Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

Archivo para Agosto 2008

Veinte Versos para la Vuelta (y II) (offline)

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(II): sprinters de referencia (artículo offline)

Con la ausencia de Cavendish tras su frustrante actuación en Pekín y la “victoria moral” que el crack de Mol obtuvo sobre Bennati (2 a 1) en el pasado Eneco Tour, Tom Boonen acude a la línea de salida de la Vuelta con un punto de confianza mayor que el de sus rivales. Privado de la posibilidad de tomar parte contra un imperial “Manx Express” en la pasada edición de la ronda gala, sumó victorias al sprint en cada una de las vueltas por etapas en las que tomó parte tras su “affaire” con la cocaína, con la sola mancha del quinto puesto en el campeonato nacional de ruta, el cual ganó el joven Roelandts. Sin embargo, en el Ster Elektrotoer ya fue capaz de batir al supuesto “nuevo rey” de la velocidad, antes de meterse triunfos en el zurrón como los de Austria (el último día, en Viena), Valonia (se puso de líder el primer día y cedió el maillot con su compañero Bettini) y Eneco (los ya citados dos triunfos).

En el otro flanco está Daniele Bennati. Aún sin una excusa convincente para justificar el rebrote de su lesión de rodilla, la que le mantuvo apartado de las carreteras hasta Romandía y la que le hizo perderse el Tour a unos días de su comienzo, el sprinter de la Liquigas tratará de repetir sus días como “maglia ciclamino” en el Giro ante una competencia casi calcada a la que encontró en al “corsa rosa”. Su estado de forma es ciertamente una incógnita, pero ello no suele ser determinante para un velocista, y menos para un hombre constante y forjado a través de desencuentros y sacrificios como Daniele. Si necesita convencer a Ballerini para formar parte de la “azzurra” en Varese como ocurrió el año pasado, los aficionados saldremos satisfechos con él: tres triunfos de relumbrón, uno de ellos en la cara del mismísimo Petacchi en Talavera, contemplaron el último paso de Bennati por las carreteras de la Vuelta hace doce meses. Sabemos que la montaña, al menos, la pasará sin apuros.

En la discordia de no ser el máximo favorito podemos encontrar otros nombres, como el de Óscar Freire. La mentalidad de este atípico cántabro nos hace considerar que empleará la Vuelta como camino imprescindible para el que es su verdadero objetivo, el Mundial de Varese. En las pocas etapas que complete tiene la certeza de que será el más rápido, el que mejores 50 metros atesora de la carrera, pero sólo la constancia, la que le impide muchas veces pelear por puestos de honor insípidos (hasta que, en el Tour 2008, se dio cuenta de que ese era el camino para seguir haciendo historia con su único “maillot vert”), le permitirá probablemente luchar por alguna victoria de etapa en la primera semana. El camino contrario es el de Erik Zabel: capaz de acabar entre los 45 primeros todo un Tour de Francia por una promesa a su hijo, sigue en vereda como un martillo pilón, sin abandonar el barco a sus 38 años y cubriendo con su espíritu de oro y brillantes una carrera legendaria, de las que se recordarán como las de los grandes cuando este se marche. Probablemente termine la carrera, como ya hizo en el Giro y en el Tour (asume junto a Bruseghin el reto de acabar las tres grandes en 2008, reto sólo logrado por algo más de una veintena de ciclistas en toda la historia), con seis o siete “top-five” y ninguna muesca en su larguísimo cetro, pero el Milram se debe a él y el teutón nunca nos fallará.

El ramillete de favoritos no se restringe a estos cuatro. Con desparpajo surge, en el propio Quick·Step de Boonen, Wouter Weylandt: su rendimiento estará ligado a la “fecha de caducidad” de Boonen y a que las tareas de preparación del sprint no corran de su cuenta. En los dos últimos años ha tomado su mejor forma física para las citas del final de verano. El año pasado ganó en el Eneco y no participó en la Vuelta; si el caso de 2008 se reproduce a la inversa, quizá nos encontremos ante la gran explosión del que es, junto con los Silence Van Avermaet y Roelandts (el primero de ellos está presente en la carrera y será el referente de los de Hendrik Redant para las llegadas masivas), la esperanza inmediata para las “volate” del país belga. En su misma tesitura pero con colores bien distintos estará Koldo Fernández de Larrea, el mismo que rozó la victoria en Logroño hace un año. También Danilo Napolitano, con ganas de volver a triunfar en una grande tras el Giro 2007, o Tomas Vaitkus, en función de lo que Contador exija para el bien de todo el Astana.

Los Usov (un top ten para cualquier llegada de GT, pero nunca más allá a su edad), Haussler (esta Vuelta le dio protagonismo internacional al ganar en Alcobendas tras escapada en 2005), Trussov (Serov y Riccio casi le roban la condición de sprinter del futuro para Tinkoff con sus resultados de 2008, a pesar de que Nikolai tenga algo más de “tablas”), JJ Haedo (“Mister California” buscará ser más que eso y repetir en España lo que hizo hace seis meses en Almería), Aurélien Clerc (tiene experiencia en la “piel de toro”, con buenos resultados en Alcobendas o en la propia Vuelta), Hunt (sustituye, con lo poco que tiene, a Hushovd, pero conoce las carreteras españolas como ex-Banesto) o David Herrero (el “chico para todo” de Karpin, en su oportunidad de quitar la razón a Madariaga por no contar con él para Euskaltel) completan un cartel absolutamente a la altura de lo que merece una carrera de tres semanas. En este segundo “frente”, la Vuelta puede confiar en estar resguarecida.

Escrito por ruedasycuadros

28/08/2008 a 14:30

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Veinte Versos para la Vuelta (I)

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No me gustaría hacer llegar mi tiempo de “parate” sin echar un ojo a las grandes figuras de la Vuelta a España, que nos espera (este año sí) en todo su esplendor el próximo sábado desde Granada. Desde aquí al miércoles repasaremos los frentes más relevantes, además de alguna que otra curiosidad. Por el momento, limitémonos a observar, como es lógico, a los máximos favoritos y sus “cotizaciones” ficticias de cara a las apuestas, elaboradas por un servidor.

