Ruedas y Cuadros

Perfiles e historias de ciclismo por Daniel Sánchez

Archivo para Septiembre 2008

2+0+0+8: Diez… Debutantes

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Con los ecos del Mundial latentes pero casi extinguidos, quizás sea buen momento para intercalar vivencias históricas, ciclocross y apuntes de actualidad con un repaso a las caras que nos han transmitido mayor frescura y calidad en estos nueve largos meses de temporada. Algunas categorías podrían quedar desactualizadas por lo que pueda acontecer en estas tres semanas de Octubre por cumplimentar, pero la que hoy les presento para iniciar la serie “2+0+0+8: Diez”, con los, a mi juicio, diez mejores debutantes (que no neos; hemos tomado la categoría ProConti como límite para establecer este baremo, dejando fuera a los corredores de Continental), quizás no cambie demasiado por los enormes méritos de los aquí presentes. Allá vamos.

1. Francesco Ginanni > Diquigiovanni – Androni

Probablemente ganador de la Coppa Italia de 2008, en la que sucederá en su palmarés a su compañero ya casi retirado Alessandro Bertolini, ganador de cuatro semiclásicas del pasado verano y lesionado de gravedad en las cervicales tras una caída en Camaiore este agosto, este ciclista criado en la provincia de Pistoia, del que hablamos con anterioridad tras su primeros éxitos, se ha atrevido a desafiar a todos los grandes en su temporada de debut tras una trayectoria prodigiosa en amateur. Tras rozar el triunfo en el mes de abril contra Rast en el renovado Grand Prix de Istanbul, se “hinchó”, con su particular estilo mordiente, seguro y sin remisiones, dotado de una gran velocidad punta y puro instinto de “killer”, a ganar carreras desde que comenzó la temporada de pruebas de un día en el país de la bota. Comenzó en Carnago, donde dejó casi por tontos a sus compañeros de fuga, en especial al también neo Matteo Montaguti, con un “rush” final de órdago que le valió para estrenar su casillero; la mejor victoria, sin embargo, llegaría el día 19 de ese mismo mes, cuando batió a “vacas sagradas” como Cunego, Bertagnolli, Garzelli, Di Luca o el propio Giovanni Visconti en la Via Montello de Varese (en la imagen). No contento con eso, ganó otra HC con su éxito ante Honchar en el Giro del Véneto, fue cuarto en la Coppa Plaxxi y cuarto también hace pocos días en Prato. Sus rumores empezaron a agitar el árbol de la “nazionale”, con la que llegó a estar ligado para estos Mundiales y sobre la que desató numerosas bromas, como la de esta caricatura, en la que se cita en la selección a “Ginanni” como único joven ante “gi nonni“, “los abuelos” que finalmente no fueron a la carrera.

2. Tony Martin > Team Columbia

Año fantástico para este germano criado en la cantera de talentos que supone el Thüringer Energie Team de Gerald Mortag y Jens Lang. Rozó en la crono de Milán del pasado Giro su primer triunfo en una GT, si bien ya había triunfado, en un festival colectivo del entonces High Road con Adam Hansen de colaborador, a través de las durísimas paredes de la Hel van het Mergelland durante el mes de Abril. Ganó, además, el prólogo del Ster Elektroter, una crono bastante accidentada en Saint-Genis-Pouilly en el Tour del Ain y el sector final contrarreloj de la Vuelta a Alemania en Bremen, amén de podios en Sajonia, campeonato nacional y un fantástico séptimo puesto en el Mundial de Varese absoluto, todos ellos resultados que lo definen como un avezado contrarrelojista que no hace ascos a otras facectas de la competición. Deberá acabar definiéndose como un vueltómano que dé presencia al país teutón en las pruebas por etapas más exigentes más allá de su propio compañero Linus Gerdemann; sin embargo, aún es pronto para ver en él eso, y quizás no otra cosa como un nuevo Jens Voigt.

3. Jürgen Roelandts > Silence – Lotto

Con dos palabras se resume la revolución que este talento llegado del filial de Lotto (Davitamon) ha impuesto en el ciclismo de su país: campeón nacional. En un sprint muy desorganizado en Knokke-Heist, algo lógico si pensamos que todo el mundo entra en ellos porque todos quuieren ser campeón nacional, Jürgen batió, después de incontables segundos y terceros puestos durante los meses de primavera (con especial atención a su segunda plaza en la prestigiosa Nokere Koerse, con final en el espectacular Nokereberg), al “ciclocrossman” Sven Vanthourenhout y a Niko “Rambo” Eeckhout para vestirse de tricolor tres días antes de cumplir los 23 años. Híper-regular a partir de ese momento, sumó incontables puestos de honor en Dinamarca y en el Eneco Tour, donde se llevó el maillot granate de la regularidad. Para redondear una temporada del máximo mérito, se llevó una etapa ante nuestro JJ Rojas en el caótico Tour de Polonia. Dehaes y Roelandts se pelean ya por ser el nuevo rey de la velocidad en el “país de las dos regiones”.

