Archivo para Julio 2008
Cuestionados, cuestionables (II)
A pesar de que en Astana todo va sobre ruedas y las últimas carreras les están dejando resultados dignísimos (Gusev rozó el triunfo final en Austria sobre el joven Rohregger antes de ser expulsado del equipo; Ivanov ganó ayer el Tour de Valonia” in extremis” ante Van Avermaet), el equipo de Johan Bruyneel tiene varios “borrones” en cartera que no están dando el rendimiento esperado. Tres ciclistas están rindiendo por debajo del nivel general: dos veteranos (Chris Horner y Sergei Yakovlev) y un jovencito: Julien Mazet.
Chris Horner: ¿dónde está más a gusto?
El caso de Chris “Clearwater” Horner (1971) es flagrante: se está dedicando a todo, menos a rendir en Europa en la forma en que lo ha hecho en los últimos tres años. Después de toda una vida disputando carreras en América con lo más granado del ciclismo de las “barras y estrellas” (previo paso, eso sí, por un Française des Jeux en el que no apuntó lo que luego lograría con mayor veteranía; la contemplan, en cualquier caso, un Tour de Langkawi y una Vuelta a Georgia, entre otros logros), además de colaboraciones con equipo canadienses como el Webcor del que salió (y luego no eclosionó) Charles Dionne, pasó a Saunier Duval con éste para cuajar buenos resultados en carreras de una semana, en las clásicas de las Ardenas (ya con Davitamon, donde permaneció otros dos años), una magnífica victoria bajo la lluvia en la emboscada de Porrentruy del Tour de Romandía 2006 (superando a Moos y Jaksche, y una labor de equipo fundamental para Cadel Evans en los dos años en los que acompañó al “aussie” por Tours y alguna que otra Vuelta.
Sin embargo, desde que clausuró su contrato con el equipo de Marc Sergeant no se ha centrado en seguir aportando cosas a los 37, hecho que nos puede llevar a pensar en una retirada permanente y definitiva del ciclismo europeo. Firmó con un conjunto pequeño (el Ed Krall) durante el invierno de 2007 para correr la aguerrida temporada americana de ciclocross, para luego aprovechar esa forma física añadida y ser séptimo en California, ya con Astana… y nada más se supo. Sin presencia en carrera y alternando sus actividades contractuales con el equipo de Bruyneel, ha mezclado una octava posición en la crono de Orio de la Vuelta al País Vasco con notables decepciones en Cataluña (se metió en algún spritn peor no aprovechó un terreno favorable para sus condiciones), Bélgica (abandono en la primera etapa) o Dauphiné (no salió en la crono que ganó Valverde), sin haber disputado el Giro ni carreras completas desde Junio en el Viejo Continente. Por contra, se ha dedicado a remolcar corredores con bicis rotas en la Cascade Classic, a la que acudió con su amigo Levi Leipheimer, y en América ha logrado su único triunfo en circuito durante el Tour de White Rock. Debo decir que el “refrito Horner” de los últimos años me parecía mejor que el actual.
Sergei Yakovlev: el hijo pobre de la “raza kazaja”
Sergei Yakovlev (1976) lleva viviendo de las rentas de su “casi-triunfo” en la etapa de Peschici del Giro 2006, y de su condición de kazajo en equipo kazajo, desde hace ya demasiado tiempo. Con el octavo puesto en la Vuelta a Sajonia de 2007 como mejor resultado desde hace doce meses, no se puede decir que “Yako” arrastre un buen currículum en los tiempos más recientes. Apenas ha reconducido su situación alguna buena ascensión en la Vuelta a Suiza y estando en los mejores en el Tour de Valonia, una auténtica clásica de primavera en cinco tramos. No obstante, se le ve perdido de ese instinto para pelear fugas y hacer valer su
carácter de “passista” como lo hacía en T-Mobile o en las primeras temporadas con Astana. Como diría Bruyneel: ¿ha llegado la hora de hacer “renovatie”?
Julien Mazet: otro escalador francés sin suerte
Julien Mazet (1981) tiene en peligro no sólo su credibilidad: ¡también su puesto de trabajo! Con fin de contrato esta misma temporada, el ciclista francés llego a la estructura de Astana avalado por una buena impresión general como escalador en el modestísimo Auber parisino, pero su resultados de bisoñez en territorio francés no han tenido continuidad en el calendario internacional, y su club de fans hace mucho que no puede agitar pancartas como lo hacía en las carreras galas, donde Julien era un auténtico “puestómetro humano” (siempre cerca de la victoria, pero sin fortuna). Ahora, su mejor aportación para el equipo de Johan Bruyneel durante la temporada ha sido un top-25 en la Vuelta a Austria, apoyando al ahora defenestrado Gusev; en aportación individual, apenas un par de fugas en el Ster Elektrotoer adornan, como únicas muescas, su lista de logros en 2008. En una entrevista que concedió, hace menos de una semana, al portal de Velo-Club, comentaba que su calendario para este final de temporada constaría, en su mayoría, de carreras francesas como París – Corrèze, Tour de l’Ain, Tour du Limousin y (quizás) Plouay, pero que su ilusión por disputar la Vuelta para ayudar a Alberto Contador chocaba con la falta de plazas para incluir a todos los ibéricos del grupo (los españoles más Paulinho). Más allá de todo ello… la eternidad. Según Mazet, la continuidad o no del Crédit Agricole podía hacer tambalear su posición como ciclista profesional. Pero debería pensar que “el que no llora, no mama”, y que las nóminas no se regalan. ¿Dio demasiado pronto su paso definitivo a la primera línea mundial? Nunca lo sabremos.
Los fantasmas acosan Portugal

No sólo aquí vivimos a todas horas con la sombra del doping detrás de la oreja. Durante las últimas 48 horas he tenido la ocasión de asistir a sucesos bastante insólitos, aunque lógicos dentro de la situación a la que se enfrenta el ciclismo luso. Conocerán perfectamente la reciente exclusión, decretada en términos legales y judiciales, de LA – MSS en la próxima Volta a Portugal, cuyo largo camino arranca el próximo 14 de agosto. Ante tal negativa a poder participar en pruebas portuguesas (se extiende ya desde el GP Paredes, a mediados de mayo, pero afecta sólo a los corredores registrados y al calendario portugués, lo que no les coarta para correr en pruebas como la pasada Vuelta a Madrid o la reciente Clásica de Ordizia, disputada hace una semana con la victoria de Vladimir Karpets. Sobre esta situación se pronunció hace muy pocas horas, en una interesante entrevista de la web-revelación Biciciclismo, un estandarte de la Operación Puerto, el hombre que estuvo a punto de mojar la oreja a todos los ProTour por primera vez antes de que Gustavo César Veloso se reservase tal dudoso honor en la pasada Volta. Ángel Vicioso aporta aquí algunos detalles sobre la situación del equipo y sus expectativas de futuro, en una entrevista que recomiendo lean.