(I): Favoritos para la clasificación General

Alberto Contador (2,00): Si repite en la Vuelta la demostración de liderazgo que protagonizó en su campo de pruebas, en la Clásica de los Puertos disputada ayer, los rivales deberán conformarse con ver su culotte en cada etapa de montaña con algo de exigencia. Él mismo se encargó de descartar algunos días de la supuesta “montaña” de esta Vuelta con sus declaraciones tras el reconocimiento de las jornadas importantes: en Pla de Beret debería limitarse a estar con los elegidos, en las etapas de emboscadas sólo deberá implicarse a un nivel similar al del Giro, y sus momentos de clara ventaja vendrán con las dos ascensiones a La Rabassa, el Angliru y (importantísima) la última cronoescalada a Navacerrada, de largo el terreno que más le favorece y en su terreno de entrenamientos. Encima, su nivel en la contrarreloj ha mejorado mucho desde el año pasado, y sus rivales de mayor peso no invitan a hacernos pensar que Contador sufrirá en el primer envite serio de la Mancha; por si fuera poco, su equipo le puede colocar con algún segundito de ventaja ya en la mini-crono por escuadras de Granada. Para meterse en el club de los “5 fantásticos”, Contador sólo tiene un rival: él mismo y sus “desmayos” ocasionales.

Robert Gesink (6,50): Es el último escalón para el espigado atleta holandés. Yo llevo defendiendo la candidatura de Gesink a esta Vuelta desde California. Nadie creía que podía pelear con un Leipheimer en plenitud casi todo el año como lo hizo en Sierra Road; nadie creía que podía liderar París – Niza, romper todo un pelotón él solito subiendo Mont-Ventoux sólo con Evans de acompañante; nadie creía que podía acabar cuarto una Flecha Valona con los mejores, ni que, estando fuera de intenciones, podía alargar su punto de forma y ser el primero de los no-favoritos en Dauphiné. Todo esto con 22 años justitos, cuatro enteramente dedicados a la práctica del ciclismo y con una progresión año a año sensacional. El “palito” de la presión ya se lo llevó tanto en la bajada de Tanneron como en la Amstel quedándose tan pronto. Este señor aprende sus errores tan rápido como progresa. Le fallará en esta carrera el orden de su propio equipo; por contra, los kilómetros de contrarreloj no supondrán aquí el mismo lastre que en todo un Tour.

Carlos Sastre (7,00): El abulense de CSC se presenta aquí con una tranquilidad inusitada, sin la presión que cada año le suponía tener que subir otro escalón para acercarse a esa victoria de GT que nunca llegaba, pero que se materializó, Alpe d’Huez mediante, hace tan sólo un mes. De equipo, el equipo aquí no le va a imponer nada ni le trae (ya era habitual, en cierto modo) un equipo de primerísimo nivel: si necesita apoyo podrá contar, con toda seguridad, con Cuesta, Van Goolen y Gustov, además de actuaciones circunstanciales y “contaditas” de Kroon o Kolobnev (y se dice fácil lo de “equipo de primerísimo nivel”). En sus manos está engancharse a la carrera (o, lo que es lo mismo, engancharse a la rueda de Contador como único escalador de su nivel). Por su seriedad y compromiso con la carrera que tanto le ha dado, no dudo de que Carlos estará a la altura de las circunstancias.

Levi Leipheimer (7,00): su medalla en Pekín y el triunfo cosechado ayer en Guadarrama le colocan como una amenaza real al liderazgo (respetado siempre por Bruyneel, que viene tratando a ambos como iguales hasta la última semana) de Contador, siempre que el crack madrileño no pueda llegar al nivel donde se le reclama. No tiene físicamente ninguna limitación, los kilómetros de Ciudad Real le vienen pintiparados y no hay muchas etapas donde pueda pagar su extraña fisonomía sobre la bici. Si la mentalidad de Bruyneel fuese otra, podríamos incluso verle jugando de “señuelo” para la tranquilidad de Contador, o como apuesta lejana en las etapas de montaña más importantes.

Igor Antón (9,00): octavo en 2007, ha madurado ostensiblemente en estos doce meses con su liderato en Suiza (tercer puesto final), resultado de un subidón de moral (a la vez que cierto chasco) con el triunfo en Arrate que le arrebató el “hombre-lanzadera” de los hábitos de Matxin, Eros Capecchi. Noveno ayer en Guadarrama, aunque a un mundo de los Astana y los Burgos, se gustó junto a Landaluze y probó su buena forma para rendir tan bien como en los Pirineos del año pasado, donde incluso se permitió el lujo de atacar en Arcalís antes de que Menchov diese su golpe de autoridad particular, ganando la etapa al sprint vestido de “oro”. Euskaltel trae un buen equipo, destinado para arroparle con buena parte del bloque del Tour (Astarloza, Txurruka, Rubén Pérez, incluso Landaluze solía frecuentar la Grande Boucle hasta que este año se vio impedido).

Ezequiel Mosquera (9,00): ha corrido muy poquito desde su triunfo en Alcobendas y la retirada en la Volta, pero quizás lo suficiente para rellenar el régimen de entrenamientos y comprobar que todo marcha a la perfección para la prueba donde debe refrendar su quinto puesto de 2007. Trigésimo cuarto en Urkiola y decimotercero en Neila, necesariamente deberá correr de menos a más y pasar el chaparrón de los 40 km del quinto día con el menor tiempo perdido para ir remontando puestos en la clasificación cuando la carretera se empine. El aprendizaje de este “viejo inexperto”, nacido para el ciclismo europeo hace sólo tres temporadas tras una dilatada trayectoria en Portugal, debe permitirle acompasar aún mejor los esfuerzos que el año pasado, donde se aprovechó de su regularidad y del bajón de Efimkin para firmar ese espléndido top-5. Será la cabeza visible de un Xacobeo Galicia con mucha gente para celebrar triunfos.

Alejandro Valverde (11,00): desde que terminó noveno el último Tour, viene jugando al despiste con su participación a la Vuelta, afirmando correr para ganar etapas y luego reconociendo el trazado a hurtadillas. A nadie se le escapa que un corredor de su estirpe no tiene ningún problema para asumir esfuerzos suplementarios ni para coger la forma que se pierde sin competir durante tres semanas. La clase de montaña de esta carrera no es la mejor para él, y ya ha emitido sus “quejas al empedrado” tras subir el Angliru, un puerto a rachas, pero extremadamente duro. El murciano no soporta ni ese tipo de ascensiones ni las continuadas, como La Rabassa o San Isidro. Por desgracia, La Pandera u otros altos como los de 2006 no estarán presentes, y Alejandro tendrá que capear y tragar con todo, apoyado (todo hay que decirlo) con un equipo siempre a la altura en montaña como el de Caisse d’Epargne, en el cual, cojas la plantilla entera por donde la cojas, es difícil no encontrar veinte corredores que pasen por “escaladores”. De su motivación tras la crono de Ciudad Real y el primer envite serio de montaña saldrá el objetivo final de Valverde; que a nadie le extrañe verle luchar en los sprints de Jaén o Toledo, pues es parte de su nerviosa forma de correr.

