Tiró de lo que pudo

La voz de ASO se ha despertado tras unas jornadas de tranquilidad. Lo ha hecho mediante su aparato de comunicación más conocido, L’Équipe. Y de nuevo deja una sombra de sospecha sobre todo lo que está ocurriendo en la prueba. L’Équipe suele hablar cuando todo está seguro. No tocó el “affaire Rasmussen”, más allá de confirmar la expulsión de la Federación Danesa del “Pollo” en su selección, hasta la noche del fatídico 25-J. El “agraciado” es Manolo Beltrán, uno de los más fieles calificativos de la definición de “gregario” en el mundo de ciclismo. Por su rueda trasera han pasado genios de la talla de Toni Rominger, Alex Zülle o Lance Armstrong, con quien compartió varios de sus siete Tours. 37 años cuenta ya el jiennense, retirado ya al Liquigas desde hace dos temporadas. Es sorprendente que el positivo se dé por “trazas” de EPO, una sustancia sobre la que no habíamos tenido noticia en los últimos meses, ni siquiera con los otros dos “damnificados” en lo que llevábamos de temporada 2008. El procedimiento subsiguiente parece claro: Liquigas lo sacará del Tour, Cordero sacará a Liquigas de la Vuelta (pero no meterá a Extremadura ni a Contentpolis, alegando gastos adicionales insoportables), Beltrán negará haber consumido nada, el proceso se alargará y aletargará por errores de procedimiento, fallos de análisis y demás giliflauteces, y el caso sólo se verá sobreseído cuando ya no sirva de nada.
La impresión que deja este positivo es rocambolesca: ¿por qué ahora, con tu carrera resuelta y la alcayata en la puerta del garaje, lista para cuelgues tu bici a los 37? Parece claro que ésta no sería una práctica aislada. Y sólo es un paso más en el desconcierto. Los tres positivos del año se dieron en equipos italianos: Vila en Lampre, Richeze en CSF y ahora Beltrán en Liquigas. Si el pasaporte biológico fuese absolutamente fiable, las alteraciones sanguíneas se habrían detectado por parámetros anómalos antes de que estos análisis de la AFLD (la francesa anti-dopaje) se enviasen a la UCI. Y si los controles internos hubiesen sido más estrictos, podríamos estar hablando de una retirada extraña, como la de Astarloa en el Giro. Margino su caso, puesto que no ha sido positivo y ha sido expulsado del Milram (otro equipo con media base italiana, aunque más germano desde que Stanga dejase paso a Gerry van Gerwen). Klöden ya dejó muy clara su opinión; para mí es voz autorizada, puesto que es de los pocos ex-Telekom que han salido limpios, y eso que, más allá del equipo de Godefroot, ha pasado por lo “mejorcito” del “Wall of Shame” de la cultura ciclística. Curiosamente, aún estoy esperando a que la supuesta querella de Reverberi al teutón se confirme. ¿Quieren que relacione todo o se valen por sí mismos? En cualquier caso, todo esto se suma a las “piedras” de Le Monde de unas horas antes y a las amenazas del CONI de sembrar cadáveres en cuanto la caravana atraviese los Alpes hacia Prato Nevoso. Como pueden ver, es difícil pasar una gran vuelta tranquilos (curioso que el árbol sólo se esté meneando en esos tres meses del año todo el tiempo).
Fuera de todo esto, Beltrán ha demostrado ser un gran gregario, con una carrera de catorce campañas cuyo sacrificio en favor de superiores es absolutamente loable, más allá de tan triste final. Sin embargo, el jiennense tampoco ha estado exento de polémica; no se hablan maravillas entre el pelotón sobre su simpatía, y queda grabado, con luz y taquígrafos, su incidente en la Vuelta 2007, con aquella famosa frase dedicada al Saunier Duval: “¿Para qué tiráis? ¿Para que gané Javier Mejías?” Su “retirada” será motivo de celebración para algunos y tristeza para la mayoría. Al menos, una cosa se sabe: el sistema parece funcionar, los miembros de la “vieja guardia” van siendo eliminados (con Hamilton, Heras, Landis, Beltrán… van cayendo todos los gregarios de aquel US Postal donde sólo se salva el protagonista) y el mundo es un lugar mucho más tranquilo. No habrá Beltranes para “trincar”. Porque él, como buen gregario, tiró. Encima, tiró de una sustancia absurda por su detectabilidad. Deberemos pensar que tiró de lo que pudo.