4. Edvald Boasson Hagen > Team Columbia

Extraordinaria, fantástica, imprevista… con muchos adjetivos se podría calificar la irrupción en la élite del corredor de Rydsbygd. Todo lo que hizo el noruego antes de sus triunfos en Gran Bretaña entraba dentro de las expectativas: Columbia lo cuidó, sin llevarlo a carreras excesivamente duras (salvo el tríptico de las Ardenas), y el respondió dando con dos palmos de narices en Denain a dos hombres, en teoría, más rápidos que él pero quizás menos versados en el arte de las fugas: Jimmy Casper y el “Crédit” Engoulvent. Éste último perfectamente puede estar soñando aún con Hagen, ya que le arrebató una etapa con final bastante revuelto en el Eneco Tour. Sus cualidades en crono quedaron sobradamente demostradas con su segundo título nacional y su primera participación en el Mundial de la especialidad; sin embargo, lo que ha sido más relevante para lanzar a este corredor muy alto en las expectativas mediáticas fueron sus exhibiciones en el Tour de Gran Bretaña: tres etapas conseguidas del mismo modo, atacando sin levantarse de la bici en sprints propios de los años ‘70 y más acostumbrados a ver en Fabian Cancellara… y ante corredores experimentados como Matthew Goss, Giairo Ermeti o el “Killer” Danilo di Luca. En estos meses ha perdido un poco esa vocación de razonable clasicómano, batiéndose más en el llano pero descartando la posibilidad de subir repechos cortos con los mejores. Aún está por hacer (es del ‘87), pero nos dará muchos momentos de gloria.

5. Martijn Maaskant > Garmin – Chipotle

Para Martijn, 2008 ha sido un año mucho menos prolífico en alegrías que el 2007, en el que llegó a ser líder de la clasificación Europa Tour vistiendo los colores del Rabobank Continental; sin embargo, la imagen que lo representa es esa mezcla de contrariedad y esfuerzo cuando atravesó por última vez la línea de meta en el velódromo de Roubaix, a donde llegó a 3′39” de los hombres del podio, pero por delante del ganador de 2007, Stuart O’Grady, y de hombres que han hecho historia como Devolder, Hoste, Flecha o Hincapie. Su primavera fue el momento dulce, ya que acompañó este 4º puesto en “L’Enfer du Nord” con un duodécimo en el Tour de Flandes y otro cuarto lugar en la Eroica ganada por Fabian Cancellara. Le falta esa paso de todos los jóvenes, constancia y confianza, para acabar de explotar todas sus cualidades, tanto como clasicómano como también de velocista y especialista en prólogos más allá de su país.

6. Yuri Trofimov > Bouygues Télécom

Fue el primero de todos en dar avisos de su calidad en profesionales. Llegado de la escuela del Omnibike Dinamo de Moscú, este ruso ligado al BTT y campeón mundial en categorías inferiores culminó una proeza en solitario que le valió, ya en el mes de febrero, la general de la Estrella de Bessèges. Pero sus mejores resultados llegaron con el ProTour: una etapa durísima de apenas 130 kilómetros con final en Joux-Plane y Morzine decidió su paso a la elite, previo 14º puesto en la Flecha Valona. Tras disputar los primeros diez días del Tour de Francia para Bouygues con denodado interés, preparó sin éxito la cita olímpica, con lo que todo parece indicar que el destino de este pequeño corredor del Este estará más cerca de las “ruedas finas” que de las “gordas”.

7. Chris Froome > Barloworld

Llevaba desde Salzburgo demostrando una capacidad clara como rodador que también asume esfuerzos cortos en subida, pero no daba la solidez que atesoró cuando dejó a todo el mundo impresionado en el Tour de Francia, con su enorme madurez a los 23 años recién cumplidos. Muy cerca de la victoria en las cronos de Santarém (5º) y Asturias (4º) y segundo en “terreno Barloworld” con ocasión del sudafricano Giro del Capo, peleó para Barloworld como sólo lo hicieron también un joven con algo más de experiencia como él (John-Lee Augustyn) o gente muchísimo más rodada en esos menesteres (Paolo Longo Borghini). En el Giro dell’Appenino, sólo un nimio momento de flaqueza le impidió disputar la victoria a Bertolini y Ratti, que le sacaron 10” en la meta de Imola.

8. Daniel Martin > Garmin – Chipotle

Acaba de cumplir los 22, pero en Irlanda ya tiene todos los ánimos para ser el próximo gran corredor después de Roche y Kelly. Se aprovechó de la fuga del primer día en la Route du Sud y acabó doblegando en las montañas pirenaicas a un Moreau desfasado y a un espectacular Simon Gerrans, amén de otros corredores de su estirpe como Luca Pierfelici, para sumar su primer general como vueltómano puro. Se fajó con los “perros de presa” de la Volta a Portugal, donde hizo una espectacular subida a Senhora da Graça, y se aprovechó de uan nueva fuga consentida para acabar cuarto el Tour de Gran Bretaña ganado por Geoffroy Lequatre. Antes, en abril, ya había demostrado su talento para las pruebas de un día acabando cuarto en el exigente circuito de Vitré, en la Route “Adélie”.

9. Mauro Finetto > CSF Group – Navigare

Ha sido la última gran sensación. Su talento y su regularidad han sido, si cabe, más compensados que los de Ginanni. Ha perdido una etapa con Garzelli en el Giro del Trentino; ha rozado el podio con lamentaciones el mismo día que Ginanni, quien lo ha eclipsado totalmente, ganó los Tre Valli Varesine; se subió al podio en el Trofeo Melinda y en la Coppa Placci, y en todas esas carreras ha dejado como sello la auténtica esencia, sencilla aunque casi inapreciable, de los grandes campeones. Su futuro está ligado a un hombre peligroso como Reverberi, pero sus miras van más allá de todo eso.