Carlos Barredo (16,00): no ha terminado ni una sola carrera desde que acabó rozando la gloria en la etapa de Saint-Étienne del Tour de Francia, pero el asturiano se transforma desde 2007 cuando llega la carrera de su país y viene enormemente concienciado, más aún con tres etapas por territorio astur, donde exhibir su conocimiento del terreno. Con el equipo plenamente confiado en sus habilidades tras la renovación del contrato que le unía a Quick·Step, Barredo tendrá que enseñar su solvencia (que no superioridad) en contrarreloj, al tiempo que actual como “diésel” en la montaña. Correrá casi solo: salvo que Bettini se pruebe algún día (como hará) y eso conlleve cierta colaboración puntual en alguna etapa, Gárate es el único hombre con el que puede contar para cualquier “manita” en el camino.

Yaroslav Popovych (20,00): a demostrar que existe, ni más ni menos. Si lo del Tour se pudo calificar como un fracaso, el reto de la Vuelta es una reválida en toda regla para un hombre al que su podio en el Giro le viene ya quedando muy lejos de su actual imagen, la de una cazaetapas o clasicómano de segundo orden al que un líder siempre le pilla por encima en las GT’s y la suerte no le acompaña del todo en carreras de una semana (basta recordar la París – Niza de este 2008). Si pasa bien la crono, adelante; si no muestra su mejor día, mucho nos tememos que Silence empezará a pasar de forma silenciosa por esta edición de la ronda española.

Otros candidatos:

John Gadret (27,00): ganó la etapa final del Tour de l’Ain y cualquier reminiscencia del Giro 2006 es factible con la competencia actual. Aun así, no creemos.

Juanma Gárate (30,00): trigésimo séptimo en el Giro y ausente en el Tour, su gran vuelta de todos los años aún está por descubrir esta vez. Si está bien, veremos un Quick·Step bicéfalo.

Egoi Martínez (45,00): le falló la inteligencia en Prato Nevoso ante Gerrans y el resto de su Tour no fue satisfactorio. En 2006 fue maillot de la montaña, y en Guadarrama ayer no desmereció. Opción clara al top-10.

Oliver Zaugg (45,00): quinto en Cerler el año pasado, le vimos cosas muy interesantes al escalador suizo de Gerolsteiner. Con la sombra de Cervélo sobre el equipo de Christian Henn en los últimos días, en sus manos está asegurarse el puesto de trabajo. Está en la edad perfecta: cumple los 27.

Gustavo César Veloso (50,00): inexplicable ganador de la “Volta”, cuarto en Turquía y tercero en Langkawi, es la alegría del Xacobeo en este 2008 y el “todoterrenismo” personificado. Si no se ceba ante las grandes citas de la carrera, está en números de top-15.

Joaquím Rodriguez (55,00): ha pedido confianza al equipo para estar en la Vuelta y busca un protagonismo similar al que obtuvo en el Giro. Si repite un par de veces la etapa de Tirano, es fácil que se cuele arriba.

Damiano Cunego (60,00): después del fracasco morrocotudo en su asalto a Francia, no está claro si el varesino estará pensando en “rosa e blu” o en “azzurro”. Podría resultar una repetición del Di Luca que ganó en La Covatilla hace dos años y luego se diluyó, pero jamás se puede descartar a un ganador del Giro.

Mikel Astarloza (75,00): cumplió con creces en los ocho meses anteriores, firmando la mejor temporada de su vida deportiva, pero en el Tour estuvo en consonancia con la casi totalidad del equipo (bastante diluido, por tanto). Como buen todoterreno, debería salir bien de Ciudad Real… y todo es posible desde ahí.

Ricardo Serrano (75,00): de lo que haga aquí dependerá su renovación con Tinkoff. El vallisoletano parece levantar el vuelo tras una primera parte de temporada marcada por las lesiones.

David Arroyo (90,00): el talaverano es híperregular, pero viene excesivamente atado por los frailes. Depende del desdén de Valverde por la general, pero está en un momento muy aceptable en el plano físico.

Matthew Lloyd (100,00): está en buena forma, y aunque es más clasicómano que escalador no puede quitársele de enmedio por si Popovych falla. Segunda baza del Silence.

Escrito por ruedasycuadros

25/08/2008 a 20:51

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Los recaditos inapreciables de Cobo (los suyos y los del equipo)

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Juanjo Cobo es una personalidad peculiar, en lo que respecta a “méritos ciclísticos”. Campeón español de contrarreloj en categoría sub23, le costó tres largos años subirse al carro de la elite, pero lo hizo con exhibiciones de las que sólo hacen los que le sobra fuerza. El día que ganó en Oiartzun la etapa que, a la postre, le confirmó como vencedor de la Vuelta al País Vasco, se impuso a Samuel Sánchez con una resistencia infinitamente superior a la del actual campeón olímpico, a pesar de que las subidas a Jaizkibel y Erlaitz, con sus consecuentes descensos y la lluvia a mares de aquella jornada de retorno a Euskadi tras pasar por Navarra, invitaban a un triunfo cómodo del asturiano de Euskaltel. Pero el ciclista de Cabezón de la Sal, el del barrio de La Pesa, tiene momentos de inflexión en los que se salta la lógica humana y da tirones imperceptibles que empiezan por convencer al cronómetro y acaban dejándonos con la mandíbula en el suelo. “Como Armstrong”, llegaban algunos a pensar en País Vasco 2007.

La expulsión de Scott de la Vuelta a España (pero no la de Liquigas, ni la de Lampre, ni la de tantos otros que andan peor que el “plan antiarrugas” de Joxean) nos ha privado de un tío que, a pesar de su manifiesta irregularidad en este verano, lleva dos meses en una vorágine de “destroyer” que resulta humillante para el resto. Desde su segundo puesto en Hautacam tras el “cagaleras” de Piepoli (“Il Trullo Volante” sale volando con sus confesiones y luego los análisis no lo pillan porque Riccò sólo se equivocó en los plazos de inyección de CERA; debe ser que la experiencia te da mayor consciencia de las órdenes del médico, visto lo de Ricardín y Sella), el cántabro no hace más que acumular puestos. En Urkiola pagó su falta de días en el Tour con ceder su victoria ante Arroyo; en Burgos tuvo el día tonto al ganar una gris subida a Neila, pero se le marchó la general porque Zandio y Landaluze sí estuvieron en la fuga de la primera etapa (la que ganó Kunitski). A casi seis minutos de Rui Sousa en la neblina del Alto da Torre, fue sexto en el final-clásica de Santo Tirso, cuarto ayer en los adoquines de Fafe, y finalmente ganador en Senhora da Graça, donde las celebraciones le han restado quince segunditos que había ganado él sólo contra Mestre, quien tiraba una decena de favoritos. Nada sospechoso, pero sintomático de las prestaciones del de Cabezón con los calores del 2008.

