debería adaptar su nombre a “P3Traksel” sólo por el protagonismo que les está dando por toda carrera), otra para el Joker – Bianchi, el ex-equipo de Boasson Hagen (Joachim Bohler, también al sprint en el día en que se atravesaba el terrorífico Afsluitdijk, el paso fluvial más largo de Europa y el dique más grande de Holanda) y una más para el GLS de Vandborg y Jonas Aaen Jörgensen (conseguida, en el prólogo, por otro Jörgensen – Casper -, el cual dio síntomas iniciales de dominación tras arrasar en los escasos cinco kilómetros en Wassenaar).

Por medio quedó la actuación de nuestros chicos: el Orbea continental. La actuación del segundo equipo de la Fundación Euskadi se limitó, en el plano más estrictamente resultadista, a una excelente prestación de Jonathan Castroviejo en el prólogo. Más allá de ahí, los chicos de Álvaro González de Galdeano (algunos de ellos, como Miguel Mínguez, muy justitos aún para disputar una prueba de este nivel con escuadras internacionales) dedicaron la prueba a adquirir experiencia y conocer nuevos aires y estilos competitivos. Sin duda, esta es una actitud necesaria entre nuestros conjuntos pequeños (y no sólo entre los continentales UCI). Pero si hubiese que definir esta carrera, no se podría obviar la mención estelar a los Rabobank. En una carrera dura para estos lares, merecedora de su nombre (Tour de Olimpia), los “RaboBoys” fueron (y sobran los precedentes ya) auténticos titanes.

Escrito por ruedasycuadros

25/05/2008 a 23:20

“No es lo mismo”

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He preferido dejar un ligero lapso de tiempo (obligado, por otra parte) para opinar sobre todo lo acontecido en las dos primeras etapas dolomíticas de este Giro. Ya tenemos lo que mucha gente quería: al fin un español de rosa, desde que Juan Carlos Domínguez y Quique Gutiérrez (¡desdicha fuerte la suya!) vistieran la codiciada prenda en los albores del nuevo milenio, de forma más o menos testimonial. Al fin un español de rosa… con opciones de vestir hasta Milán. Dejando atrás fanáticas divagaciones sobre el paradero de Alberto Contador semanas antes del inicio de la prueba, queda clara constancia de un hecho: el de Pino jamás tuvo opción de llegar al “top” de condición física y mental a esta carrera, pero ya no existen dudas sobre su disposición para ganar este Giro. No es el fino gorrión que volase por encima de sus adversarios en el Peyresourde, pero tampoco es el rabioso mastín, todo coraje y nada de fuerza, que asomó dando chepazos para superar el Puig Major en la Vuelta a Mallorca. Cedió tiempo en ambos días, pero (hablando, ahora sí, en condicional) podría haberlo restado a sus rivales de haber sabido antes todo el percal. Quedarse con uno solo de ellos sería una injusticia, en vista de la cantidad de protagonistas de estas dos jornadas.

Hablar de Emmanuele Sella, vencedor en ambas jornadas, es hacerlo del espíritu de los “Reverboys”, un equipo transformado para este Giro. Salieron de forma pública sin pretensiones para la general, con sólo tres objetivos: etapas, “maglia verde” y espectáculo. Y han cumplido sobradamente. Será imposible que nadie desbanque al pequeño escalador transalpino en el escalafón de los trepadores en esta “corsa rosa”. Tomó el mando en la primera semana, ya en las etapas de Sicilia, y a fé de que no lo soltó. Quedó demostrado por su enorme coraje, su entrega y esa emotividad exhibida en las alegrías y en las penas. Curioso matrimonio el de este classe 1981 con la carrera de sus sueños. La hazaña de los CSF (Pozzovivo, Baliani, Pérez Cuapio, Priamo… acompañan a Emmanuele en la gesta) es sólo comparable a la “campanada” de los Selle Italia en 2005, cuando Iván Parra ganó, precisamente, las dos etapas dolomíticas de la carrera (la de Ortisei, casi calcada a la de hoy salvo el final, y la de Livigno, con las ascensiones al Stelvio y el Foscagno), y Rujano fue tercero en la general (¿han conseguido realmente los “frailes” centrar a la “pulga” venezolana?). Dos triunfos los cuales, además, han hecho mella en el sentido de que los tiempos de ascensión final de Sella en ambos parciales son iguales o superiores a los de los favoritos. Decididamente, este joven al fin ha encontrado su hueco en la leyenda. El que empezó a trabajarse en Cesena hace cuatro años.