10. Bauke Mollema > Rabobank

El que fuera hace unos años modesto repartidor de periódicos en su Groningen natal sigue, un año por detrás, todos los pasos que están llevando a Robert Gesink a levantarse, como él, como uno de los próximos valores holandeses de referencia. Es gran debutante en este 2008 no por los resultados que ha cosechado, sino por los que deberán llegar y por la impresión que transmite. Aún carente absoluto de conocimiento sobre muchos de sus futuros rivales o de las técnicas de carrera más elementales, basa toda su genialidad en las piernas, en caminar hasta donde le lleven y en disfrutar de la bici sin preocuparse de ninguna otra cosa. En Rabobank le han hecho correr muy poco en su temporada de debut, pero eso no le ha impedido ya gustar al público español, con el que se cartea desde que acabase tercero en Ávila y sexto en la Collada de Salcedillo durante la última Vuelta a Castilla a León, o en un aceptable top-15, dado el desorden de la general por la fuga de Villarcayo, en la ronda de Burgos. Su séptimo puesto en Alemania demostró que ha terminado fresco este 2008 y tiene ganas de aspirar a cotar mayores en lo sucesivo.

Escrito por ruedasycuadros

30/09/2008 a 12:48

El “Altísimo” reina en el purgatorio

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El “espárrago del Giorgione” Alessandro Ballan, con sus 189 centímetros y su inmensa bondad, ha ganado con grandeza y enorme mérito el Mundial más descafeinado de los últimos tiempos. El triunfo de toda una vida para un flandrien de manual tuvo que llegar en un circuito más bien propio de semiclásica veraniega, de los que le gustan a los italianos. Llegué a oír de uno de tantos tifosi informados e interesados que el estado de Ballan, a tenor de sus actuaciones en “uphill finishes” de la Vuelta y, sobre todo, su exhibición en La Rabassa y ese “vis a vis” entre Boonen y él subiendo el Angliru a golpe de silbido, sería el adecuado. Yo simplemente no lo consideraba como posible campeón por la propia filosofía del “todo para Bettini”, pero correr entre escaramuzas, como en Pekín, acabó dando los honores a un segundo espada, que ve inflado aun más su caché después de aquella prodigiosa subida al Kapelmuur en el caluroso Tour de Flandes de 2007.

Mis quejas son muchas, pero la primera es hacia Basso y al comité organizador. ¿No había opción de subir al Sacromonte, como en aquella crono del Giro ‘90 donde Bugno certificó su victoria? ¿No se podía recuperar el Brinzio del ‘51? ¿Obliga la UCI a estos recorridos cortos e insulsos, con una rampa tan poco favorable a las rotuas como la Salita dei Ronchi, donde nada importante ha sucedido tras 255 kilómetros? Los recorridos indeterminados deberían ser erradicados en los Mundiales de ruta, y la tendencia en los mismos es a ver finales de “dibujos animados”: Hamilton 2003, Salzburgo 2006 y Varese 2008 han resultado ser un completo desencuentro, y, si no hubiese sido por despropósitos previos de terceros, ambas tres carreras habrían terminado en sprints más o menos grandes. Y la carrera se resolvió por un golpe asestado casi sin querer, como antesala de la batalla que después no existió. Italia, que venía para romper la carrera y favorecer a Bettini, se acabó aprovechando de tanto “divo” para tener siempre una alternativa, pasase lo que pasase. Y en la recta del Viale dell’Ippodromo se llegaron a juntar tres “azzurri”, tres auténticos “capi” como Rebellin, Ballan y Cunego, contra tres extranjeros: Breschel, Lövkvist y Joaquím Rodríguez.

España ha corrido mal. Está muy bien que te las pongan como a Carlos V, pero no está bien ignorar el “factor Rebellin”, el del capo de toda la vida con camuflaje bélico al que no se sale a rueda de inmediato con semejante equipo.  España, que llevó a hombres como Contador los cuales no aportaron nada, vivió del buen hacer y la fortaleza de Gárate y “Purito”, el último de los cuales acabó siendo la baza y pudo rascar medalla de no esprintar demasiado pronto, toda vez que el grupo de Samuel Sánchez no consiguió conectar con los de delante (cuatro belgas con Van Avermaet a la cabeza, dos eslovenos entre mlos cuales se encontraba el semidesconocido Kristjan Fajt, nórdicos a pares… y un solo español). Así y todo, la culpa del desenlace no es acjacable únicamente a ellos: la actitud en carrera de la nata y crema este deporte ha quedado más que clara en la cita de Varese. Plantarse en plan “malote” en las primeras vueltas luciendo palmito al frente del grupo, dar un par de “pases” cual mal torero… y si vienen mal dadas o mal organizadas, no hay actitud. Freire sólo sabe hacer genialidades cuando el guión lo marca él. Valverde directamente ni se esforzó en cambiar la historia. Y Samuel… en Polonia no se ganan Mundiales.