En realidad, la “pedrea” de diferencias en la “etapa rainha” de la Volta a Portugal se gestó antes de llegar al primer punto clave de la novena fracción de la carrera: en las primeras rampas de Cavernelhe, alto de segunda categoría, pasaba en cabeza con un minuto largo el mismísimo líder, Rui Sousa, enfrascado en una avalancha ofensiva con su compañero Koldo Gil, el Loulé Hugo Vítor y (¡¡al fin, al fin!!) el madrileño “Pimien” Marchante. A media subida, Gil, Liberty por dos veces y “botado” por causas de aquí y allá en otras tantas ocasciones, lanza un ataque imposible de responder; es de otra galaxia, pero era mejor reserva para el final, como luego haría Cobo. Palmeiras no ha dejado de pensar en la general en todo el día, y los Vitorino, Mestre, Livramento… ayudaron al líder “de facto”, David Blanco, a pasar lo mejor posible el día antes del momento cumbre. Gil coronó con casi dos minutos sobre el grupo, rozando la “camisola amarela”, mientras el pelotón neutralizaba casi al mismo tiempo que pasaban por la pancarta del alto de 2ª. La bajada y posterior sprint en Mondim de Basto no arrojaban novedades, ni siquiera en las cunetas, donde el público luso demostró una vez más con razones visuales por qué los “emigrantes” de nuestro país llevan décadas llamando “Grandísima” a esta prueba. En el pelotón aguantaban aún todos los importantes, como así fue hasta los últimos 7 kilómetros.

Con Koldo Gil aún a 1′30”, José Herrada avanza solo unos metros ante la condescendencia de su propio compañero, un Adrián Palomares en buen estado de forma toda la carrera, antes de que Paco Mancebo buscase desde medio puerto abrir diferencias. Allí se marcha Cobo, a quien el abulense de Fercase escolta durante escasos 500 metros, antes de que Cobo, literalmente, ponga la directa y se marche a recortar diferencias con Gil, haciendo perder la noción del espacio incluso a Chagas y a la realización de la RTP. Detrás, el pelotón adquiere tintes de longaniza y Sousa paga la valentía mostrada desde antes de Cavernelhe; su ataque, su “no guardar”, fueron su tumba en una general que aún espera refrendo en Santa Quitéria mañana domingo. Gil esperó a Cobo con miradas continuas, Cobo pasó sin mirar a Gil, le pidió un par de relevos pero se marchó enfadado de su rueda, ante la inoperancia (o la suficiencia suya) del de Liberty.

El pelotón aún conservaba a Mestre tirando de Palomares, Daniel Martin, Machado, Barbosa, Bernabéu, Santi Pérez, Guerra, Rubén Plaza y el propio David Blanco. Un ataque tardío de la promesa irlandesa Daniel Martin saca de punto a medio grupo, hace responder a Machado y desenacadena los ataques de marcaje de Guerra y Blanco, los únicos capaces de ganar esta carrera ya, que acompañarían a Mancebo durante el último kilómetro antes de atacarse en un par de ocasiones en meta con bonificación superior para David Blanco. Ambos lucharán por la general en las rampas del pequeño alto de Santa Quitéria; sería la segunda Volta del gallego de Palmeiras, o la primera del madrileño “ciclocrossman” de Liberty. Pero 56 segundos antes que ellos había llegado el verdadero protagonista del día, el hombre que sucedió a un Eladio Jiménez imperial en la montaña hace doce meses. Nuevo recadito para la Vuelta a España; a Cordero le pitan los oídos, con plantillas lamentables en varios equipos, Manuel Vázquez líder del Regio-Tour hasta esta tarde y nuestro protagonista, Juanjo Cobo, esa personalidad peculiar, “campeonando” en la montaña de la Volta.

Escrito por ruedasycuadros

23/08/2008 a 19:01

Rock Racing: ¿”tiki-taka” o tocomocho?

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En el mismo día en que Manolo Saiz Balbás regresa frente a la opinión pública y los medios con ocasión del acto de presentación de la Vuelta a Palencia, otro magnate con ganas de meter manita en el mundo del ciclismo como el amigo Manolón se planta con un corredor suyo haciendo cosas importantes y justificando la inversión del sponsor. Rahsaan Bahati (en imagen), raro caso de ciclista de color de nuestros tiempos (se salvan Iván Domínguez en Toyota, los de Guadalupe del Bouygues -Bernaudeau se hizo una casita de veraneo allí- y pocos más) enrolado en un conjunto profesional como el Rock Racing, pero norteamericano a fin de cuentas y con una prolongada carrera deportiva a sus espaldas, se convirtió el pasado domingo en el nuevo campeón USA de Critérium. La victoria no llamaría excesivamente la atención por su entidad, ya que este campeonato no es UCI y sólo tiene prestigio en Estados Unidos, como un título paralelo de una especialidad muy habitual en las carreras del país de “barras y estrellas”.

Lo importante es su trasfondo deportivo e institucional: es la primera conquista “legal” de un equipo formado, en su “primera unidad”, por auténticos convictos de la bicicleta. Óscar Sevilla había conseguido ya la victoria en la clásica de Reading sobre el joven Boasson Hagen (dos “tiros al palo” en sendas etapas del Eneco Tour en disputa), y Tyler Hamilton se había impuesto en la general del Tour del Lago Qinghai tras fugarse en la antepenúltima etapa con el polaco Rutkiewicz, pero esos “cheques en blanco” al Rock Racing quedaban ensombrecidos por la calaña del firmante. Se ha hablado muy poco de la catadura moral de Michael Ball, el multimillonario propietario de Rock & Republic quien se hizo cargo de los hilos de toda esa farándula que envuelve al conjunto ciclista, con sus Cadillac’s negros, sus maillots personalizados según la carrera (el “verde insignia” de California, el naranja con inserciones de melocotón en el Peach Criterium; ¿vamos a Harlem a correr? Harlem Rocks; ¿corremos en Qinghai? China Rocks), sus bellísimas azafatas agarradas a los atletas de turno en posturas rockeras y sus eslóganes potentes al más puro estilo americano, sacados de un programa de videoclips del maestro Joaquín Luqui (y sus “uau, uau, uau”, y sus ricitos…).