Ninguno de los favoritos sobresalió sobre el resto en ambos envites. Sólo Riccardo Riccò exhibió fuerzas y convicción la pasada tarde en la Marmolada. Ahora deberá ganar el Giro. Es su momento. Le sobra la crono de Milán, y le faltan compañeros. O mejor dicho: le falta Piepoli. El de Puglia se quedó en la cuneta bajando Falzarego, atendido con mimo y finura por un asistente de Quick·Step. ¿Será este el último Giro del “calvito”? Difícilmente lo sea: él, Noè y Cuesta son de esos pocos que dan la impresión de aguantar “ad infinitum”. Di Luca fue inteligente, pero le faltó reprís. Otro tanto para Simoni, en plan “brikindans” (de “alante” hacia atrás) y con la sensación de que los dos minutos sobre Contador no se rebañen ni a tornillazos. Menchov subió Val di Fiemme y Fedaia como un auténtico “hombre-Tour”, pero no parece el hombre destinado a abrir diferencias como un escalador puro. Nunca lo fue el pamplonica de Orel. Pellizotti tiene una valentía extraordinaria; es el primero en lanzarse a lo desconocido, pero nunca acaba de rematar la faena. Y la sorpresa de este Giro es Jurgen van den Broeck, o más bien todo el Silence. El belga no tiene miedo a tragar aire (es la antítesis de su líder de equipo, al menos hasta la “versión 2007″ de Cadel Evans). Aún es joven para mejorar, y tiene chispa y arrojo. Su jovencísimo compañero, el “neo” Francis de Greef (buenas referencias como escalador desde su etapa en el Davitamon continental, filial flamenco del Team Sergeant), ha sido decimosexto en la etapa del domingo. A menos de veinte segundos de “Superman” Iglinskiy”. Por delante de Voigt (fugado), de Szmyd, del mismísimo Klöden (Astana hizo aguas hoy, en comparación con lo que se esperaba). Y aún le queda mucho por mejorar. No es un Andy Schleck, pero puede ser un corredor más que interesante.

Desde luego, nada ha sido como en la prueba del año pasado. Allí, los roles estaban definidos, la lucha pronto se aclaró y los bloques atacaban en masa. Aquí también están definidos (habrá que ver cómo queda todo tras la cronoescalada al Kronplatz de mañana), la lucha no se aclara (siete hombres en menos de dos minutos) y los bloques atacan en masa (mas no Saunier, sino CSF). Como decía Alejandro Sanz, “no es lo mismo”.

Escrito por ruedasycuadros

22/05/2008 a 22:33

Es la punta del iceberg

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“En ocasiones veo muertos”, como Haley Joel Osment en “El Sexto Sentido”. Aquellos chavales que celebraban como una pandilla de alevines su título “in extremis” en la última edición de la “Grandísima”, arrebatando el maillot amarillo a Cândido Barbosa y colocándoselo en las espaldas del catalán Xavi Tondo, manteando a su capitán como si fuese el entrenador de un campeón de liga de fútbol, eran un equipo de “tapados”, una escuadra de hombres muy destacados sin un verdadero referente ni un brillo cegador entre el pelotón luso. Como el propio Tondo, como el ex-campeón nacional Bruno Pires, como el ganador en Algarve 2006 João Cabreira. Las incorporaciones de 2008 y el traslado de la sede desde Maia hasta Póvoa de Varzím, lejos de llevarles a una involución coyuntural, les hizo campar por sus respetos sin oposición en el calendario portugués… y también en el español. Tripletes en Asturias y en Paredes, como perfecta coronación antes de la parte importante del año, la que inicia el Correios, matiza el Agostinho y culmina la Volta.

Por desgracia, el Diablo se ha cobrado su parte del trato: primero se lleva la estabilidad emocional del equipo, y, en segunda instancia, los lleva de golpe nuevamente a la “tierra”. Y quién sabe si más profundo. El sponsor principal acaba de anunciar la retirada de su parocinio, de forma fulminante y sin esperar a ulteriores aclaraciones. No diré que la redada policial al LA – MSS fuese algo que entrase, al menos para mí, dentro de lo esperado. Ni de lejos. Como firme defensor del espíritu ilustrado, creo en la bondad natural con convicción casi infantil. Aunque, sumidos en la reflexión posterior a la noticia, he de decir que este golpe al (hasta ahora) equipo más potente del circuito luso entra dentro de la lógica. Ocurre en Portugal, un país que se preocupa por el espectáculo y no por los escándalos. El dopaje es una cultura que no se persigue de la misma forma que en Alemania, donde se sigue casi a modo de “cruzada”. Y cuando una de estas redadas ocurre, los resultados acaban saliendo a la luz.