Bettini, que se empeña en decir que se retira aunque con lo de hoy no le creamos, acabó dándose la mano con su compañero de solaz Erik Zabel, algo que no sería comprensible hace veinte años, cuando la actitud, la garra y el coraje de los verdaderos campeones primaba por encima de las selecciones. ¿A qué viene tanta bondad, tanta buena comunión entre los corredores? ¿Dónde han quedado las actitudes de guerra deportiva (que no personal) entre los fenómenos? ¿De qué está hecho el elixir de la buena voluntad de Ballerini post-Zolder? Lo más gracioso es que Cunego, un tipo al que todo el mundo estaba deseando crucificar tras su enésimo fracaso en el pasado Tour, se ha colgado una plata que no habría obtenido como líder total ni de broma. Australia ni estuvo ni se la esperaba (sólo acabó Matthew Lloyd), Holanda vivió de Gesink (para que luego digan que no es un crack mundial), Bélgica tuvo a cuatro hombres y no se llevó ni medalla (a pesar de que Boonen amenzaba con repetir lo de Madrid, en una forma estupenda), y Breschel sumó la primera medalla para Dinamarca… ¡¡desde la del dopado Bo Hamburger en Donosti en 1997!! Y ni cuarenta tíos, ni sprint masivo, ni ninguna otra historia. Lo único que hace falta para ser campeón del mundo en este “nuevo ciclismo” (sic) es tener actitud. lLa que faltaba en la penúltima subida a Ronchi, donde todo el mundo subía cogidito de la mano. No como Ballan. El Altísimo. Brillante en la mediocridad. Rey de este “purgatorio”, de esta fiesta que ha acabado en “cubatas” de Fairy para olvidar el desastre de esta “piña” (y como piña, se piñaron) de selección española, y de este conjunto de intocables con garra que es Italia.

Escrito por ruedasycuadros

28/09/2008 a 18:26

La debacle de Binda: tributo a Varese ‘51

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Varese, ciudad trabajadora de bellos parajes en pleno vergel lombardo, siempre fue tierra de grandes ciclistas, al estar situada en la zona donde, junto con Toscana, más bici se siente y se respira de toda Italia. Allí, muy cerca de la capital, en Cittiglio, conoció la luz por primera vez Alfredo Binda, ganador del primer Mundial en ruta “de iure” de la historia en 1927 (antes era el Grand Prix de Wolber, una carrera disputada en Francia desde 1922, la prueba considerada como Mundial “de facto”), y aclamado por sus hitos primigenios y sus rivalidad con Constante Girardengo. Su experiencia como espléndido corredor de los últimos años ‘20 y el inicio de la Gran Depresión en todo el mundo venía respaldada y condimentada con cinco Giri d’Italia, tres Giri di Lombardia, dos Milano – Sanremo y, hasta el primer campeonato con sede en Italia, dos Mundiales que acabarían siendo tres, hecho que aún le iguala con Merckx, Van Steenbergen y el hombre que puede romper el hito mañana mismo.

Las presiones de Benito Mussolini habían logrado acercar el Mundial a Italia en 1932, donde Binda obtuvo brillantemente su tercera “iridata” antes de ser suspendido por su Federación, por considerar ésta que su fanfarronería hacia los rivales en las kermesses disputadas tras el éxito de Roma, restaban elegancia a su condición de campeón y desprestigiaban a la propia Italia. Todo aquello no fue más que una vulgar paparrucha: Binda, que se había impuesto por 2” a su compatriota Bertoni en aquella carrera, no era del agrado del “Duce”, quien prefería ver en lo más alto del podio a Learco Guerra, apellido que justifica todo hablando del líder italiano. El primer gran “campionissimo” de la historia ciclística italiana se justificaba entonces con su habitual carácter: “Se nos tiene por fenómenos y sólo somos personas. No entiendo nada”. Binda fue, durante aquellos tiempos, testigo de una de las primeras épocas doradas del ciclismo competitivo, pero no fue nada comparado con el que el tendría ocasión de vivir desde bambalinas años después, ya que su condición de leyenda le llevó a ocupar importantes cargos en la Federación italiana , toda vez que su carrera quedó truncada por una lesión de fémur en la Milano – Sanremo del ‘36, e, incluso, a ser C.T. (comisario técnico, la clásica figura de seleccionador) de la “nazionale” desde 1948 hasta 1961.

Por aquel 1951, la reindustrialización en Lombardía se llevaba a cabo a marchas forzadas, aún sumido el país en los rigores de la posguerra y con un evidente retraso, resultante de la mentalidad rural y agraria del “duce”. Varese conoció su primer Mundial con alegría, como un impulso que ayudase a levantar la economía y alegrar las caras de la población. Había sido elegida como sede para acoger los Mundiales de 1939, evento que no se llevó a buen término por el estallido de la II Guerra Mundial. “Recuerdo cuando, en el ‘39, los Mundiales debían haberse desenvuelto por primera vez aquí en Varese”, subrayaba Carlo Bottinelli, oriundo de aquella urbe y actualmente empresario vinícola de gran prestigio en Italia. “Numerosos equipos extranjeros ya estaban aquí desde agosto para participar. Sin embargo, en el Primero de Septiembre se produjo la invasión de Polonia por las tropas nazis: con ello, todos los equipos regresaron a sus casas. Ello significa que esta [por la celebración de esta semana] es la tercera vez en que se asigna la organización de los Mundiales a Varese, incluso aunque sea la segunda en que se celebran”. Los medios dieron a conocer las excelencias del lugar de un modo que sólo un jefe organizativo como Antonio Ambrosetti, padre del ciclismo en toda la región durante décadas, podía lograr, y las estrellas de la época respondieron a la cita, que parecía estar diseñada a medida de la “azzurra”.