Lo bueno de hacer lo que quieras con tu dinero (y son diez milloncejos de dólares los que va a poner sobre la mesa el amigo Ball de aquí hasta que el equipo llegue, como pretende, a la “Grande Boucle”) es no tener que rendir cuentas a nadie. El “colega” sabe con qué se maneja contratando a una pléyade de sospechosos (y no tan sólo sospechosos): el aficionado medio europeo se asusta con “Sevilla, Hamilton, Botero, Peña, Cipollini” cuando los ve aparecer juntitos en la lista preliminar del pasado Tour de California. En el Viejo Continente, este equipo directamente se calificaría de fumigable a la primera carrera. Los directivos de la empresa AEG (organizadora de dicha carrera) tratan de poner una barrera al afán “imperialista” de Ball… pero no lo consiguen, porque Ball no despide a Hamilton y le sigue manteniendo en el equipo. Eso es una actitud que debería ser aplaudida a rabiar por tantos aficionados que ven desaparecer equipos porque un sponsor que no tiene ni puta idea de ciclismo cree que la publicidad que genera un positivo le perjudica (ignorando que Phonak duplicó su presencia en el mercado de auxiliares auditivos tras el de Landis). La nueva actitud que muestra Ball con sus corredores te redime de cualquier postura de infinito castigo a los tramposos que pudiera haber.

Su idea se resume en no dar boleto porque sí, ser consecuente con sus objetivos e infundir en sus ciclistas máximas que todo el colectivo debería aplicar. Óscar Sevilla comentó en una entrevista, hace algunos meses, que Ball le decía algo así como “si estáis como estáis, masacrados por todo el mundo, es porque no estáis unidos. Yo estoy convencido de que existe un ciclismo unido en alguna parte”. Ball quiere a Hamilton porque éste ya ha pagado por sus delitos; quiere a Botero y a Sevilla porque no hay causa en firme tras él, y a Peña simplemente por consejo de Creed y porque haber sido “bombero” para Armstrong en US Postal no es motivo de penuria indefinida. Junto a ellos, construye con un equipo con jóvenes corredores, con la misma base que ha hecho triunfar al Slipstream. De hecho, su proyecto es prácticamente el mismo, aunque enfocado de distinta manera y con un aura radicalmente opuesto. Los Justin Williams, Wiscowitch, Magnell, Hernández… son la imagen de los Donald, Caldwell o Cozza del primer TIAA – CREF. Casi les falta poner pisitos en Girona y fichar a un “monje” como Millar; ya que van con hipoteca a cinco años, que fichen en 2011 a Riccò, ese de “primero me río en la cara de la Gendarmerie, luego leo en rueda de prensa lo que me escribe el abogado, ¡SIN QUE SE NOTE NADA, OIGA!, y al final acabo con un <<Mi Dispiace>> hacia los tifosi en Cicloweb”.

En ese sentido, la última de Ball ha sido interesarse por fichar a Floyd Landis. Ha perdido un Tour por una jugada de niñato (pero no, aún nos hace creer que fue por culpa de “Juanito el Caminante”), se ha olvidado de esa cadera con necrosis que le iban a implantar (¡”pero que no me echáis vosotros del ciclismo, que me voy yo porque quiero!”) y quiere volver… pero tiene total derecho para hacerlo, cumplido el lapso de tiempo de su sanción. Es negar la evidencia no decir que un regusto amargo me recorrerá la garganta cuando vea a Landis con uno de estos maillots rompedores en 2009, pero no me quedará sino comprender la justicia de Landis y el tremendo cuajo de Ball. Se puede discutir la mentalidad de Ball, pero actitudes de compromiso con el deporte son las que se echan de menos cuando ves a empresas como Valery Karpin S.L. o Saunier Duval somper de modo unilateral sus contratos por vicisitudes de todo equipo. Y la fórmula de los multimillonarios está saliendo bien casi todas las veces: Columbia es el segundo mejor equipo del mundo (serían el mejor sin discusión con un hombre sólido para las GT’s), Slipstream corrió ya el Tour con un quinto puesto para Vandevelde y Tinkoff debutará en la “Grande Boucle” por Real Decreto en 2009. Tirar de talonario era la gran estrategia de Florentino Pérez en sus años como presidente del Real Madrid. Como bien titulaba un artículo de cabecera de cierto periódico deportivo madrileño: Rock Racing; ¿”tiki-taka” o tocomocho”?

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La actualidad ciclista no para. En Portugal, Nuno Ribeiro ganó en el “churri-alto” de Santo Tirso, en una jornada en la que el “status quo” de favoritos se mantuvo con vistas a la etapa de Senhora de Graça del sábado. En el Eneco Tour, victoria con polémica para Boonen, en un sprint en el que cerró al noruego Boasson Hagen; previamente, José Iván Gutiérrez ya se había colocado como líder con centésimas sobre Lemoine en el prólogo. En el Trittico Lombardo, el británico Cummings remata una excelente temporada, con el triunfo en la Coppa Bernocchi; en general, brillante 2008 para todos los “Brits”.

Escrito por ruedasycuadros

21/08/2008 a 20:06

El honor de los Savio

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Probablemente nuestro protagonista no sea tan rápido como los bólidos del circuito de Monza (en la imagen), pero mi amigo Javi, toda una institución en lo que respeta a ciclismo italiano amateur, me decía siempre que “no puedes despreciar a alguien que haya corrido en Finauto”. La Cycling & Go, como se conoce a la sociedad que gestiona uno de los mejores equipos de desarrollo de Italia, suele sacar siempre una buena mayoría de nombres (y hombres) con talento del país de la bota, y en su “roster” actual figuran talentos cuyo nombre ya alegra los oídos de los más entendidos: Maxim Belkov (lleva un par de años sonando en la cartera de los equipos italianos), los ex-”júnior de oro” Alfredo Balloni y Elia Favilli, Davide Malacarne (pasa en 2009 con Quick·Step), el sprinter Omar Lombardi, Pierpaolo de Negri… o nuestro protagonista de hoy.