Pero no es esto lo que nos compete ahora mismo. Durante lo que llevamos la semana se ha desatado la polémica en el otrora prestigioso blog de habla portuguesa VeloLuso, llevado fundamentalmente por el periodista lisboeta Manuel José Madeira (con alguna que otra colaboración puntual), que combina información de primera mano sobre los equipos de nuestro país vecino con tratados institucionales, conversaciones privadas, torbellinos de ideas o parodias en las que no deja títere con cabeza. Este lunes anunció una auténtica “bomba”: ante la entonces probabilísima noticia de que el LA – MSS no podría correr la “Grandísima”, él estaba dispuesto a hacer saltar los cimientos de la organización de la Volta. Además de reclamar (en un post que aún permanece en el espacio) la presencia de LA – MSS en la carrera, anunció tener en sus manos la información exacta (además de una fuente fidedigna) sobre un positivo incubierto en una analítica realizada a alguno de los capitanes de ruta del Benfica, el equipo de Orlando Rodrigues al que pertenecen los Barbosa, Rubén Plaza o un José Azevedo a punto de retirarse. Se da la casualidad de que Lagos Bike es una de las entidades colaboradoras principales de la Volta. Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, las altas instancias, además de la fuente, le han obligado a silencia lo que hubiese supuesto un nuevo escándalo en el ciclismo luso. En lugar de los posts donde se anunciaba la supuesta “fechoría” (si se le puede llamar así), ahora se puede encontrar (como aparece en la figura superior) una imagen con el logo de Lagos Bike, junto al de la organizadora PAD, en blanco y negro y puestos del revés, como una cruz invertida simbolizando a Satán. No se puede decir, por tanto, que el tal Madeira fuera de farol… ni que los chicos de Benfica vayan precisamente a pan y agua. Si McQuaid nos calificaba como la “última frontera del dopaje”, creo que nuestros vecinos lusos van a empezar a construir un muro como el de Berlín en asuntos sanguíneos; hay mucho fantasma suelto acosando Portugal.
Post-scriptum: Riccò va de “Basso II”. Ahora lo reconozco, ahora me río, ahora niego meterme nada, ahora digo que consumí lo que decían en el momento que lo decían… se disculpa de sus fans, echa cuatro lagrimillas, y en julio de 2010 igual lo tenemos en algún ProConti como el de Bruno Reverberi, aclamado por los aficionados y alzado al Séptimo Cielo como cruzado contra la droga. Cosa fai, Riccardo?
Siempre Rabobank

Discúlpenme el exabrupto, pero la situación lo merece. Está la cosa como para poner cara de espanto, así, como Menchov en la foto. Si cierta cadena privada española que Da Pena 3 veces se descuelga hoy con los aspectos más sórdidos de la realidad a través de su próxima superproducción (sic), los de la tele holandesa NOS perfectamente podrían preparar un serial de varias temporadas con lo que se está cociendo en Rabobank. A pesar de que me acabase equivocando con Thomas Dekker, ese intento de superestrella mal guiada por el entorno, que ha estado patético en todos sus resultados después de Romandía por una extraña enfermedad (o lo que fuere), no puedo negar que ya apunté el “estado de sitio” al que están llevando Harold Knebel, nuevo en su ocupación de manager desde marzo tras no haber ejercido más que como ¡¡director de banca privada de Rabobank!! (porque un equipo ciclista se gestiona igual que un banco: vendemos, compramos, sobreponderamos, y si algo va mal le echamos la culpa al gestor), y toda la sarta de imbéciles que está a cargo del Rabobank, a un equipo que, por sí solo, representa a todo un país por su condición de único referente holandés.
En solo dos días se ha conocido todo lo que viene a continuación: la oferta de Katyusha a Thomas Dekker; el conato de expulsión del holandés del equipo por valores anormales de sangre, ya fuesen por dopaje o por enfermedad (por menos ha echado Astana a Vladimir Gusev y se han colgado la medalla de Mr. Proper con distintivo celeste al mérito droguerístico, en un acto vil y barriobajero encaminado a torpedear el fichaje de Gusev por Katyusha); una serie de declaraciones de Dekker en las que acusa a Rabobank de no haberse preocupado por él desde el Tour de Suiza hasta la Vuelta a Sajonia; la negativa de todas las sospechas y posteriores acciones legales que apuntó el Volkskrant, periódico que desveló la noticia (una especialista en puntapiés a la rodilla, como la Süddeutsche Zeitung, ¿verdad Eufe?); y, lo que es peor: una desorganización bárbara en el equipo, desde la exclusión de Dekker del Tour hasta la responsabilidad colectiva en el éxito de Menchov y repartición de roles. Dekker se ha quejado de lo suyo; Freire ya apuntó anteayer su descontento con el equipo (¿si estás cabreado, por qué coño renuevas? ¿A tí no te sobra la pasta?); a todo esto se han añadido las declaraciones incendiaras, esta tarde también en NOS, de Sebastian Langeveld, quien ha denunciado el desastre organizativo del equipo, la falta de colaboración entre sus miembros y la supuesta ambición de Ten Dam por seguir buscando sus objetivos individuales (¡qué bonito es ser top-20 en el Tour cuando no eres nadie ni estando en Unibet, Laurens!) en vez de apoyar a Menchov.
Ya nada me asusta de este equipo. Ahora: Michael Boogerd debe ser como el santo Job. Viendo a cada perro lamiéndose su miembro, casi escondiendo la mano para que no me vean metiéndola en el pastel, sin trabajo de equipo ni estrategia de equipo ni nada que agrupe a nueve tíos bajo un mismo objetivo, ¡¡hay que tenerlos bien puestos para seguir tirando de tu gente hasta el último Tour como un héroe y no dejarlos tirados, viendo la colaboración que solía tener el dentudo en sus clásicas de primavera!! Todavía estoy esperando que me muestren el análisis positivo por el que se expulsó a Michael Rasmussen, el 25 de julio de 2007 ,de una carrera de la forma en que se hizo, dejando al equipo como el bueno de la película cuando ni siquiera sabes controlar tu redil, y, encima, perdiendo minutas en los tribunales por no tener la razón. Menchov se bajó con toda la razón del mundo en aquel Tour, ¡¡y que salga el guapo que le vino a decir lo contrario, porque, con todo esto, bien calladito se debería estar!! Bien me cuidaría de ser un holandés prometedor como los del GS3 o uno de campanillas con alguna batalla como el ya ex-Rabo Bobbie Traksel: con este percal, yo me cuidaría mucho de fichar por este grupo. Si yo fuera Lars Boom, le haría un poquito la pelota a mi “amado” (otro sic) Sven Nys para que me hiciese un huequito en Landbouwkrediet, no vaya a ser que me pongan pegas también ahora por ganar mundiales de ciclocross. Lo dicho: perdónenme el palabro, pero la “casa de putas” está últimamente a todo gas.
Post-scriptum: para los aficionados de Tour y Vuelta, este artículo de agencia puede no contener errores. Ni cinco líneas y ya estoy con la mandíbula desbocada. ¡Sastre ganando un sprint al inefable Cavendish! Ahora comprendo a ciertos aficionadillos que tratan de defender la posición de Sastre como un top-ten del ciclismo español de siempre. Me encantan estos secretitos de los Reyes Magos que se montan para no convertir este deporte un poquito más en una suerte de wrestling de mala calidad, como si al de mi amigo Fran le quitasen la gracia que tiene por el hecho mismo de ser mexicano. En fin: critériums…
Cuestionados, cuestionables (I)

Durante los próximos días vamos a intentar profundizar en las plantillas de los 18 equipos de la máxima división del calendario internacional para encontrar a los corredores cuyo rendimiento está siendo más ilógico, más alejado de lo que debe exigírsele a un profesional: resultados siempre que su situación física o personal sea la adecuada. Comenzando por los equipos más potentes del calendario, en esta primera entrega nos fijaremos en dos corredores (del Team Columbia y de la Liquigas, respectivamente) cuyo rendimiento está fallando a las expectativas: Vicente Reynès y Enrico Franzoï.