Para la salida de aquel 2 de Septiembre, el C.T. Binda convoca un “siete” de auténtico lujo: Fausto Coppi, Gino Bartali, Fiorenzo Magni, Antonio Bevilacqua, Guido de Santi, Alfredo Passoti y el jovencísimo Giuseppe Minardi guiarán los destinos del país en una ruta exigente, con un punto de partida y llegada que nos recuerda al anodino final de este 2008. Bottinelli la recuerda: “En 1951 el recorrido partía de nuevo [como en el '39] de Varese y pasaba otra vez por la subida al Brinzio, pero ya no por la de Grantola: en su lugar se subía Bedero para descender hacia la [pequeña ascensión por la avenida de] Valganna y terminar en la Avenida del Hipódromo, utilizando el viaducto ya construido entonces”. En total, casi 25 km. a cubrir en 12 ocasiones para una singladura en la línea de las de aquella época: 295 extenuantes kilómetros. La primera mala noticia para el equipo italiano llegó en los días anteriores: Coppi no se presenta a la competición por unas fiebres muy persistentes que anulan cualquier fuerza corporal y le impiden tomar la salida, completando así un año aciago, una “mancha” en su prodigiosa carrera. Aun así, la respuesta al poderío italiano es prácticamente nula y los rivales se cuentan con los dedos de una mano: entre los 45 participantes sobresalen los belgas, con Brik Schotte, “Rik I” Van Steenbergen y Seph De Feyter; los franceses presentan a Louison Bobet y al elegantísimo Raphaël Geminiani; Alemania y Holanda, con pocas opciones, se encomiendan a las genialidades de Schwarzer y Wim van Est, respectivamente; sólo la “Doble K” suiza, con Ferdi Kübler y Hugo Koblet, más Croci Torti como lugarteniente. España, aún en los últimos compases de su aislamiento internacional y con los Cañardo o Montero ya muy lejos en la memoria colectiva, no participa.

La ruta de aquel campeonato, absolutamente invadida por el público varesino, que llenó las cunetas en la cifra mayor jamás registrada para un evento de este tipo (medio millón de espectadores, según las crónicas de la época, llegados desde Turín, Milán, Monza u otros intrincados rincones de la Lombardía), sabía perfectamente dónde disponerse. Bottinelli lo recuerda vívidamente: “Recuerdo aquella carrera con enorme pasión. Yo era muy especialmente fan de Bartali, ya que me parecía el verdadero heredero de Binda, incluso aunque Coppi fuese un campeonísimo. Para ver aquel Mundial me desplacé con mis amigos – éramos algo más de quince – sobre el repechillo de la avenida Valganna, la misma donde ahora se sitúa la rotonda de Induno: había pensado que, si alguno tuviera suficiente fondo en el final de carrera, sería allí donde hubiese intentado sorprender con un ataque. Y para allá nos desplazamos, con la comida en el petate, para pasar todo el día”. En la selectiva ascensión al Brinzio, aún durante las primeras vueltas de la carrera, Bevilacqua atacó con decisión y se llevó a su rueda a Kübler y al bisoño Minardi, que acometió espléndidas labores de gregario durante todo el día.

Sin embargo, lo que podría parecer una fuga descabellada y meramente publicitaria se acabó convirtiendo en el corte decisivo, por la pasividad del resto de competidores que aguardaban en el pelotón trasero. A tres vueltas del final reaccionaron, en un esfuerzo supremo, Fiorenzo Magni y el suizo Torti, que consiguieron finalmente conectar con los fugitivos. No ocurrió así con los otros dos favoritos, el reciente ganador del Tour Hugo Koblet y el italiano Gino Bartali, por aquel entonces ídolo de Bottinelli: “Nosotros obviamente animábamos a cualquier corredor que pasase con una “maglia azzurra”, pero para mí había un “azzurro” más “azzurro” que los demás, Gino Bartali, que consiguió transmitirme allí mismo aún una gran alegría: a dos vueltas de la conclusión estaba muy retrasado, pero decidió lanzarse en persecución de los líderes. Con seis minutos de desventaja en el momento de su ataque, finalmente llegó con un solo minuto de retardo. ¡Si se hubiese dado media vuelta más habría acabado en el podio! Fue una gran emoción verlo, pero una rabia no ser testigo de una victoria suya [...]“. Por delante aún se jugaba la “iridata”: los italianos eran mayoría y contaban con la rapidez en el final de Magni, pero, mientras que Minardi supo entenderse a las mil maravillas con el originario “León de Flandes” (en contra de lo que dicen algunas crónicas), Bevilacqua, flamante campeón mundial de persecución individual en pista aquel año, consideró, en el mismo estilo que “Caruso contra Ponzi” en la carrera sub23 de este 2008 que tenía fuerzas para disputar el triunfo y no lanzó la llegada para Magni. El resultado fue desilusionante para la gente en las tribunas del Hipódromo: Kübler (sobre estas líneas) batía con facilidad a Magni y Bevilacqua, segundo y tercero respectivamente, para sumar su primer y único campeonato mundial.