En su año de neoprofesional, el pistoiese Francesco Ginanni (1985) no se achantado ante los más veteranos en competición y ha logrado ya dos victorias y dos segundos puestos. En Abril, sólo Rast pudo con él al sprint en el Grand Prix de Istanbul, preámbulo de la Vuelta a Turquía; semanas después, en Larciano se le escapó por la mano el veterano Eddy Ratti, ese hombre que prefiere ser “cabeza de ratón” a “cola de león”; y en el verano italiano han llegado sus dos grandes triunfos: en Carnago, sobreponiéndose en el golpe final de fuerzas a uno de su generación como Matteo Montaguti, o al “viejo inexperto” Christian Pfannberger, quien ya sorprendiera en las pasadas Ardenas después de un positivo hace cuatro años en Austria; y, finalmente, ayer destapó toda su calidad ante los mejores de su especie (Cunego, Garzelli, Pfannberger) con su poderoso sprint, en la Via Montello de Varese, en una HC con una tremenda historia como la de los Tre Valli Varesine, con las banderas lombardas ondeando y la gente en varias filas esperando a los ganadores, muy lejos del chaparrón que acogió el “sprint-à-deux” entre Murro y Bertolini en 2007.

Este toscano, nacido en la Biblos del ciclismo moderno, una zona que respira ciclismo como sólo saben hacerlo los lagos lombardos y la región del Emilia (la de Riccò y sus compinches, no lo olviden), se ha criado a semejanza de los grandes nombres de la escuela italiana. Tiene una filosofía inculcada y jamás se la salta, pero es ese mismo “modus operandi” el que hace grandes a los “azzurri” como raza ciclística. No gastar. Y si se gasta, lo menos posible. Subimos mucho, esprintamos más y tenemos superioridad moral y olfato afilado como nadie. “Lo aprendemos desde jóvenes”, diría Francesco. La filosofía de correr con la cabeza sobre las piernas la heredó de su héroe. El actual jefe de la “nazionale”, Franco Ballerini, un genio para las clásicas y un gran amigo de su familia. Él fue quien le animó a no pasar excesivamente pronto, a hacerlo en su cuarto año de sub23 y aprender los secretos “desde abajo”. Antes, con seis años, edad incluso lógica en este Triángulo de las Bermudas de las dos ruedas, Ginanni comenzó a dar pedales, a ganar carreras con facilidad, ya fuese en “volate” de pequeños o grandes grupos, o también en solitario. Esas victorias, a pesar de no ser tan habituales en su carrera de base, son las que más le han marcado. Más de una decena de victorias internacionales, ya sean de categoría en Italia o con actuaciones con la “azzurra” en Nations Cup, le han garantizado, junto con sus triunfos en el interior, este pase tan acertado a profesionales. Sólo falló en el Mundial de Stuttgart: evidentemente, nadie esperaba que un sprint fuese a decidir las medallas, y la doble apuesta por él y por el “Zalf” Ponzi no le sirvió a Edoardo Savoldi para conservar su puesto como “allenatore” tras el 32º de Francesco.

Ya en 2008, llegar a la Diquigiovanni le marcó profundamente. Hizo de escuela. Allí se encontró con el hombre que le aporta confianza y convivencias. No es un vecino como Ballerini, pero es un experto con buen ojo, un idealista de la bici. Simoni le ha llevado al Stelvio. Francesco ama la “Classicissima”, pero sus piernas tienen arrestos para enfrentarse a los Dolomitas. Le ha enseñado los fundamentos del éxito y (esperemos) le ha alejado de las malas actitiudes (en eso “Gibo” y sus caramelos de cocaína tienen mucho que decir). La terrible lesión de Alessandro Bertolini, dominador de la Coppa Italia en 2007 y probablemente en el abismo de la retirada por sus roturas a los 37 años, le abre la puerta del estrellato como las enseñanzas del propio “Berto” le han descubierto destrezas desconocidas en este primer año. En un equipo sin envidia alguna a la potencia de los mejores ProTour, que corre lo que quiere y que goza de cierto prestigio, la llegada de Ginanni, junto con el despertar de Anzà cada verano y las actuaciones circunstanciales de Ruslan Ivanov, el “Viejas Generaciones” Axelsson o el súper-combativo Raffaele Illiano, defienden este año como nunca el honor de los Savio. Por mucho que el bigotes que lleve este equipo tenga de todo menos honor del que presumir.

Escrito por ruedasycuadros

20/08/2008 a 09:29

Sergei Soukhoroutchenkov: precursor de la “escuela rusa”

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Todos los atletas de referencia posteriores lo han tenido en su pared.  Los hubo mejores que él, como el mítico sprinter uzbeko Djamolidine Abdoujaparov, pero no antes ni más prestigiosos. Desde Alexander Shefer al ya ex-campeón olímpico de puntuación Mikhail Ignatiev, pasando por el antes ídolo Vinokourov o el magnate Oleg Tinkov, todos ellos reconocen la herencia de Sergei Soukhoroutchenkov (1956), a partir de ahora simplemente “Soukho”, en el ciclismo de la Europa del Este. Pavel Tonkov, su rival en su última gran carrera, la Vuelta a Chile de 1991, decía que “cuando Soukho ganó su título olímpico en 1980, yo sólo llevaba dos años compitiendo en carreras ciclistas. Para mí fue un ídolo, un modelo a imitar. Más tarde, le conocí personalmente, e incluso pude batirle en carrera. Incluso él aceptó mi victoria, siendo yo joven. Es realmente grande”.

Nacido en Bryansk, una localidad al sureste de Moscú, pronto se trasladó con su familia a Leningrado, donde estudió Educación Física en la Universidad local, ascendió hasta capitán de la Marina soviética y encontró a la que sigue siendo su mujer, una enfermera llamada Helena, con la que tuvo cuatro hijos, sobre los que destaca la benjamina, Olga Soukhoroutchenkova, que sigue llevando el apellido de su padre por las carreteras europeas con un notable grado de interés en carreras amateur, fundamentalmente francesas.