Vicente Reynès: trabajar con alemanes sólo funciona en Mallorca
No sabremos nunca si la marcha de Vicente Reynès (1981) del equipo de Eusebio Unzúe fue por desavenencias con el staff técnico, por falta de buenos resultados o por dinero (lo más probable en la mayoría de los casos). En verdad, el de Deià sólo ha rendido cuando los contratos se le acababan: en 2005, su segundo año en Illes Balears procedente de LA – Pecol, se marcó la temporada de su vida para ganar -en la imagen- una de las etapas recortadas por nieve en la París – Niza (automáticamente se le adjudicó el “status” del nuevo Alfonso Gutiérrez, ante la falta galopante de sprinters en equipos españoles), ser undécimo en la Milán – San Remo y hacer un buen papel de apoyo en las clásicas. Esa tendencia parecía mantenerse en la primavera del 2006, con el nuevo término ya firmado, con buenas apariciones, de nuevo en el inicio de temporada, pero, a partir de ahí, prácticamente desaparece y otros velocistas como JJ Rojas o incluso el ahora desvinculado Alexeï Markov superan claramente al mallorquín. Cuando se vuelve a ver otra vez con al agua al cuello realiza un temporadón en 2007: gana en Cala Bona el segundo trofeo de la Challenge (“mangoneándoselo” al propio Rojas, que celebraba ya), acaba en un impresionante noveno la Milán – San Remo (justo por detrás de Petacchi, y entre la “nata y crema” de los velocistas) y “salva el bigote” con un inesperado éxito en el Circuito de Getxo (en el que no parece que vaya a poder defender título pasado mañana). ¡Y todo ello con cólicos nefríticos (como el de París – Niza) y lesiones de por medio, qué primor!
Con la vitola de sprinter de segundo orden y los ánimos de su esposa, alemana de nacimiento y co-propietaria del bar que ambos regentan en la isla, se marcha a un equipo que acabará convirtiéndose en el estadounidense High Road. Sus resultados son de todo punto lamentables este año: corre vueltas y clásicas ProTour de todos los colores, marcas y precios, pero la única plaza de honor que alcanza es un rácano sexto puesto (penúltimo de los que se jugaron la victoria) en el sprint masivo de Pallejà en la Volta, todo ello tras sólo haber logrado en Neeusen (Alemania) la decimoctava plaza en la Rund um die Braumkohle, en la que ganó un viejo conocido de su ex-equipo: el germano Radochla. Nada en las clásicas, sin presencia en otras carreras y con la impresión de que está más concentrado en poner cañas a los turistas que en volver a su nivel de esos dos “picos” de protagonismo de 2005 y 2007. Se ha pasado el año encabezando (o cerrando) “autobuses” en cuanto veía una tachuela. Por mucho que el staff haya cambiado, parece que trabajar con alemanes como los del Columbia sólo funciona en Mallorca.
Enrico Franzoï: ¿sigue en pretemporada?
Cuando se disputó en Bélgica el mundial de Hooglede-Gits de ciclocross (en enero de 2007), el aún corredor de la Lampre Enrico Franzoï (1982) dejó, una vez más, claro lo que venía anunciando desde el inicio de la temporada invernal en septiembre: correría sólo una temporada más, para marcarse como objetivo el mundial de Treviso 2008, en su tierra, y, a continuación, prestar total atención en la ruta. Esa promesa parece vigente, toda vez que el veneciano fichó por la Liquigas tras varios años logrando triunfos (y también medallas, como su sorprendente bronce en Hooglede tras Erwin Vervecken y Jonny Page) en “ruedas gordas”. El propio equipo de Giuseppe Saronni no estaba muy contento con que Franzoï corriese en ciclocross, con lo que, al tiempo que se alejaba de escuadras no contentas con sus aspitaciones, daba ese paso hacia un equipo de campanillas en la ruta y desechaba los rumores que lo colocaban en Rabobank con el resto de grandes ciclocrossmen (con Boom, ese campeón de casi todo con unas piernas envidiables, a la cabeza para 2008).
Ahora: ¿va a acabar especializándose siquiera en algo Enrico, o, por el contrario, va a abandonar sus buenos contratos y ganancias en CX para quedarse de aguador o de capitán de ruta en algún ProConti italiano? Por de pronto, este año se nos ha perdido aquel Franzoï que dio la campanada, aprovechándose del tremendo calor y la dureza añadida del pavé en la Roubaix 2007, para ser octavo en el año que ganó Stuart O’Grady. Tras una pequeña caída en el Tour de Flandes, donde sufrió un golpe en la rótula (lesión complicada, por otra parte), Franzoï empezó a retrasar todo: el equipo lo ratificó para Roubaix, el veneciano no se presentó, Liquigas lo quiso para las Ardenas pero el de Mestre dio largas al asunto, y su regreso en las clásicas norteamericanas y el Tour de Suiza puede calificarse como todo menos satisfactorio, habida cuenta de la facilidad de Franzoï, por forma adquirida en invierno, para hacer buenos puestos en los sprints y estar presente en las clásicas de pavé previas al tríptico flamenco. ¿Recuperará su imagen (si es que viene) el bueno de Enrico para la Vuelta a España? ¿Arrastrará su “via crucis” particular hasta la próxima temporada invernal? “Vediamo, vediamo…”
Anzà, Columbia y Quick·Step, protagonistas en el “meantime”

Recuperándonos un poco de la resaca que siempre deja una carrera de tres semanas, toca repasar ahora los nombres que han destacado durante las últimas jornadas en este “meantime” o telón de fondo de las grandes carreras, con una multitud de pruebas por etapas que se han disputado entre profesionales durante el último tercio del Tour. Santo Anzà (1980), ciclista italiano de la provincia siciliana de Catania, es uno de ellos; sus peculiares cualidades le llevan a parecerse a hombres como nuestro David Herrero en muchos aspectos, siendo el más importante de ellos su concentración absoluta “stagionale” en una parte muy concreta del calendario. Si el actual ciclista del Karpin Galicia acusaba un mejor estado de forma desde sub23 en su época de éxamenes (esto es, a partir del mes de Mayo), el aún joven atleta de la Diquigiovanni – Androni, llegado al ciclismo italiano en 2004 tras dos años corriendo en el “Landbouwkrediet de oro” de los Monfort, Popovych o Bileka, sólo empieza a carburar en cuanto arranca la segunda parte de la temporada en Italia, desde el Matteotti hasta, incluso, la “Carrera de las Hojas Muertas”, el Giro de Lombardía.
