¡¡Arrasastre!!
Últimamente, al menos desde que Basso hiciese tan buenos finales de carrera en el Tour 2005, el CSC siempre se presentaba en la meta de París con el “sambenito” de equipo contra las circunstancias, de haberse quemado en el fuego de una carrera arrolladora, que no respeta a los que no la planifican ni la diseñan de forma adecuada. A pesar de que la estrategia de equipo ha tenido pequeños momentos de crisis, nunca el conjunto de Bjarne Riis anduvo tan ordenado y dominante como en esta ocasión, y el premio, ya sea por mérito propio o por demérito de los rivales (en especial de Evans, hundido, sin fuerzas y con una rabia canalizada hacia todos los puntos menos al de la carrera), ha correspondido al derroche de fuerzas del equipo danés: subirán mañana al podio de París (los nueve, algo poco habitual en carreras de tres semanas) como el mejor conjunto, colarán al pequeño (22 añitos) Andy Schleck en la primera plaza de los jóvenes y, como colofón, se llevarán al fin el primer Tour desde que “Mister 60%” construyese aquel minúsculo Jack&Jones hace ahora diez años. Es una realidad: Carlos Sastre nos ha dado el tercer triunfo español consecutivo tras la gloriosa (o penosa) “era Armstrong”.
Ha vencido demostrando su tremenda entereza, su constancia y su veteranía. El rival más duro era Evans, pero mentalmente su rival eran las circunstancias de carrera: sus diez años a sombra de otros líderes, su falta de oportunidades y esas socarronas declaraciones del líder del Silence, confiado en anotar un par de minutos al abulense, que al final quedaron reducidos a la mínima expresión, terminando el australiano como cuarto de los “top-ten” en los 53 kilómetros entre Cérilly y Saint-Amand-Montrond. Evans ha perdido 1′04” con un ¿derrengado? en la montaña Kirchen. Este no era “croner”, según más de uno. También un minuto exacto con Vandevelde ,ese que hizo más cambios de ritmo que él en L’Alpe d’Huez, aun siendo inferior, según más de uno). E incluso 10” con Menchov, el nuevo Zülle, el que no sabe atacar sin cebarse, el que llegó a gatas a la cima hace tres días en el grupo del líder y lo acabaría pagando, todo ello según más de uno. Se nos ha “vendido la moto” con una supuesta dominación de Cadel, tras haber demostrado varios momentos de flaccidez que lo alejan seriamente de su mejor versión, la de 2007: sufrió en Pratonevoso, se salvó en la Bonette ante la falta de ataques y el ritmo continuado, volvió a sufrir (¡y de qué manera!) en L’Alpe d’Huez y pagó su falta de recuperación y sus ansias incontenidas, con un nerviosismo fuera de lo común. Tanto es el caso que Bernhard Kohl (para mí no fue ninguna sorpresa, ya lo apunté: su mentor es Michael Rich, y de ahí no pueden salir malas cosas) se quedó a sólo 15 segundos de sacarlo del podio más “barato” de esta carrera en mucho tiempo, y el 1′10” de Menchov entre el lío de los abanicos en Nantes y la bajada hacia Jausiers también podría haber valido para quitarle este nuevo “subcampeonato” (por así llamarlo). Peor le fue todo a Fränk Schleck: el mayor de los hijos de Johnny cayó cuatro posiciones, una más de lo esperado, y gracias al doblaje de Sastre en el último momento el descalabro no fue aún mayor. El luxemburgués sobreactuó: no es un gran escalador y su posición ha sido una concatenación de hechos aislados.
Esta crono, además, ha servido para desmentir por completo aquellos rumores sobre desgaste extremo que surgieron a raíz de los resultados de la crono (totalmente condicionada por el viento) de Milán en el último Giro. Los favoritos se han vuelto a imponer, aunque los especialistas de nuevo sobresalieron. Schumacher ha igualado el hito que sólo Armstrong y Honchar han logrado (y no son pocas ediciones) en este siglo: ganar con soltura las dos cronos individuales. Las diferencias no han tenido que ver nada con las que lograron el estadounidense y el ucraniano en sus tiempos, pero han dupuesto un duro aviso para un Fabian Cancellara al que el terreno de la crono olímpica no favorece excesivamente. Por detrás, sorprendieron tres tiempos: los del británico/keniata Chris Froome, un corredor candidato a ganar etapas en todos los terrenos en esta prueba de aquí a muy pocos años; el francés Amaël Moinard, quien se ha colado en el top-15 de la carreras tras ser extremadamente regular; y el bielorruso Siutsou, cada vez más firme exponente de la escuela de Oriente tras firmar el 19º mejor tiempo. Sólo marcó medio minuto más que el protagonista de hoy, el protagonista de uno de los Tours más pobres, pero al mismo tiempo emocionantes. Sastre (y todo el CSC) pusieron ciclismo encima de la mesa, y no como otros favoritos como ya los nombrados. Seguro que otro escalador, otro hijo de El Barraco, se estará revolviendo de gusto en el cielo por la gesta de su cuñado. En este Tour tan plano, hemos vivido una estampida de constancia y pundonor. Ahora sí. “Arrasastre”.

