Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

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Por implicaciones personales y profesionales no he podido volver a escribir en este blog sobre los temas prometidos hasta la tarde de hoy. Alejandro Valverde sigue engrosando la “montañita” de 2008 con un granito de arena muy sustancioso, forjado a base de ambición, mucha fuerza y una enorme clase, que puede permitirle, si juega tan bien sus bazas como hoy, lograr en la mañana del próximo sábado la primera medalla de oro de fondo del ciclismo español en unos Juegos Olímpicos. Su triunfo en Donosti, claro y sin paliativos, demuestra esos calificativos que el murciano venía ganándose desde un tiempo a esta parte: es todo un veterano a sus 28 años, sabe qué hacer y cómo hacerlo, no tiene rival en este tipo de carreras y derrocha una fortaleza impactante desde la “primera selección” hasta el “rush” final. Sus rivales han sido de tronío: Kolobnev, Rebellin, Bettini y Menchov han copado las cinco primeras plazas de una carrera con muchos protagonistas, ya desde la salida.

La “primera selección”, como así daba yo en llamarla, realmente se ha originado de un modo absurdo: el medio centenar de hombres interesado en correr a la ofensiva, y no en hacer tareas de bloque o seguir acumulando kilómetros en el SRM de turno, se ha marchado para dejar a los de detrás en un “fuera de control técnico” que sólo han podido salvar el propio Valverde, Vladimir Karpets y Andy Schleck, toda vez que atacaron en Azcárate para solventar una situación muy favorable para los hombres de Unzuúe (los otros seis hombres estaban delante, lo que luego favorecía el control de un excelente Caisse d’Epargne) y desfavorable para Crédit Agricole, el único equipo que no coló a nadie en el grupo de 47. Con la carrera compactada en torno a los valientes, el desgaste propio de una gran clásica ciñó en exceso el cinturón a algunos favoritos, como Cunego, descolgado en el segundo kilómetro de Jaizkibel, o Juanma Gárate, segundo el año pasado y casi cortado (luego se recuperaría) en el final de la “subida símbolo” de la Klasika. La presencia de Arkale, precedido de casi una docena de kilómetros de llano entre Hondarribia y el inicio de la última ascensión, evitó más aventuras que las de un hombre, Alexandre Kolobnev, con una habilidad innata para llegar a tope a las citas de selecciones (fantástico en Madrid 2005, fantástico aún más en Stuttgart 2007 con “chapa” incluida, ¿fantástico en los JJ.OO. con el apoyo de una Rusia consistente?). Ya en Arkale, la aparente fuerza que demostraba Alberto Contador, siempre entre los cinco primeros subiendo Jaizkibel, se desvaneció por la evidente falta de competición para dejar paso a dos tipos de corredores: los guerrilleros del día (Bettini, Valverde y Rebellin) y los segundos espadas, muy a la expectativa.

“Il Grillo” demostró lo ya hecho en el Matteotti y en Valonia, con dos ataques casi irresistibles, pero con claras carencias en “volata”, que invitan a pensar que este Bettini no es el mismo velocista que el de hace unos años. Lo evidencia el hecho de que sus victorias no han sido precisamente sprints de calidad: en Austria supera a Glomser, veterano y rápido pero venido a menos en el Volksbank; en el Matteotti gana por fuerza ante un “field” muy escasito con “Pippo” Simeoni de segundo clasificado; y en la subida a la Ciudadela de Namur del Tour de Valonia se benefició precisamente de eso: del “arrivo in salita”. No son, por tanto, buenos apuntes para una carrera donde la llegada es en una rampa, si cabe, más dura que la de su ya mítica “ráfaga de metralleta” a la señora Eisenmann en Stuttgart. En Pekín tendrá la ayuda de un bloque fiel, con Rebellin como único hombre libre y los Cunego, Pellizotti (engañosa su prestación en el Brixia, visto lo de hoy) o Bruseghin como fieles gregarios ante el chaparrón que se avecinará en el también “engañoso” circuito de Pekín (más propio de Lieja que de San Sebastián). Es precisamente Rebellin un hombre que llega en una forma silenciosamente buena; no ha hecho ostentaciones de ningún tipo, pero ha sido inteligente y salió a todos los cortes peligrosos para acabar siendo tercero.

En la bajada de Arkale, un tímido intento de Samuel de ganar algo de tiempo chocó con lo breve del descenso hacia la zona de Pasajes. Un grupo de cinco con todos los “capos” más un (de nuevo) renacido Moncoutié estuvo a punto de prosperar si no fuese por la acción conjunta de los Liquigas con las motos de comunicación (¿hace falta un Preudhomme dando berridos para poner orden?). Los ataques fueron numerosos entre Pasajes y el Boulevard, pero ninguno prosperó: ni el de Zubeldia, mirando para atrás “a lo Cacho”, como buscando colaboración o esperando a Samuel (¡Samuel no te espera a tí, mamón! ¡y si tienes piernas, vete, que menuda temporadita!), y ni tan siquiera el postrero de Goubert o el de Moncoutié, ya casi entrando de bruces en la playa de Zurriola (primero lo amarró Popovych, en un acto de apresamiento absurdísimo, sin cabeza, como queriendo decir “yo también corro en Silence, aunque no lo haga bien”). Con su victoria (“by a mile”, como dicen coloquialmente a Cavendish cuando gana), Valverde completa una “impressa” a lo Jalabert: no hay mes en que no se muestre en las carreras. Seguiremos preguntándonoslo, después de albergar esperanzas no correspondidas por un éxito en grandes vueltas del murciano: ¿sería más leyenda siendo un Jalabert? Al menos, podremos decir que la impresión de los capos en Donosti fue satisfactoria. El tramo desde Arkale hasta la meta puede ser interesante para mantener en otras citas por su explosividad, buen ritmo subsiguiente y nervios por la entrada a San Sebastián hasta Miracruz. Después de varios años “a la sombra” con ganadores de segundo nivel, la Klasika recupera todo su atractivo. Nos gusta lo que vemos (en todos los sentidos).

P.D. He constatado a posteriori que ni Kolobnev ni Cunego serán de la partida en Pekín.

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