Un auténtico puestómetro humano en las tan numerosas como cotizadas semiclásicas transalpinas de verano, Anzà se ha llevado el Brixia Tour a golpe de coraje y calidad. Potente en la escalada y bastante resultón en los metros finales, el catanese logró lo que se le escapó ante Rebellin en la edición posterior y añadió otra muesca a su cetro: un triunfo sin paliativos en el Passo Maniva -en la imagen-, un habitual de las etapas lombardas del Giro, a más de 1800 metros de altitud. Lo hizo reventando a todos sus rivales, incluso al “scalatore” puro Eddy Ratti, un hombre que sigue vagando por equipos pequeños desde que recalase en el Flanders belga hace ahora cuatro años, y cuyas aptitudes y veteranía merecerían hueco en los Lampre o Liquigas. Anzà fue el más rápido entre los cuatro que (muy entre comillas) le resistieron en la etapa reina del sábado, pero la carrera empezó de forma bastante peculiar: Napolitano ganó el sector matutino de la jornada del miércoles en Orzinuovi con su habitual potencial en “volata”, pero la crono por equipos nocturna en Brescia dio la victoria, contra todo pronóstico, a un Skil – Shimano donde, salvo Clément Lhottelerie, todos sus integrantes forman parte de la “segunda unidad” del equipo de Arend Scheppink. Todo tiene su explicación: los primeros equipos, Skil y NGC, salieron con luz natural y pudieron arriesgar un poco más que los últimos, los más fuertes, que, con alumbrado artificial, no arriesgaron tanto en los virajes del trazado urbano como sus predecesores; así, Yusuke Hatanaka era el sorprendente segundo líder de la prueba antes de las etapas en línea de los cuatro días siguientes.
Al día siguiente, el propio Napolitano buscó la fuga con el veterano Daniele Contrini, antes de pasar el clásico trazado rompepiernas de la provincia de Brescia hasta Toscolano Maderno y ser neutralizados. A pocos kilómetros para el final, con la carrera ya rota, Eddy Ratti anticipó el sprint con una espléndida acción de “finisheur” que le permitió anotar seis segundos sobre el grupo, donde Rebellin entró por delante de Massimo Giunti, capitán de la Miche. Anzà ya era líder por la buena posición del Diquigiovanni (6º) en la crono por equipos, y no cedería el maillot hasta el final. En la jornada siguiente, un ataque decisivo de Gabriele Bosisio en los últimos 400 metros de subida hasta Borno le permitió cobrar una ligera ventaja en meta para lograr su primer triunfo después del sonado éxito del Giro de Italia. El “tricolore” Filippo Simeoni daba paso tras de sí a un sorprendente Marco Cattaneo (un caso similar a Bucciero, de “ascensor” entre aficionados y profesionales), mientras que Anzà llegaba a 7” de Bosisio, con Visconti liderando el grueso. La victoria de Anzà en el Maniva, en una pelea cerrada contra la LPR, con Savoldelli trabajando para Pidgornyy (líder “de facto”, pero cortado al final) y Bosisio, dejaba cerrada una carrera en la que Francesco Gavazzi se llevaba la última etapa al sprint como mero trámite. Un apunte: Franco Pellizotti, convocado para la “nazionale” en Pekín, está poco menos que arrastrándose; visto el nivel del reserva, Nibali, absolutamente reventado en el Giro, los apoyos de Bettini para la cita olímpica pueden ser preocupantes si no se organizan bien (los dos chicos del Liquigas seguramente asimilarían más fácil su condición de gregarios).

En otro orden de cosas, la Vuelta a Sajonia supuso un auténtico festival para el Team Columbia, en una carrera donde sólo CSC y la brillante selección británica (de la que hablamos hace unos días en relación al equipo 100%ME) pudieron robar cota de protagonismo al equipo de Bob Stapleton. De las cinco etapas de la carrera, dos fueron a parar a manos de André Greipel, un hombre que sigue sumando triunfos (ya está en 10 este año, contando la Down Under Classic, no-UCI, y la general del “Tour de las Antípodas”) con mucha regularidad ante la oposición única de los equipos de habla germana o algunos ataques desesperados (como el de Pedro Horrillo, rozando el triunfo a lo “finisheur” en el estilo en que se llevó victoria hace tres años en la Volta a Catalunya), y el más importante, la crono de Grossenhain y que, a la postre, decidió la carrera, quedó en manos de todo un especialista: Bert Grabsch, ganador el año pasado de la larguísima crono de Zaragoza en la Vuelta a España, que aventajó en tiempo a sus compañeros Michael Rogers (quien estuvo a punto de llevarse la carrera al colarse en el corte de nueve de la segunda etapa, con final en Frohburg, que coronó al “Brit” Dean Downing) y el joven Tony Martin, con una temporada hasta ahora inmensa. El circuito final de Dresden, ayer domingo, posibilitó con sus repechos una pequeña fuga, en la que Karsten Kroon (CSC) fue el más fuerte, después de una “temporada de primavera” en la que estuvo muy por debajo de su nivel (41º en Flandes, 17º en Lieja y sólo 9º en “su” Amstel). De los nuestros, Diego Milán fue el más destacado, con varias plazas entre los diez primeros y una buena posición en la general (12ª) hasta la contrarreloj; el albaceteño de Acqua e Sapone al fin está encontrando su desquite durante este 2008, ante la negativa de oportunidades en territorio español, quizás por su “turbio” pasado en amateurs. La nota negativa la puso Thomas Dekker, 20º como mejor resultado en la crono; un acierto de Breukink finalmente no llevarle.

Por último, en Bélgica, donde se recuperan tras un mes de “parate” con la Halle-Ingooigem como última prueba profesional a finales de junio, se disputa el Tour de Valonia, llamado hasta hace un par de años simplemente como Tour de la Región Valona, para distinguirlo así del Gran Premio que se corría (y se corre) en Septiembre en una carrera bastante dura con final en la preciosa Ciudadela de Namur. Hasta allí llegó ayer la carrera en su segunda etapa, con un Paolo Bettini desatado y en plena condición física. Después de ganar el Matteotti, nadie, ni siquiera el jovencísimo belga Greg Van Avermaet, segundo tras Devolder en la Vuelta a Bélgica y ya nuevo líder, pudo batirle en un “uphill sprint” con mayúsculas. 24 horas antes, el ex-campeón mundial Tom Boonen seguía cerrando bocas con su tercer sprint ganado tras el “affaire” del mes de junio con su positivo fuera de competición por cocaína. La carrera, con un repecho detrás de otro a través de las Ardenas valonas, terminará el miércoles.
El Tour de Francia 2008, en imágenes

Este Tour de Francia ha sido una carrera tan entretenida como convulsa. Con lo mejor y lo peor, siempre es agradable repasar una recopilación de las imágenes captadas por los mejores fotógrafos acreditados (Graham Watson, Cor Vos, Roberto Bettini, Sirotti). Están las más significativas, pero también las más curiosas, las más divertidas y (por qué no) las más polémicas. Pasen y vean.