Su carrera internacional empezó en el año 1978, cuando ganó una etapa y la general de la Vuelta a Cuba, además de una etapas de la Milk Race, el actual Tour de Gran Bretaña. Pero no fue hasta ese mes de septiembre cuando dio su primera gran lección de calidad, a orillas del Lago de Ginebra, en la etapa con final en Divonne-les-Bains del Tour del Porvenir, que alcanzaba su segunda jornada. Cinco días más tarde, distanció a sus rivales en la clasificacion con una sensacional crono en Aix-les-Bains. A partir de entonces, sólo tuvo que limitarse a aguantar en su terreno verdaderamente predilecto, la alta montaña, para ganar la general con 3′33” de ventaja sobre su compatriota Ruslav Galetdinov, no sin antes sumar un último éxito parcial en Thonon-les-Bains. Las tres etapas ganadas por “Soukho” contrastaron con una general copada en sus cuatro primeras posiciones por atletas de la “Madre Patria”, en una carrera donde Faustino Rupérez acabó sexto y el luego campeón del mundo Claude Criquielion fue séptimo.

En 1979, el éxito de la Unión Soviética en la crono por escuadras le llevó directamente al liderato de la carrera, que ya no abandonó. En aquella prueba dominada por los orientales ya asomaba Pedro Delgado, a sólo dos temporadas de firmar con Reynolds y ganador de una etapa. Ese mismo año, “Soukho” se había hecho con la Carrera de la Paz (victoria de etapa en Banska Bystrica con exhibición incluida), evento que ganó en dos ocasiones cuando éste era el más grande del concierto ciclista en los países adscritos al Pacto de Varsovia y surcaba países con regularidad diaria, y con el Giro de las Regiones italiano (también gañó en el ‘81). Sin embargo, su carácter individualista le impidió participar en el Campeonato del Mundo amateur de aquel año. Estas acusaciones le granjarían, años después, cierto rechazo que luego explicaremos. En esos años terminó de completar un brillante palmarés, con esas dos generales finales del Tour del Porvenir, en los ya citados 1978 y 1979, y se quedó muy cerca de conseguirlo en otras dos ocasiones (‘80 y ‘81). Aquellos Tours del Porvenir dejan a los atuales en una sombra de lo que fueron; las etapas de montaña se encadenaban a través de Alpes y Pirineos, a semejanza de la verdadera “Grande Boucle”, y la carrera vivió su apogeo en aquellos años con la participación de corredores como Greg LeMond o el propio Roche, del lado occidental, u hombres de la RDA o del bloque soviético como Olaf Ludwig. Soukhoroutchekov aún ostenta el récord de triunfos en la clasificación general (nadie ha repetido desde entonces con la denominación actual de “Tour de l’Avenir”), al igual que el de triunfos parciales (empatado con Edvald Boasson Hagen).

Pocos recordarán que fue el campeón olímpico en la prueba de ruta de los JJOO de Moscú ‘80, en buena medida porque este título aún seguía siendo coto reservado a ciclistas amateurs. El circuito de aquellos JJ.OO, situado en Krilatskoye y a pocos kilómetros de la captal soviética, era un tobogán continuo que favorecía las aptitudes de “Soukho”, un escalador explosivo, de los que gustan de puertos duros pero no continuados. A mitad de carrera ya iba destacado con su compatriota Yuri Barinov y el polaco Czeslaw Lang, pero no quiso competencia alguna en el sprint y pronto los soltó para adjudicarse la victoria en solitario. Por detrás, futuros “número 1″ como Marc Madiot (ya en contrato con Renault), Stephen Roche, Peter Winnen o Adrie van der Poel terminaron con el pelotón ¡¡a 8′30” de Soukhoroutchenkov!! En realidad, buena parte de su triunfo, al margen del boicot occidental (sólo partieron 112, llegaron 52 a meta y el último entró a más de 20 minutos), se debió a la insistencia machacona de los “técnicos de recluta” de la URSS. El propio Tinkov lo explicaba perfectamente en su día: “Es el método soviético. Si no les impresionas en juniors, nadie se va a volver a interesar por tí. Tienen demasiado material humano a su disposición [...] y, por ello, Soukhoroutchenkov era mi ídolo, era el ídolo de los jóvenes [...] no había otra estrella como él”.

Los más optimistas entre su entorno pensaban que “Soukho” podría haber supuesto una alternativa a Bernard Hinault y Joop Zoetemelk en el Tour del ‘83, donde se llegó a plantear que un equipo soviético acudiría a la ronda gala como amateur invitado por la Societé, hecho que finalmente no se produjo por reticencias del PCUS a tal hecho. En realidad, su condición de soviético le impidió alcanzar muchos logros que los occidentales sí podían conseguir. Algunos equipos profesionales tiraron la casa por la ventana para hacerse con sus servicios, llegando a ofrecerle cifras absolutamente mareantes (1 millón de dólares, según el propio corredor), pero el Partido no le ofreció ninguna posibilidad de salvoconducto para abandonar el país. Además, según el propio Sergei, “cuando ganaba grandes carreras con 25 años, los reclutas de la URSS me rechazaban y me tacahaban de individualista. En realidad, me vi completamente abandonado. Nadie en la Unión Soviética quiere deportistas explotados por encima de los 26 [años]“.  Cuando parecía que su fin llegaba, aún tuvo oportunidad  de volver a brillar; un equipo de amateurs soviéticos fue autorizado a participar en la Vuelta a España de 1986, donde “Soukho” llegó a ser segundo en una fuga de más de 250 kilómetros, donde fue derrotado por el ahora ex-director de Cofidis, Alain Bondue, con un top-5 de etapa mareante: Van Impe, Kelly y Fignon lo completaban. Sólo pudo ser 70º en la general, hecho que llevó a pensar a todos que los tiempos de “Soukho” habían terminado.

La caída del Muro de Berlín en el año 1989 supuso la apertura total para todos los corredores del Este, de cara a correr en los países de referencia, pero, para entonces, el nivel de “Soukho” había decaído ya y su primer contrato con Alfa Lum quedó frustrado en 1990; en ese equipo ya pasaban a figurar nombres de tronío del ciclismo más allá del Telón de Acero, como Poulnikov, Abdoujaparov, Asiate Saitov o el mismo Piotr Ugrumov. Los quince dólares que ganó en ese “Italian Job”  le parecían muy poco en comparación con lo que podía ganar estando en la armada rusa, y abandonó con cierta desazón la residencia de los Alfa Lum en Rimini. Su victoria en la Vuelta a Chile del ‘90, a donde emigró durante algunos años,  su posterior derrota con un bisoño Tonkov, fueron los últimos apuntes relevantes de su carrera. Nadie se explica las razones de la caída de rendimiento de un “Soukho” ya en la treintena, brillante pocos años antes. Las motivaciones para tal hecho son evidentes: el dopaje de estado de la URSS y la sobreexplotación de las grandes figuras en categorías inferiores les impide ofrecer un rendimiento razonable a la hora de la verdad (evidentemente, sin ese primer condicionante en la actualidad, pero con el segundo aún muy presente). La “reconstrucción” y “transparencia” promulgada por Mijail Gorbachov (“perestroika” y “glasnóst”) probablemente le llegó demasiado tarde.

