Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

Quítenle lo bailao

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Puede ser el ganador del Tour con menos brillo desde que “L’Auto” diese el pistoletazo de salida a la carrera en 1903. Puede cederlo rápidamente en las llanuras de la Borgoña, el próximo sábado, ante un fiel seguidor del estilo de los Stephen Roche o Greg LeMond, algo connatural a la raza anglosajona. Se puede criticar su falta de chispa, sus pintas de huraño, y se le puede denostar como han hecho tantos otros aficionados de salón salvo en dos momentos: cuando ganó su única etapa en el Tour hasta la de hoy, en Plateau de Bonascre, y cuando se colocó segundo del Tour tras una subida a la Toussuire que fue la antesala de la “Fantasía Landis” en Morzine. Yo no lo voy a hacer. Yo me voy a despedir de las “bajadas de pantalones” de hoy y mañana en los periódicos de nuestro amado estado, tan concienciados con la lucha con el dopaje y tan dudosos sobre si creer o no creer en el ciclismo; me voy a alejar también del autobombo de las dos parejas, a cuál más disparatada, que ponen voz en televisión a las vicisitudes de las carreras; y, aun así, aplaudo a rabiar lo que ha hecho hoy el penúltimo hito de la escuela de El Barraco (sólo el Ávila Rojas Joaquín Novoa sigue su estela). La dedicó a su cuñado, se besó el doble logo de la pechera y lo lloró en el podio como el veterano que luchó con lo tenía, y no tiró de lo que pudo.

Así y todo, la etapa fue la más decepcionante en mucho tiempo. Es muy difícil enganchar a los aficionados, hacerles creer que existe otro ciclismo, sin mezclar todo lo ocurrido ayer hasta la base de la Bonette con lo vivido en L’Alpe d’Huez. CSC jugaba con todas las combinaciones distintas de las que puede presumir un equipo con seis armarios para trabajar (¿dónde está ahora Andy Schleck y sus ritmos continuados?), un líder posicional (de paja, pero líder a fin de cuentas) y otro líder moral. Sin embargo, Riis se cubrió de gloria en cuanto empezaron a creer que Fabian Cancellara (¡qué Tour, qué Tour!) podía seguir llevando el ritmo después del primer descanso de la Croix-de-Fer, y mucho más con Arvesen y su trote cochinero, con el que más de quince tíos regresaron al grupo cabecero. Por delante, la carrera de los valientes no entendía de estrategias de “ciclismo-control” ni patochadas en plan galera portuguesa con negros vareando a son de tambor. Stefan Schumacher (quizás el gran candidato a los 10.000 euros de Brandt por sus dos fugas seguidas en los Alpes) se marchó junto al campeón del mundo sub23 Peter Velits, Rubén “en 2007 yo me metía EN todo” Pérez y el supuesto “Ángel de las Montañas” Rémy di Gregorio. Mientras el alemán de Gerolsteiner se marchaba en las primeras curvas del Galibier (siempre hacia Valloire, habiendo subido por el lado suave), Rémi di Gregorio volvía a padecer de alergia a los descensos, y perdía la comba del grupo como perdió sus opciones de etapa en Hautacam. Al final, el eslovaco Velits acababa demostrando sus facultades de todoterreno y dejaba al chamuscado “Schumi” en busca de una cabalgada que no pudo culminar ni con la ayuda de Jérôme Pineau, rescoldo de un lamentable Tour para el Team Bernaudeau.

Atrás, CSC hace y deshace, pero no deja hacer a su líder. Si se prueban las fuerzas y la convicción de Sastre con lo ocurrido hoy, bien se podía haber probado una estrategia más agresiva. “Mister 60%” siguió jugando la calculadora, y esa insistencia por los automatismos en la Croix-de-Fer le ha podido dejar sin certeza de llevarse el Tour por segunda vez, como en 2006. Al final, Sastre hizo lo que debía, en el segundo tornante, sin miramientos, tras un  primer demarraje de prueba. La intención de los Schleck fue dudosa: se puede pensar que sus demarrajes y respuestas a los ajenos fueron ayuda a Sastre, aunque en ocasiones fuesen contrproducentes. Evans al fin asumió, sólo cuando la carrera se marchaba directa al “encefalograma plano”, que su trabajo era “untar la tostada” en el grupo de diez que acabaría coronando Alpe d’Huez (¿cuántas veces henmos visto eso?). Menchov se recuperó, Valverde no se cayó de nuevo de maduro e incluso Samuel lo probó en el -2: ¡¡qué nivel, Maribel!! Schleck II demostró subir mejor que nadie en ese grupo (¿por quién doblaban hoy las campanas, pequeño Andy?), y sus piernas, junto con las de un Kreuziger descolgado algo pronto, huelen a combativas para el regreso de Contador a esta prueba en 2009. Y en estas, AG2R se vio inexplicablemente con tres hombres delante, y casi le hacen pagar la casualidad al abulense.

Probablemente no va a ganar el Tour; le daría total credibilidad con el medio minuto que se le escapó, casi entre la inercia del final y el sprint del grupo, en línea de meta con respecto al fin del verdadero puerto. Él ha cumplido con lo dicho, y sólo se puede agradecer su tremendo compromiso con los acontecimientos. Quítenle lo bailao a Carlos Sastre.

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