Juicio al Tour: análisis global

Toca, como hicimos hace ahora dos meses en el Giro de Italia, repasar todo lo acontecido en la “Grande Boucle” y analizar triunfadores, desparrames y errores de apreciación del propio “blogger”. La segunda grande de este año nos ha dejado un espectáculo tan atractivo como bochornoso en determinados momentos, por la lacra del doping y la presencia de actitiudes demasiado desgradables en carrera. El recorrido, criticado en su momento por sus peculiaridades y por falta de dureza en la primera parte de la ronda gala, se ha revelado al final como bastante digno aunque muy dependiente de las cronos, muy probablemente por la actitud en carrera de los hombres fuertes, que sólo han ganado una etapa entre los siete primeros clasificados. Así pues, el “parcours” ha sido punto determinante de un brindis a la locura, como la que nos dejaron las etapas del Macizo Central, el gran éxito de este Tour 2008 por su idílica situación en la primera semana. En cualquier caso, en parte por el recorrido y también por los conformismos desmedidos (Sastre o Cunego quedan aquí aparte), las diferencias se mantuvieron apretadas hasta el penúltimo día de carrera y pocos podrán criticar la igualdad y competitividad de un Tour, en cualquier caso, poco brillante y de nivel mediocre. Basándonos en los juicios y análisis que emitimos antes del inicio del Tour, vamos a echarle un ojo a la actuación real de todos los implicados en esta fiesta del deporte. Aquí comienza nuestro “Juicio al Tour”.
1. AG2R La Mondiale: Los chicos de Vincent Lavenu han completado un Tour muy por encima de las expectativas, probablemente el más afortunado entre todos los equipos franceses, colándose siempre en fugas importantes o mostrando un buen compromiso en carrera, hasta que el triunfo que a Elmiger (por
Arvesen, en Foix) o a Arrieta (por Gerrans y Egoi, en Pratonevoso) se les negó, llegó de la mano de un Dessel que bien puede recordarnos a aquel que ganó Tour Med y fue sexto en la “Grande Boucle” en el año 2006. La enorme incisividad del veterano galo en la etapa de Jausiers, final suicida incluido, fue el punto culminante de una carrera en la que contaron con gente muy sólida en la montaña (sobre todo en L’Alpe d’Huez, donde Valjavec, Goubert y Efimkin estuvieron casi siempre con los mejores) y llegaron a ocupar dos posiciones entre los diez primeros de la general, que acabaron quedándose en una sola: el meritorio décimo puesto del esloveno Tadej Valjavec. Probablemente, incluso se lleven una segunda etapa con Efimkin en Bagnères-de-Bigorre, si finalmente se confirma el positivo por CERA de Riccardo Riccò. La de cal, entre las sorpresa más agradables, la dio Christophe Riblon, con buenas cronos dada su condición de pistard; la de arena, Gadret, abandono en la etapa de Aurillac.
Nota general al equipo: 8. Han dado una sensación de gran solidez; han completado la carrera que no pudieron culminar hace dos años con aquel bloque que, sobre el papel, era muy superior (a Moreau y Dessel se unía el luego expulsado Mancebo).
2. Agritubel: Como caído del cielo les llegó aquel efímero maillot amarillo, el primero y único que ha vestido este equipo fundado hace sólo cuatro años sobre los cimientos de otros equipos desaparecidos como el RAGT, tras ser segundos en Nantes con un Romain Feillu que sigue confirmándose como uno de los mejores ciclistas franceses. Las buenas actuaciones del joven galo quedaron empañadas por una impresión general en la que influyó el abandono, ya sea por problemas de espalda o por filtración de valores anormales, de Christophe Moreau en la etapa de Aurillac. Sorprendieron gratamente los progresos del debutante David Lelay, metido en varias fugas sin ningún miedo y aportando siempre en carrera, y las buenas actuaciones (en momentos concretos) de Nicolas Vogondy o Eduardo Gonzalo en la montaña. Lo más doloroso, claramente, fue el abandono del jefe de filas, y en cierto modo se debe medir todo lo ocurrido en torno al equipo de Fornes en base a eso.
Nota general al equipo: 6,5. Fueron líderes, rozaron la victoria en varias etapas y ofrecieron su mejor cara del año ante la cita más esperada. Simplemente bien.
3. Barloworld: Luces y sombras para un equipo cuya aparición en este Tour puede ser la última en un tiempo, si los criterios éticos de ASO se aplicaran con la misma severidad en todos los casos similares. Después de la caída de Soler, emergía la figura salvadora de un Dueñas destinado a salvar con sus actuaciones en montaña el honor del equipo de Corti, a tenor de sus resultados en el Macizo Central y el primer bloque pirenaico de alta montaña; sin embargo, su positivo posterior y las numerosas caídas (ciertas o no) de varios de sus hombres en los días posteriores al fatal anuncio llevaron a los jóvenes a tener que coger el mando de la situación… ¡y de qué manera! John-Lee Augustyn (gran final de subida entre los fugados a la mítica Bonette, en su primer gran presentación internacional) y Chris Froome (fantásticas cronos individuales para el joven británico nacido en Kenia) han acabado siendo los más destacados de un conjunto que también rozó la gloria en aquella fuga consentida de Nantes con Paolo Longo Borghini. Cooke aportó (hasta su abandono) la cuota de protagonismo del equipo en los sprints, mientras que Cheula demostró por qué es considerado uno de los más combativos del pelotón italiano.
Nota general al equipo: 6. Tenían equipo para mucho más pero las vicisitudes de carrera les dejaron el “chiringuito” un tanto desolado.
4. Bouygues Télecom: En el segundo día de descanso, Jean-René Bernaudeau dejó entrever su enfado por cómo salían las cosas cada año en el Tour de Francia, una carrera en la que sólo habían logrado un triunfo parcial en cinco participaciones. Esa imagen de imposibilidad para convertir las opciones en triunfos reales se ha vuelto a manifestar en un bloque que luchó y luchó con sus mejores armas, peor nunca encontró la oportunidad adecuada para meterse en carrera o estuvo desaparecido en los días que realmente importaba. Aun así, no se puede negar la combatividad de los Voeckler, Pineau o Fédrigo. Falló esta vez Tschopp, quien no puedo estar metido en fugas de alta montaña como la que protagonizó con Kirchen el año pasado en el Port de Balès; otro tanto para Clement, justito en las dos cronos. La sorpresa más agradable fue el rendimiento durante la primera semana de Yuri Trofimov, quien, si al final se decide por dedicar todo su tiempo a la ruta en detrimento del mountain-bike, puede ser un profesional más que decente.
Nota general al equipo: 4,5. No se puede vivir sólo de la lucha si los resultados no llegan. Muy discretos.
5. Caisse d’Epargne: Muchos hemos perdido la razón con este equipo al considerar que sus estrategias de bloque en la primera semana eran lógicas, y que se mantendrían durante el resto del Tour para culminar con un gran resultado en la general de Alejandro Valverde. Corredores como Portal o Coyot sobreactuaban, en una vorágine de “buen juego”, con un halo casi de misticismo. Sin embargo, el desgraciado abandono de Pereiro actuó como un “salvese quien pueda”, y la imagen de conjunto que Caisse d’Epargne ofreció en el Macizo Central y los Pirineos, mención aparte de los dos triunfos parciales para Valverde y Luis León Sánchez, se diluyó completamente en la tercera semana. Arroyo y David López se quedaban hasta en los puentes, Chente ya no es ni era lo que fue en los últimos años y el propio Luis León no destacó en exceso fuera de su etapón en Aurillac. Les dolió perder a un hombre en tanta forma como Pereiro, y Valverde demostró, una vez más, que no puede (ni podrá) con esta carrera tan poco generosa con los esforzados que tienen un mal día; también tiene su parte de inculpación en el “desastre”, al haber gastado demasiadas fuerzas en la primera semana (pero las victorias y los buenos puestos se quedarán ahí, todo hay que decirlo).