Aquella carrera fue, al mismo tiempo, un preludio de la cita de campeones de mañana y un antecedente que hace parecer el subcampeonato de Simone Ponzi en sub23 un “déjà vu” de aquel 2 de Septiembre. Italia, que hasta los primeros años de este siglo tradicionalmente nunca había sabido conjurar a sus atletas en pos de un único líder (Cipollini rompió en Zolder 2002 esa teoría), se encuentra de nuevo con una cita en casa, que trae tan malos precedentes como, en su día, generó la de celebrar los Mundiales en Renaix cuando Bélgica recibía el permiso para acoger la cita. Si hubo error de alguien en el ‘51, fue de Binda, por no saber ordenar a tan fuertes y agrestes personalidades. ¿Conducirá la “azzurra” a Bettini para su tercer Mundial consecutivo? ¿Será España quien le dé el cuarto a Freire o el primero a Valverde? ¿O bien, como en aquel circuito del Brinzio, veremos una “Duartada” y un “outsider” vestirá los próximos doce meses de “iridato”? En definitiva: ¿habrá debacle en el 2008?

Escrito por ruedasycuadros

27/09/2008 a 14:27

Y Ponzi aporreó el metal

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“El Pelao” Fabio Duarte (1986) es un corredor singular. Con un positivo en la colombiana Clásica de Girardot en el verano de 2007, sabiamente aireado por la Federación Colombiana tras conocerse el primer resultado en el mes de febrero, este corredor saltó a la fama en el año 2006, tras numerosos éxitos en pista y una asombrosa versatilidad entre escalador, contrarrelojista y hombre de largos esfuerzos, por terminar cuarto en una Vuelta a Colombia que mereció ganar, ya que un error infantil en la etapa de Medellín le hizo perder toda opción con respecto a José Joaquín Castelblanco, ganador que luego dio también positivo y que se benefició de la inexistencia de compañeros para apoyar a Hernán Buenahora tras un percance mecánico en la etapa critérium final. Su excesivamente adelantado paso al profesionalismo europeo con la Diquigiovanni de Gianni Savio no le reportó grandes beneficios personales, por lo que tomó el camino del regreso y se “alojó” en el Colombia Es Pasión donde un ya casi veterano de la “Orden”, el ex-Cofidis Iván Parra, ejerció de “cicerone” para darle las mejores enseñanzas de cara a un nuevo retorno. La forma de tan fabuloso Mundial la adquirió con buenas prestaciones en el Tour del Porvenir; la actitud en carrera la puso desde el principio, desmarcándose de cualquier bloqueo, siendo generoso como el que más y derrochando la inteligencia que sólo puede tener alguien que pelea contra corredores 20 años mayores que él. Sin duda, el “Niño Maravilla”, como la prensa viene dándole en llamar desde su explosión en aquel 2006, volverá a ser un joven a seguir cuando, presumiblemente, coja la maleta y vuelva a Italia.

Y es que una crónica como esta bien debería titularse “Campeón, pese a Italia”. Difícilmente puede encontrarse un mejor ejemplo para suplantar la debacle “azzurra” en “su” mundial. Las lamentaciones de Simone Ponzi, con ganas de estrujar algún que otro cuello en la meta por el ataque de “finisheur” de Duarte en el mini-repecho de acceso al hipódromo, son justificadas e independientes de su condición, prácticamente la mejor de todos los participantes. Los hombres de Rosario Fina han planteado la carrera de manera majestuosa, totalmente a la ofensiva, sin ningún tipo de cuota de caza en el pelotón y con más de un hombre en cada corte peligroso. Sin embargo, los “egos” han podido, uno muy especialmente: el del “tricolore” Damiano Caruso, ese corredor que ha visto el cielo abierto tras lograr el título nacional como única victoria en amateurs y que no ha asumido la labor de avanzadilla que debía tener tras el, a todas luces, hombre estrella de la “nazionale” desde Stuttgart: Simone Ponzi. Salvo Malori, quien practicamente no existió o no hizo tareas más que las que “no se ven”, todo el equipo estuvo híper-comprometido: Oss, ese gigantón de dos metros hecho coraje, rodar y sacrificio todo en uno, no pidió nada a cambio y se fajó en pos del éxito de su compañero de “squadra” en la Zalf; Borchi se infiltró con el propio Oss en la “early break” del día para contribuir a esa estrategia de “lanzadera” de Ponzi; sin embargo, Caruso miró para sí mismo, y no sin fuerzas, pues era una de las mejores ruedas del día, atacó para conectar el solo en la delantera, recoger a los ciclistas del grupo delantero y ver si se podía recoger algo. Incluso atacó en la penúltima vuelta con mucho convencimiento, si bien el grupo pasó a bloque a barrerlo, Gautier atacó nada más neutralizarse y en el curveo posterior todo el “gas” se diluyó.