Aunque algo parece claro: detrás de todo esto, está Manuel Zeferino. El precedente del Maia 2003 sólo tiene dos puntos en común con este, pero le colocan directamente en el disparadero. Auténticas exhibiciones en la carretera, y su presencia al volante como máximo responsable. En aquel caso, tres positivos; en este, hormona de crecimiento en las casas de varios integrantes del grupo. Hay diez personas implicadas. Cinco de ellos son ciclistas; otros cinco, miembros del staff. Más allá de eso, sólo se sabe una cosa: los últimos resultados podrían estar influidos por estas “ayudas”. Y el inicio de esta redada es precisamente eso: la punta del iceberg. Quedarán aún muchos detalles por conocer. Los Zaballa o Vicioso deben sentirse como cristianos en tiempos del Imperio: perseguidos a sol y a sombra. Cuando creían que encontrarían la tranquilidad para competir en Portugal, después de verse perseguidos y defenestrados en España, les llega una situación que (muy seguramente) conocían y esperaban. Sólo pido una cosa: que se respete la identidad del equipo y la de los ciclistas hasta que todo se destape. Todo el mundo puede lanzarse ahora con elucubraciones baratas. Pero sólo contribuirán a contravenir dicho aspecto.

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Para colmo de males, mañana mismo (“mismo” por decir algo) se falla el “caso Mayo”. Con un retraso tremendo sobre otros “affaires”, según los designios tan caprichosos de la UCI, en su informal pero sibilina alianza con el TAS. El abogado de Mayo, José Rodríguez, es optimista pero a la vez muy crítico. El de Igorre, otro tanto. Mas no se imagina corriendo en un ProTeam si es absuelto. Esperemos, por su bien y el del ciclismo vasco, que se arregle por fin este entuerto. Y que recaigan responsabilidades sobre quien corresponda. Sea quien sea. Igual que debió ocurrir con Guidi.

Escrito por ruedasycuadros

20/05/2008 a 22:07

“Trent’anni fa”

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En la pequeña localidad de Meensel-Kiezegem, en tierra de mantas y tapices, en la verde región del Brabante flamenco, nació un joven destinado a dinamitar todas las cotas de grandeza del ciclismo mundial. Más allá de los innumerables (en el sentido más literal de la palabra) éxitos logrados por Eddy Merckx (1945), prevalecía la figura de un deportista no excesivamente dotado para la actividad física, pero con una capacidad de sufrimiento y un ahínco y ambición absolutamente alejados de los baremos normales. De hecho, antes de ser ciclista probó en el boxeo, un deporte con tantas exigencias de fuerza como las que luego desplegaría, con sus otras dos extremidades, el llamado “Ogro de Tervueren”. Crecido en una familia de clase media y dotado de los medios estrictamente necesarios para vivir, pronto asombró a propios y extraños logrando la victoria en el Campeonato del Mundo para aficionados de 1964, siendo aún poco más que un chaval, en la localidad alpina de Sallanches, en un circuito altamente selectivo donde, sólo dieciséis años después, Bernard Hinault lograría la victoria de mayor prestigio jamás obtenida en un Mundial de ruta. Seguidor como “rey” del fondo de los Coppi o Bahamontes, en una verdadera “Edad de Oro” del ciclismo en la que las figuras de altísimo nivel se contaban por decenas, en contraste con la actualidad, donde pocos podrían igualar el protagonismo y cualidades de los grandes de los ‘70. Los registros oficiales nos dejan uan cifra: la de sus 525 triunfos como profesional, cifra casi imposible de rebasar.