Nota general al equipo: 5 “pelao”. Claramente de más a menos. Falló el líder y se quedaron sin el “segundo espada”. Lo peor de todo es que ahora ya nadie de los “no entendidos” se acordará del fantástico año de Valverde: Murcia, podio en Amstel, Lieja, Dauphiné y Campeonato de España.
6. Cofidis: Cuando la carrera iba aburrida, ahí estaba un Cofidis. Los chicos de Eric Boyer han sido la salsa de la carrera, y sus dos etapas pudieron haber sido más de ponerse un poquito la suerte de su lado. Todos los corredores (salvo Duclos-Lassalle, desafortunado con su caída en la primera etapa) han aportado cosas muy interesantes: Sylvain Chavanel, a cierre de este “Juicio” el ya coronado como súper-combativo del Tour, logró al final su triunfo de etapa en la prueba más querida, antes de hacer las maletas rumbo al poderoso Quick·Step; “Sammy” Dumoulin ganó en Nantes y tuvo opciones de más triunfos y aún mayor brillantez; Moinard estuvo a punto de ganar en Foix y terminó la general en un inesperado 15º puesto; Duque sorprendió por su tremenda versatilidad y regularidad, y hombres como Moncoutié, Brard o Augé estuvieron a la altura de las cinrcunstancias, colándose siempre en fugas de mucho nivel. Monfort se mostró bastante regular en su primera gran vuelta con opciones serias, y será un hombre a seguir en el futuro con cierto optimismo.
Nota general al equipo: 8. Para el equipo que desplazaron al Tour, han estado realmente soberbios.
7. Crédit Agricole: William Bonnet, Alexandre Botcharov, Jimmy Engoulvent, Dimitri Fofonov, Simon Gerrans, Thor Hushovd, Christophe Le Mével, Rémi Pauriol y Mark Renshaw.
El equipo de Roger Legeay ha corrido bastante escondido y con pocas ideas, pero han salvado claramente la papeleta con las victorias de Hushovd y Gerrans, algo de lo que no puede presumir más de medio pelotón de este Tour. Christophe Le Mével ha sido, con el local Pauriol, su máximo valedor en las fugas, pero el resto de corredores se han empleado en ir completando kilómetros, en preparar las llegadas al noruego (en el caso de Renshaw o Bonnet) y en completar, sin que tampoco se notase mucho, una buena actuación en la general (dos top-20 para Botcharov y un sorprendente Fofonov, que ha dado un salto de calidad mientras otros buscaban el camino contrario). En cualquier caso, no tienen tanto equipo como para correr grandes vueltas como esta sin ser el hazmerreír.
Nota general al equipo: 6,5. Han dado la cara en casa; deberían reducir su caché con la destrucción del ProTour y ser más un equipo de guerrilleros que un conjunto centrado en su figura máxima; la victoria de Gerrans en Pratonevoso, balsámica.
8. Euskaltel – Euskadi: Vinieron con un equipo encaminado a superar aquel mágico Tour 2003… y al final fueron peores que en muchas otras ediciones. Con la carrera “cruzada” desde los primeros envites serios en el Macizo Central y con un Haimar Zubeldia absolutamente desaparecido desde el inicio de la segunda semana, los chicos de Madari se encomendaron al buen oficio de Amets Txurruka, a actuaciones contadas como las de Egoi Martínez (y su error de cadete en Pratonevoso) o Rubén Pérez (descolgado en la fuga de la etapa reina) o a la séptima posición la cual, finalmente, ocupó un Samuel Sánchez que, a fin de cuentas, se da por satisfecho con lo obtenido después de que esta carrera se convirtiese en maldita para él en sus primeras dos participaciones. Mikel Astarloza le echó valentía en jornadas como la de Jausiers, pero no tuvo ni las fuerzas ni la fortuna que le llevaron a aquel carrerón de 2007.
Nota general al equipo: 5,5. Se les debe exigir más, sobre todo cuando la carrera se aproxima a Euskal Herria, y este año no tuvieron el “reprís” con el que sí contaron hace doce meses en esta misma prueba.
9. Française des Jeux: Todo apunta a que las relaciones entre Marc Madiot y Phillipe Gilbert no acabarán todo lo bien que se esperaba cuando el valón abandone Française des Jeux con destino a Lotto. El corredor símbolo de los valores de este grupo durante los últimos años ha hecho un Tour bastante discreto, dejándose ver con franqueza sólo en el sprint final de la Côte de Cadoudal en el primer día de carrera. Faltos de la chispa de un Gilbert quizás bastante machacado aún por todos los esfuerzos durante la primavera, los de Madiot se agarraron a la consistencia imperturbable de Sandy Casar (ya son incontables sus grandes vueltas entre los 20 primeros), la pelea de los Di Gregorio (¡qué mala suerte con los CSC en la bajada del Tourmalet!, aunque bien es cierto que el marsellés tiene facilidad para coger las fugas peor no fuerzas para darles continuidad) o Jéremy Roy (cuatro grandes vueltas ya, seguirá progresando), y alguna plaza en los sprints de Sébastien Chavanel (acabó abandonando, sigue sin suerte).
Nota general al equipo: 5. Con un superclase como Gilbert las cosas deben ir sobre ruedas, pero si te falla el líder… “malo mula”.
10. Gerolsteiner: No se puede evitar “soltar” el “¡Qué carrerón!” de rigor hacia el equipo de los hermanos Holczer, aunque se deben establecer algunos matices. Parecía que los hombres más destacados serían Zaugg o Fothen, pero ninguno de los dos ha aparecido en absoluto, y quien sí ha dado la sorpresa ha sido Bernhard Kohl, quien se aupó a las apuestas para la victoria final en el Tour tras aquella escapada de gallos en la subida a Hautacam. Fue trigésimo en la crono de Cholet, algo que no alertó a muchos de que el resultado en la montaña del austríaco podía valerle para colarse en el podio (como finalmente ocurrió). Así pudimos comprobar cómo ese podio en el Dauphiné Libéré hace dos años no era ningún atisbo de oportunismo, y sí una realidad que se ha confirmado en la reducción del nivel de favoritos en esta carrera. Pero además de Kohl, coronado como rey de la montaña y sucesor del colombiano Soler, dos hombres destacaron sobremanera en este Tour: Stefan Schumacher, ganador de las dos cronos individuales y gran animador de los “tappone” de montaña, y Sebastian Lang, que se “remangó” como luchador incansable en un terreno que no era el suyo (la etapa de Bagnéres-de-Bigorre, en la que sólo un Riccò celestial, luego evidenciado como tramposo, pudo superarlo). También Wegmann puso su nota de colaboración para el éxito del “agua con gas” en la ronda gala; quien no estuo nada fino fue Robert Förster, nulo en las etapas al sprint.
