Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

Fantasmas en la Bonette

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La ratonera llegada del Tour de Francia a la minúscula Jausiers, en el día en que la “Grande Boucle” salía de las fauces del CONI y su legión de “vampiros” a golpe de spaghetti, ha sido un intento frustrado de levantar del sillón a muchos aficionados de salón. Hay motivos para quejarse por la falta de espectáculo, pero también atenuantes y condicionantes que justifican muchos de los supuestos “despropósitos” de un último cuarto de etapa que se prometía como mítico. La general ya sólo es cosa de cinco; el único cambio real que se puede extraer de la etapa es la “detonación” definitiva de las esperanzas de Christian Vandevelde, mención aparte de los segundos perdidos por un Denis Menchov de nuevo difuminado cuando la carretera conduce a los valles. Sin embargo, muchos condicionantes apuntaban hacía un final más probable de “fuegos artificiales” que el que realmente ha acontecido.

CSC ha vuelto a ir en contra de la calculadora. Tienen hombres para bloquear la carrera o provocar escabechinas, siempre a su antojo, pero, en lugar de ello, ponen en peligro el devenir de la carrera y luego plantean una resolución de etapa demasiado vacía cuando tu objetivo real es llevarte de la general final. Bjarne Riis puede justificarse “a toro pasado” por su dejadez a la hora de responder ante una fuga que bien pudo convertirse en decisiva si el tramo de llano entre el final de la Lombarda y Saint-Étienne-de-Tinée hubiese sido aún más largo. Sin embargo, la experiencia de varios Tours como corredor en condiciones altimétricas similares puede haber salvado a “Mister 60%” de un presumible escándalo como el que ya protagonizó camino de Morzine en el Tour 2006. Mientras Cunego y Monfort dinamitaban sus opciones de amenazar la clasificación general, CSC contaba con la colaboración espontánea de Liquigas y con hombres de refresco por delante para trabajar en momentos puntuales. Arvesen y Voigt fueron muy necesarios en una etapa donde sólo Andy Schleck (celestial el rubito luxemburgués, al cual bien podíamos haber visto cargando “otras alforjas” de no ser por su pájara camino de Hautacam) pudo realmente romper el ritmo. Sastre amenazó con atacar, pero se encontró con dos impedimentos: el fortísimo viento de cara y la permanente alerta de un Kohl peligroso ya hasta para el “premio gordo”. El abulense propuso una especie de “alianza ibérica” ante el despiste, voluntario o no, de los hermanos Schleck, cuyos “lazos abisales” (¡premio a la frasecita original para el señor Arribas!) parecen importar más que los formales. No fue posible; ninguno de los favoritos se movió, con ganas o sin ellas, fantasmeando con un final tan incierto como el “background” que queda antes de la etapa reina de mañana, con Lautaret/Galibier, Croix de Fer y L’Alpe d’Huez en 210 kilómetros de agonía.

La Bonette ha sido aún más “longaniza” de lo que marca el cuentakilómetros; bien lo ha aprendido Mikel Astarloza, valiente para intentar arreglar la carrera de Euskaltel, al igual que Stefan Schumacher, apenas a cuatro kilómetros de un regalo del cielo gestado a golpe de marcheta en los primeros kilómetros de la cara italiana de la Lombarda. Demasiada valentía y mal gestionada. El alemán sufrió 20 interminables kilómetros de agonía, desde justo después de iniciar el paso de Restefonds hasta los más de 2300 metros de altura que llegó a divisar en solitario, antes de ser devorado por un grupo con escaladores “destacados” (en otros tiempos y circunstancias distintas a las de hoy). El híperregular Valjavec, acompañado por un hoy de nuevo incisivo Cyril Dessel, marcaba el ritmo de la ascensión entre los elegidos mientras los más corpulentos dejaban paso a gente hecha y derecha como Arroyo o John-Lee Augustyn, protagonista del día tras coronar la cima de Europa antes que nadie. El sudafricano lanzó su aviso de grandeza hace sólo un año, en los montes asturianos, luchando con la tropa de posteriores “despechados” de Saunier Duval. Sus fuerzas le llevaron a la cabeza con una ventaja generosa en el asfixiante último kilómetros de la Bonette. Sin embargo, una curva mal tomada en los primeros kilómetros, aún en “suelo lunar”, estuvo a punto de acabar con su vida (lo hizo con su Bianchi, despeñada hacia la laguna glaciar del circo alpino), y le privó de luchar en un grupo de elegidos con Arroyo, Dessel, Casar y Popovych.

Los cuatro se alternaron con inteligencia para conducir el tramo de descenso, con predominio del “segundo de filas” de AG2R y su homólogo del Silence. En el último momento, Popovych se atrevió sobre la “flamme rouge”, fue neutralizado, provocó un parón en el único tramo de llano antes de la meta, animó al talaverano Arroyo a hacer su apuesta después de sufrir con el ataque del ucraniano, antes de que Dessel llegase “fácil” a su rueda (¡nadie puede llegar fácil a 110 pedaladas por minuto) y aprovechase las curvas del final para coger la punta y no abandonarla ni para levantar los brazos (recordó la llegada a la de Tárrega 2007 en la Volta a Catalunya, más propia de pueblo de la Sierra madrileña que otra cosa). Probablemente, ésta era la última opción de que un grupo de fugados pudiese luchar por una etapa de alta montaña; mañana, si nos atenemos a la lógica de corredores con necesidades imperiosas de tiempo antes de la crono del sábado, no habrá hueco para las escapadas. Los dos supuestos capitanes del CSC van a necesitar un mínimo de tres minutos de ganancia para afrontar sin apreturas reales la etapa de Saint-Amand-Montrond, y “sólo” tienen 3 HC para deleitarnos (podemos suponer que no alcanzarán tales niveles de escabechina, por lo que la general va a seguir estando apretada mañana a estas horas). Por detrás de ellos, un abatido Menchov necesitará no verse solo si no quiere verse envuelto en catástrofes como el medio minuto perdido en esta etapa de Jausiers. Evans no parece tan débil como en Prato Nevoso, Kohl no es tan mal contrarrelojista como todo el mundo lo pintan (recuerden, su mentor es Michael Rich) y hombres como Alejandro Valverde o Mikel Astarloza (sin olvidar a Samu, menos fino que de costumbre en la bajada de la Bonette) pueden ser juez y parte de esta carrera. Hoy hubo fantasmas; mañana, hombres de carne y hueso tienen que apostarlo todo al amarillo.

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