La última vuelta fue tan espectacular como esperpéntica. Silin, Costa y Ponzi pasaron a 17 kilómetros del sprint final en el primer gran grupo de persecución, ¡¡a casi dos minutos del septeto de cabeza!! Por alguna razón que no se alcanza a comprender, los líderes en pleno se abrieron de piernas, haciéndonos creer que el  irlandés Dan Martin, que había demarrado en el repecho decisivo tan sólo una vuelta antes, vería su esfuerzo “entre dos aguas” compensado. La ausencia de pinganillos privó a Italia de un final más selectivo, y el ataque trasero de los capos Ponzi y Costa hubo de ser espeluznante. Cuando Caruso pensaba recoger sus réditos en un hipotético ataque en Ronchi, se vio rodeado de nuevas caras. Cuando el grupo de 6 ciclistas (Degenkolb por Alemania tras un sacrificio supremo de Nerz; Gautier por Francia; Oss y él mismo por Italia; Duarte y el ya Katyusha Ben Swift por los “Brits”) se vio acompañado por otros tantos a media subida final a Ronchi por Ponzi, Rui Costa (ataque valiente pero sin fuerzas al conectar) o el ruso Egor Silin, no hizo nada por estirar el grupo para lanzar el sprint, permitió que Van Winden (se quedó cortado 5 escasos metros en Ronchi y luego sufrió un mundo para llegar a base de potencia) conectase tras la “flamme rouge”, y acabó posibilitando que Duarte, en espléndida acción de “finisheur” (si no hay un equipo para estirar hasta los 60 por hora, algún desalmado lo probará el domingo), se llevase el arcoiris al otro lado del charco.

Las caras de los medallistas de plata y bronce, Ponzi y un sensacional Degenkolb (Alemania vuelve al podio sub23 tras un año de “parate”, con el título de Ciolek en Salzburgo aún reciente, y lo hizo con un equipo solidísimo y un eventual líder con sólo 18 años para 19), lo decían todo. Entre los favoritos, Eslovenia y Australia estuvieron absolutamente desaparecidos, mientras el “isolé” ucraniano Vitaly Buts, en clara condición de favorito tras su temporada en Italia, se mostró totalmente ausente, decepcionante, dantesco. Casi desapercibida para el espectador neutral la aportación española, con Rafa Valls durante más de media carrera racaneando en los relevos, Castroviejo en el mismo pelotón de Ponzi y Costa en el último paso por meta y Madrazo desaparecido. Pero, lejos de las esperanzas de aprendizaje de los nuestros, hoy las campanas tocaban a guerra en el frente italiano. Y Ponzi, al que pasar a pros con Lampre en 2009 le sabrá mucho mejor que esto, aporreó el manillar de su bici. Y la cabeza de Rosario Fina. Y puede que también su metal.

Escrito por ruedasycuadros

26/09/2008 a 17:24

El imposible de Wittenberg

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Seguro que ustedes no le ponían cara a este ansioso arcoiris. Bert Grabsch es un hombre que se crece con la ansiedad y la rabia, que echa espuma por la boca y desprende brillo en sus ojos cuando se sube a la “cabra”. Uno de los primeros grandes talentos alemanes criados  enteramente fuera del “amparo” de la RDA (profesional desde 1998), nacido en Suiza pero criado en  la “luteranísima” Wittenberg y luego formado deportivamente bajo licencia helvética, se hizo famoso para el aficionado internacional arrebatando, en espléndida acción de “finisheur”, la etapa inaugural de la Vuelta a Burgos de 2002 al mismísimo Michele Bartoli, si bien sus mejores prestaciones siempre llegaron en la lucha contra el reloj, casi siempre vistiendo los colores de su querido Phonak, hasta que la destrucción de aquel equipo por el “affaire Landis” (el mismo que consiguió que Phonak duplicase sus ventas de audífonos en aquel ejercicio; ¡que hablen de tí, aunque sea mal!) le obligó a pasarse al T-Mobile, donde sumó la que, hasta el día de hoy, era la victoria más llamativa de su carrera: la conseguida en el “túnel de viento” de la A-3 hacia Zaragoza, a 55 km/h en 52 velocísimos “clicks”, decisivos para aquella segunda Vuelta de Menchov y también determinantes para que Grabsch fuese “tercero moral” en la crono del Mundial de Stuttgart, si bien Laszló Bodrogi le privó de una eventual medalla de bronce al jugar a relevos con José Iván Gutiérrez.

El nuevo campeón del mundo ha llegado con una prepración cuidadísima a Varese: privado de la Vuelta por no inclusión del Columbia, tras más de sesenta triunfos del equipo de Bob Stapleton (cuatro suyos: en el campeonato nacional, en la Vuelta a Austria y en la Vuelta a Sajonia, todos en crono y con la general de esta última “de regalo” en el triplete de los estadounidenses), se rodó en los llanos interminables de la Vuelta a Alemania (a todo trapo, salvo por la etapa de Hochfüge en los Alpes austríacos) y logró la segunda posición en la crono de Bremen, a 34” de su compañero y amigo Tony Martin y muy por delante de Larsson, Brajkovic o Kangert (por citar ejemplos de mundialistas). Con tanto “niño malo” en la salida  de este jueves (Martin y Konovalovas, del ‘85; Boasson Hagen, del ‘87, al igual que Taaramäe y Kangert), se impuso la veteranía, el arte del saber hacer algo más que imprimir fuerza, el trabajo de la eficiencia plasmado en las prestaciones de tres corredores con presencia internacional: oro para Grabsch, bronce para un recuperadísimo David Zabriskie y plata para el canadiense Svein Tuft, claramente confirmado tras su séptimo puesto en los JJ.OO. Y lo cierto es que nunca estará mejor dicho lo de “presencia internacional” en su caso, al ser un “animal deportivo” en el continente americano. Ahora será una pieza de caza para los mánagers europeos, con la retirada para 2009 de su equipo, el Symmetrics, que buscará ser internacional dentro de dos campañas.