Nota general al equipo: 8,5. Su mejor gran vuelta ha llegado, paradójicamente, sin la presencia del siempre comprometido Davide Rebellin en el equipo participante.
11. Lampre: Les cayó “la negra” cuando Cunego pasó aquella crisis en la etapa del Tourmalet hacia Hautacam, y, a pesar de que siempre quiso integrarse de nuevo en carrera con demostraciones de raza y lucha, poco habituales en el ciclismo de hoy, como la que protagonizó con su compañero Sylwester Szmyd en la etapa de Jausiers, la carrera no paró de darle la espalda, incluso con aquel tortazo terrible en la jornada del pasado jueves, camino de Saint-Étienne, cuando se dejó el pecho y buena parte de su capacidad respiratoria y se dejó más de diez minutos con el pelotón de favoritos para abandonar al día siguiente. Se ha visto a un Cunego rarísimo, impropio de su calidad, sin explosividad, como un “refrito” de vueltómano que pierde toda lachispa y el aire de triunfador del aún joven capitán de la Lampre. Privados de ese hombre que maravilló a todos contraviniendo la jerarquía de su líder Simoni en el Giro 2004, los chicos de Saronni se agarraron a aquel casi-triunfo de Ballan en la fuga de Foix y al rendimiento en montaña de Szmyd. Bruseghin claramente no era el hombre del Giro d’Italia (nunca lo es, en verdad).
Nota general al equipo: 5,5. El inconformismo de Damiano Cunego ya de por sí merece un aplauso, además del aprobado. El resto, casi inexistentes.
12. Liquigas: Los de Amadio se han impuesto en su lucha particular con Lampre por ser el mejor conjunto italiano (dentro del habitual desencuentro, con las excepciones de Pantani y Basso, que muestran los conjuntos transalpinos con esta carrera, a semajanza de los franceses con el Giro), ya que han conseguido colocar a dos de sus hombres en una buena clasificación final, además de dar una imagen más que aceptable. Una reseña especial viene dedicada a Roman Kreuziger: ha demostrado que su triunfo en el Tour de Suiza no fue fruto de la casualidad sino del destino, que no está del todo hecho aún para destacar en las grandes vueltas, pero que es, junto con Alberto Contador, el único de los grandes cracks del futuro para las rondas de tres semanas cuyo punto fuerte (o no débil) es la lucha contra el crono; vistos los resultados de esa carrera, condicionados en su mayoría por las dos etapas individuales, no parece mala cosa ser habilidoso en esa especialidad. Además, Vincenzo Nibali ha rayado, si cabe, a un mejor nivel que en el Giro, donde sí acudía con la vitola de candidato a la victoria pero se vio sin fuerzas en el último tramo y fue peor que su compañero Franco Pellizotti, quien llegó a vestir durante algunos días la “maglia rosa”. Ha tenido días de auténtica desaparición y otras jornadas en las que ha jugado con demasiada ofensividad (como en la etapa de L’Alpe d’Huez) y lo ha acabado pagando. Mas, en general, ha sido un buen Tour para Liquigas, faltó la ya casi tradicional victoria de Pozzato, algo peor que el año pasado, pero con detalles de clase como su caza a Cancellara en la etapa de Saint-Brieuc, cuando el suizo buscó repetir lo de Compiègne el año pasado y Flecha, curiosamente mejor rodador, no pudo detenerle.
Nota general al equipo: 6,5, que pudo ser más si el equipo hubiese funcionado como tal y Nibali o Kreuziger hubiesen contado con algo de apoyo.
13. Quick·Step: Dos condicionantes se han llevado por delante a un conjunto como el Quick·Step, que se ha marcado una de sus grandes vueltas más lamentables desde la retirada de patrocinio del mítico Mapei. La no aceptación de Tom Boonen en la carrera (dos victorias en este mes de Julio, las mismas que un tal Schumacher; ¿no lo cogieron con anfetaminas a este después del Mundial de Stuttgart?) y la pronta retirada del Tour de Stijn Devolder por enfermedad han dejado destrozado a un equipo en el que Gert Steegmans ha demostrado que su supuesta rivalidad con Boonen no puede ni debería existir (sólo apareció para ganar “in extremis”, en los Campos Elíseos, después de un trabajo soberbio de De Jongh y Tosatto en los últimos compases de la etapa final) y Sébastien Rosseler no ha cuajado tan buenas cronos como solía hacer en otras ediciones. Las ganas las pusieron Carlos Barredo (mala suerte para el asturiano, que buscó las fugas sin descanso durante la tercera semana y sólo Burghardt le superó en Saint-Étienne) y Matteo Carrara, bastante consistente en la alta montaña (no era tan difícil aguantar con el nivel que había).
Nota general al equipo: 5. Salvaron la papeleta en el último momento con Steegmans y, con ello, el aprobado para el resto del equipo.
14. Rabobank: Otra vez la “casa de putas” en momento álgido: ¿alguien piensa que Denis Menchov no arrasaría en cada gran vuelta disputada de tener un equipo, no digo ya un equipo en condiciones, sino un conjunto mínimamente eficiente? Ten Dam corrió “a su bola”, aun siendo buen escalador; otro tanto para Weening, absolutamente desaparecido, e incluso para Tankink, que tuvo la “valentía” de probar algunas fugas; además, el equipo no supo solucionar como se merece un líder situaciones como la caída masiva de Nantes, en la que, casualmente, Freire fue el único que se quedó en el grupo delantero. Curiosa situación la de Óscar: ha vuelto a hacer historia en el ciclismo español con su maillot verde pero sigue sin ser reconocido en su país como merece; su equipo ha planteado una estrategia en torno a Menchov (¿?) y sólo Flecha le hizo “favores” circunstanciales para que Freire se buscase los sprints por su cuenta (una escuadra como Columbia o Milram y el cántabro le quita el cartel de “top sprinter” a Cavendish, en lugar de hincharse a quintos puestos en llegadas de flojo nivel como las de este año, sin Bennati y sin Boonen, y no ganar hasta que la llegada fue un poco más dura en Digne-les-Bains). Al menos él ha salvado el honor de un conjunto cuyo líder no tuvo apenas ayuda y, además, tuvo errores que vuelven a resaltar su condición de “torpón”. Aun así, la temporada de Menchov es muy digna: quinto en el Giro, cuarto en el Tour. Siempre tuvo imagen de serenidad, de solidez; por desgracia, cometió esos errores que distinguen a “adultos” de “niños”.
Nota general al equipo: 5. Los dos líderes y sus resultados salvan la pobre imagen de los de Breukink. Al final, Dekker demostró no llegar tan bien a esta carrera, ya que no se le ha visto en Sajonia e hizo una crono discreta. Llevaron lo que había y el equipo decepcionó.
15. Saunier Duval – Scott: Sin calificar. Tengo mis ideas sobre Cobo y De la Fuente, pero me las guardo.
Nota general al equipo: cero patatero. Hace diez días te lo dije en otro tono más agradable, pero en esta ocasión seré sarcástico: ¡Gracias, Matxin!