Cada gran prueba internacional fue dominada por el “Caníbal”; ninguna quedaba fuera de su dominio. En la Milán – San Remo, la primera clásica de gran prestigio que ganó y la última en la que pudo imponer su supremacía, con más de una década de distancia entre sus siete triunfos, Merckx encontró un terreno perfecto para poner al pelotón “patas arriba” y vencer al sprint a “puñetazos” de fuerza. En las grandes clásicas del Norte, donde él había crecido, Eddy encontró la resistencia, el fondo necesario para apartar de su camino a los rivales en cuando el firme se volvía agrietado y pedregoso. En las grandes vueltas por etapas veía realizada su ilusión de escalar montañas como los ángeles y disputar metas volantes a los sprinters más fortachones. Famosa y prominente en la historia del ciclismo mundial fue su primera gran victoria en el Tour de Francia: la meta de Mourenx fue escenario final de su primera gran exhibición en la “Grande Boucle”, atacando en el descenso del Tourmalet, a más de 120 kilómetros de la meta, y aumentando la ventaja sobre sus desesperados rivales hasta alcanzar la llegada con más de ocho minutos de ventaja. Años antes, protagonizaría una de las más grandes exhibiciones de la historia de los Mundiales (de profesionales, claro está). Dicha victoria fue condición indispensable para su tempranero paso a profesionales, justo al año siguiente. Su régimen de entrenamientos era absolutamente “estajanovista”; de hecho, en su época de aficionados culpaba a su padre de las miserias y derrotas, por no permitirle entrenar más de lo debido. En las doce temporadas que Merckx pasó como profesional, dominó, casi en su totalidad, el calendario internacional ante una competencia aún más dura que la que experimentaron los que le sucedieron como justicieros del ciclismo mundial.

Pero fue en la Lieja – Bastoña – Lieja, una prueba hecha a su medida, donde desarrollaba su carácter en estado puro: sentado sobre las cotas, casi dejando surco en las carreteras del este de Valonia, para luego imprimir el mejor ritmo de depredador en los valles y descensos. Y aún encontraba tiempo, cuando el resto de sus competidores se refugiaban bajo el crepitar de una buena chimenea, para luchar por el mismísimo Giro de Lombardia, en las postrimerías del mes de Octubre. En algunas temporadas, Merckx lograba el triunfo en casi la mitad de las etapas en que participaba. Y sus múltiples récords (entre ellos, el de ser el primer ciclista en lograr, en tres ocasiones, el doblete Giro-Tour; o ser el único capaz de ganar los cinco “monumentos” del calendario -San Remo, Flandes, Roubaix, Lieja y Lombardía- más de una vez cada uno) quedarán por siempre jamás en los libros de historia.

Sin embargo, todo pudo haberse llegado a torcer, antes de que Merckx alcanzase su más absoluto esplendor, en el año 1969. En una prueba de pista “tras moto” celebrada en el velódromo de Blois, al suroeste de París, a finales del verano, el ciclomotor que marcaba el ritmo de otro corredor cayó al suelo junto con su acompañante, interponiéndose en la marcha del “tren” de Merckx y obligando a ambos a caer. La muerte casi instantánea del motorista contrastó con las múltiples heridas de Merckx, la más importante de las cuales le causó la fractura de una vértebra y una fisura en la pelvis, las cuales hacían que la escalada, por ser en pendiente y perjudicar así la espalda, fuese un ejercicio de extremo sufrimiento. Esto limitó, en cierto modo, el amplísimo legado del “Caníbal”, pero no impidió que siguiese sumando una cantidad impresionante de títulos a su palmarés.

Merckx no fue ajeno a otros percances, en forma de positivos (uno de ellos le privó de haber ganado otro Giro de Italia), incidentes desafortunados con aficionados (como cuando uno de ellos, subiendo el Puy-de-Dôme en el Tour 1975, le golpeó en la boca del estómago, casi forzándole a la retirada antes de perder aquella carrera con el francés Bernard Thévenet) o rivales encarnizados, cada vez más fuertes y numerosos con el paso del tiempo (sobre todo en el caso de los españoles, con el ejemplo claro del “conquense de Mont-Marsan” Luis Ocaña, el único capaz de superar a un Merckx en plenitud en un Tour de Francia, justo cuando parecía claro que éste podría lograr su quinto triunfo consecutivo en la ronda gala en 1973). Resumir de forma cronologica la carrera del mejor ciclista de todos los tiempos es imposible sin tener en cuenta todos estos aspectos. Mas, entre todos ellos, sobresale uno: el miedo al fallo, la necesidad de perfección de un ciclista de gran olfato para los triunfos, que jamás perdería noción, por pavor al mismo, del insoportable olor de la derrota. Sirva este pequeño texto como mi homenaje a Eddy Merckx, quien tal día como hoy, 20 de Mayo, anunció hace tres décadas su retiro. Que su huella anime al ciclismo a regresar a su esencia: un deporte no de funcionarios de sillín, sino de esforzados apasionados de la bici.

Escrito por ruedasycuadros

20/05/2008 a 09:18

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