Escrito por ruedasycuadros

18/08/2008 a 11:28

¡Dentaduras bien limpias, pibitos!

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Mis tiempos de “inactividad parcial” con el cambio de residencia, y estos biorritmos tan alterados que llevo con los Juegos Olímpicos como culpable, me impiden escribir en este blog con la regularidad que quisiese. La foto de cabecera quedaría mejor con una sonrisa de oreja a oreja, pero este triunfo en Turquía puede valer como símbolo de la revivificación. He leído esta misma noche que el argentino Max Richeze ha sido liberado de cualquier limitación competitiva al ser sobreseído su caso de positivo por anabolizantes antes del pasado Giro de Italia, y que correrá otra vez en ruta para la próxima Coppa Bernocchi (podría hacerlo en cualquier otra prueba, porque Italia en agosto es como Bélgica en primavera: peligroso hasta para cruzar la calle, no vaya a ser que te pille una prueba de cadetes o el pelotón del Giro del Lazio de aquí a dos manzanas). Ya tratamos en su día el caso de Maximiliano, anunciándolo como un positivo que perjudicaría claramente al ciclismo argentino y a la saga Richeze en particular. Lo cierto es que el “affaire Richeze” apenas se ha hecho notar en la prensa no latina. El famoso estanozolol se ha mantenido como una cuestión casi de Estado, como algo por lo que velan el Clarín y los medios independientes del sur del Río de la Plata, mientras al resto no les preocupan. En Argentina últimamente las cosas se airean de forma un tanto… rara, digamos. No hay más que ver el inicio de gobierno de la inefable Cristina.

A lo que iba: Richeze y su entorno han aireado este asunto como una simple toma de aminoácidos naturales que estaban contaminados. De hecho, el caso no ha sido cerrado el miércoles, como insiste machaconamente la web del equipo, sino que estaba encarpetado a finales de junio, y la Unión Ciclista de la República Argentina, casi como diciendo “nos quitamos al pesado este que corre fuera de encima, que tenemos que ocuparnos de Curuchet y sus apariciones en los JJ.OO. a edad de Master-50″, lo dejó marchar libremente, sin que medie (¿será posible?) acción ninguna de la UCI. Y ahora digo yo: si el estanozolol, un producto administrado bajo estrictos regímenes terapéuticos, sirve para curar anemias muy agudas, ¿en qué se parece a unos simples “rotos” de proteínas que no hacen mal a nadie? ¿Qué recuperante estaba tomando en realidad el señor Richeze? ¿Son sus explicaciones y el proceso de la UCRA totalmente transparentes? ¿Hasta dónde ha estado dispuesta a investigar la susodicha federación por uno de sus ciclistas símbolo en Europa (y JJ Haedo corriendo bajo el paraguas del tío Bjarne, menos mal…)? Lo cierto es que su hermano Mauro ha estado bastante en la recámara del CSF, un equipo al que ni esto le salva de la quema que trae la desvergüenza. Los lloriqueos de Reverberi por no poder contar con él, y tener sólo ocho hombres en el Giro, no se han visto luego respaldados con declaraciones durante todo este tiempo. ¡Bien sabía Reverberi cómo estaba el gallinero y lo que le podía convenir apoyar a los apestados, al ver cómo andaban sus pupilos en la montaña del Giro!

Y, como comentaba antes, Mauro Richeze apenas ha tenido terreno para poder trabajar con el equipo desde el Giro.  Con tanta chicha para cubrir plazas en los equipos tras la tralla de los nueve que estuvieron en la “corsa rosa”, corrió los Panamericanos en el fin de semana del positivo de su hermano, participó únicamente en el Delta Tour como reaparición un mes después y se presentó luego en la Vuelta a Austria y en el Brixia Tour con no demasiados resultados que rascar. Y su misteriosa retirada en Dinamarca antes de empezar ¡por un leve roce evitable con un ciclomotor, hecho que no afectó a Tomei y Savini que iban con él!, sin secuelas de importancia pero suficiente para envitarle en el siguiente vuelo a Italia nos deja un regusto quizás algo amargo para un ciclista que llevaba un inicio de campaña maravilloso para un debutante en “terreno de caza” europeo. Ahora habrá que esperar que su hermano no dé motivos para nuevas sospechas. No se irá la sombra de esta familia en un buen tiempo, porque la prensa jamás se desdecirá ni tratará igual a este deporte como al atletismo (¡cuánto positivo en Beijing solventado con una sonrisilla del locutor de turno!) o a otros loables (sic) protagonistas de los JJ.OO, donde, ¡casualmente!, dos “yonkis” ostentaban hasta ayer los únicos oros de la maravillosa delegación (otro sic, y más grande lo será el ADO) recolectora de chocolate y títulos en diploma, como si fuera un dentista. De momento, los cuatro “hermanitos” pueden enseñar la dentadura. Tú también, Bruno.

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Llegamos casi al ecuador de la Volta a Portugal. Lidera Rui Sousa, dueño de las operaciones de un Liberty Seguros que recordó en el Alto da Torre al mejor LA – MSS en Asturias -¡uy, perdón!-. De los cinco primeros de aquella etapa, cuatro fueron del equipo de Guerra y Koldo Gil. La subida al punto más alto de Portugal continental fue, en todo caso, un gran espectáculo, con enormes diferencias e idas y venidas de los grandes favoritos. Se vio a grandes nombres para el futuro del ciclismo luso (como el ya reconocidísimo Machado o mi favorito para mejor joven salvo por la crono, Vitor Rodrigues). También fuimos conscientes de que Barbosa no va a ganar esta Volta y el Benfica va a sufrir muy mucho. Pero, sobre todo, los portugueses pueden tener la sensación, con mucho de lo más duro ya cumplido, de que uno de los suyos puede volver a triunfar en esta carrera. Napolitano (por dos veces, se nota que la Lampre tiene al sponsor en casa) y el español Francisco Pacheco se repartieron los tres sprints disputados, después de que Plaza se vistiese por varios días con la “camisola amarela”. Próxima estación: Santo Tirso.

Escrito por ruedasycuadros

17/08/2008 a 23:31

Escrito en Ruedas y Cuadros

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