16. Silence – Lotto: Está clarísimo: con un equipo como el CSC, Cadel Evans hubiese ganado esta carrera sin pasar un solo apuro. Aun así, Hendrik Redant planteó estrategias un poco extrañas con los efectivos con los que contó en carrera, lanzando a Popovych a fugas que no llevaban a ningún término y desaprovechando la presencia en cabeza, en determinados momentos, de los Mario Aerts o Christophe Brandt (retirado “in extremis”). Claramente, la versión 2008 de Evans estuvo bastante lejos de la fuerte, constante, valiente incluso, que presentó el australiano en 2007 ante los Discovery predominantes en carrera: tuvo varios días malos (Pratonevoso, L’Alpe d’Huez y la horrorosa crono del penúltimo día) y sobreponderó sus verdaderas capacidades en una carrera se puso de espaldas a sus intenciones en el momento en que Fränk Schleck le robaba el maillot amarillo (o quizás ya cuando lo cogió). En el frente totalmente contrario, Robbie McEwen evidenció que el cambio generacional ya está a la vuelta de la esquina: apenas tuvo protagonismo en las “volate”, y sólo pudo ser segundo en el día de Nîmes, el cuarto y último en que Cavendish superó con facilidad a sus rivales.
Nota general al equipo: 5. Se hace necesario aprobarles por el segundo puesto final de Evans, pero el resto del equipo ha estado muy, muy difuso.
17. Team Columbia: Junto a CSC, han sido los grandes triunfadores de esta carrera, y han multiplicado por varias cifras su enorme potencial a raíz de los cuatro triunfos de Cavendish, proclamado, cas unánimemente, como nuevo rey de la velocidad mundial tras comerle la moral a Bennati en el Giro y ser infinitamenter superior a los Zabel, Freire, Hushovd… en las llegadas de este Tour. Burfhardt redondeó la cuenta de victorias en una espléndida “manita” a la que también han contribuido, con sus actuaciones regulares e irregulares, otros hombres. Entre ellos sobresalió Kim Kirchen: parecía que podía hacer de todo y todo bien, pero la alta montaña acabó haciéndole pagar sus enormes esfuerzos durante los primeros días, en los que se atrevió a todo: a atacar en los finales más apretados, a esprintar con los mejores, a hacer buenísimas cronos (también la segunda fue excelente) y a tener presencia en carrera, algo que les falló como bloque, al no tener verdaderos apoyos para el luxemburgués, que estuvo un par de días de líder (sucediendo a Faber y a Charly Gaul). Ese ha sido el principal fallo que convierte al CSC, aún, en superior como conjunto: tener un equipo uniforme, con hombres de tanta calidad y tan sacrificados. Por lo demás, el equipo rayó de forma individual a gran nivel, incluso con el bielorruso Siutsou haciendo una buena última crono y aupándose a un digno top-20. Falló en cierto modo Lövkvist: se esperaba más de él y demostró necesitar un poco más de paciencia (sólo tiene 24 años, aunque parezca llevar ahí toda la vida, como aquel que dice).
Nota general al equipo: 9. Si Kirchen hubiese estado algo más arriba de ese octavo puesto final, el adjetivo “perfecto” se hubiese correspondido con ellos.
18. Team CSC – Saxo Bank: Después de todo lo que ha pasado en este Tour, conseguir empleo en este equipo va a ser aún más difícil, y no digamos ya obtener una plaza en un “nueve” del Tour que puede convertirse en mítico con el paso del tiempo. O’Grady y Nicki Sörensen fueron siempre los “carceleros” de la prisión en que convirtió el equipo danés el pelotón de la carrera; Arvesen y Cancellara (a por las vueltas de una semana de aquí en adelante, que piernas no le faltan para la montaña), hombres jamás tan resultones en montaña, que imprimieron su particular estilo para dominar la situación; Gustov y Voigt, los GREGARIOS con mayúsculas, los apoyos que un capitán siempre necesita; los hermanos Schleck, en sí mismos candidatos a ganar cualquier carrera que se propongan, supieron amoldarse a los planes de un equipo al que, al fin, el resultado final no es fue esquivo; pero el brazo ejecutor fue Carlos Sastre, la experiencia y el tesón hechos ciclista, un escalador a la altura de los más grandes al fin con los galones necesarios, y un hombre a la altura de los acontecimientos en los terrenos más adversos. Son el mejor equipo del mundo… y sólo nueve de todos los cracks de esta escuadra la cual, a mí, personalmente me ha ganado el corazón en estas tres semanas. Se llevan el maillot amarillo, el blanco de los jóvenes, la clasificación por escuadras y (si me lo permiten) un cierto chasco con el descalabro final del mayor de los hijos de Johnny Schleck. No todo podían ser noticias buenas.
Nota general al equipo: 10. Éxito sin paliativos. Si otros años Bjarne Riis pudo llevarse la “cuchara de madera”, lo bordó este año, sabiendo qué hacer en cada momento y aprovechándose de la enorme experiencia de su verdadero jefe de filas. Espléndido.
19. Team Garmin – Chipotle: Cuando parecía que la nueva baja de Tom Danielson les perjudicaría también en el Tour tras su “desaparición exprés” en el Giro de Italia, Christian Vandevelde dio la razón a Jonathan Vaughters y su equipo, que lo consideraban como un capitán mas de la escuadra radicada en Girona. El de Wisconsin sorprendió en la primera crono y dio el primer aviso serio atacando con Piepoli en Super-Besse, para luego mostrar una regularidad brutal y atacar a la quinta plaza tras el descalabro de Fränk Schleck en la crono de Saint-Amand-Montrond. El estreno del equipo americano en la prueba que les dio alas sólo tuvo el “pero” de una mejor prestación de los hombres que acompañaban a Christian, si bien fueron un conjunto eficaz en actuaciones circunstanciales, tirando en etapas donde se requería un equipo a bloque para solventar situaciones complicadas (a bote pronto, se nos viene a la mente aquella macro-fuga con Popovych y compañía en los Pirineos). Millar pagó el exceso de entrenamientos tras el Giro y llegó completamente muerto a un final de carrera en el que, sin embargo, fue de los mejores en la contrarreloj, quizás sólo por talento innato.
Nota general al equipo: 7,5. Y se han salvado de la quema que les auguraban con rumores sin fundamento sobre el positivo de algún hombre de su escuadra. Volverán con más fuerza el año que viene.
20. Team Milram: Han hecho un Tour mejor de lo esperado sin ser, aún, un bloque consistente para pruebas de tres semanas. Han tenido gratas sorpresas, pero también hombres que han fallado a los pronósticos: Terpstra demostró durante dos jornadas su clase como rodador y Peter Velits se ha mostrado como un hombre bastante completo a tener en cuenta por su carácter incisivo e inconformista, sin ser necesariamente un vueltómano. Por contra, Christian Knees estuvo muy por debajo de su nivel en Suiza, donde fue undécimo ante varios e los contendientes de este Tour, y no pudo, por ello, dar presencia a los lecheros en las llegadas. En los sprints, el sempiterno Erik Zabel siguió metiéndose con constancia en los sprints, pero no alcanzó una victoria que se le resiste ya desde hace años en una carrera que le dio tantas alegrías en forma de “maillots” de la regularidad.
Nota general al equipo: 6. Bien a secas.