Las claves para el resultado final podrían simplificarse en tres. En primer lugar, la no participación en la Vuelta a España ha sido tónica dominante para los mejores, con ocho corredores del “top ten” entre los no partientes en la ronda española. No favoreció participar, pues la carrera no tuvo contrarreloj más allá del quinto día, exceptuando diez kilómetros de toboganes en el camino de acceso a Navacerrada por Segovia, una distancia despreciable para la medida de fuerzas, y sólo se movieron desarrollos ágiles, absolutamente contrarios a los de los mejores clasificados, durante las tres semanas de competición, con días de ritmo casi cicloturista. En segundo lugar, el recorrido tenía altas dosis de psicología, más allá de la aparente nula dureza de la orografía varesina: la bajada del primer tramo (antes del primer intermedio, kilómetro 8 de la prueba) podía hacerte perder muchos segundos al mismo tiempo que la concentración y la moral. Era necesario saber descolgarse sin soltar los apoyos centrales de la “burra”, arriesgar más que nadie y transmitir fuerza añadida a la cadencia ligera de un desarrollo máximo al bajar. Por contra, el desgaste físico llegaba con los kilómetros posteriores: largas rectas, llanos inmisericordes en los que uno no tiene puntos claros de esfuerzo ni puede regular con toda la confianza sus fuerzas. Para rematar, el repecho de Buguggiate y los falsos llanos (2%) en los últimos 3 ó 4 kilómetros , combinados un viento juguetón (a ratos inexistente, en otros momentos soplando con cierta intensidad a favor al acceder al Hipódromo, algo con lo que contó en su ventaja Grabsch) amplificaban las distancias. Sobre el papel, insulso y falto de kilometraje; en la práctica, una lección de maestría y demostración de buen baremo para conocer a los mejores “cronomen”, a los verdaderos especialistas de la tranca, los que se resisten a la tendencia de cuidar músculos y se rigen por sus instintos.

Los únicos que estuvieron realmente en competición fueron los 15 primeros; José Iván Gutiérrez, decimosexto como mejor español, y Matej Jurco rozaron ya los dos minutos de pérdida y se escaparon del paquete de corredores los cuales, con Tuft y Leipheimer a un mundo y Grabsch a dos, podían catalogarse en el mismo minuto. Las primeras referencias serias, totalmente al margen de lo que realmente huzo Rubén Plaza (32º, con falta de competición internacional y nulas referencias; parece claro que al de Ibi le hicieron la “pascua” teniendo que salir el cuarto), las protagonizó el propio Jurco (a 1′58”), que vivió con el veteranísimo kirguizo Eugen Wacker (a 2′34”), un desconocido en Europa pero doble campeón asiático y bronce en los últimos Mundiales “B” de Ciudad del Cabo, las retorceduras de sillas propias de los éxoticos que salen a primera hora. Pero fue con Tony Martin (a 1′16” con la bicicleta de Patrick Gretsch), Jani Brajkovic (a 1′25”, ¡y eso que lleva dos meses poniendo más ahínco en dar biberones que en dar pedales!) y con un renacido Sergei Gonchar (a 1′38” en su última carrera del año por falta de pagos en el Preti Mangimi) con quienes se establecieron tiempos más sólidos.

La motocicleta que anticipó la estampida de favoritos fue la de Tuft, pero justo tras él llegaría Bert Grabsch, que hizo poca la “dentellada” de más de medio minuto que consiguió el canadiense sobre el más joven de los alemanes. Zabriskie y Larsson fueron los únicos del “top-ten” de salidas que se mantuvieron constantes; Leipheimer lo dejó todo en la bajada para llevarse la medalla, del mismo modo que Larsson careció de fuerzas en los últimos kilómetros para suponer una amenaza al tiempo del medallista de bronce. Devolder, motivadísimo y con un “punch” por encima de sus expectativas, acabó en el mismo tiempo de Millar (6º y 7º, respectivamente). Todos ellos lucharon contra un imposible como el de Wittenberg, pero… ¿era ese destino que proclamaba Lutero el de que Grabsch ganase un título mundial sin el gran favorito en liza? Será un maillot merecido, aunque circunstancial, pero seguro que a Bert, a su mujer Christine (dedicatoria “iridata” por su cumpleaños) y a la gente de su pequeña ciudad eso les parece imposible de considerar. Ni siquiera Bert se lo cree. Es que es el imposible de Wittenberg.

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Edición 17:43: Svein Tuft ha sido fichado por Garmin. Sólo imagínense la escena: Jonathan Vaughters bajándose todo descosido del autobús de apoyo de Dave Z y Millar con un contrato recién imprimido y asaltando al veterano canadiense según sale del podio. Para Tuft, que no tiene equipo para el año que viene, cualquier cosa es buena… ¡¿pero esto?! ¡La gloria!

Y la fiesta se llenó de altavoces

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El Mundial de Varese se va a servir calentito. Apenas han tenido que pasar 24 horas desde que la caravana se ha asentado de la UCI para que el “campo de minas” mediático se desate. La noticia más grave se ha producido hace unos minutos, cuando el máximo organismo internacional ha facilitado los horarios de salida de la contrarreloj Elite de mañana. Mi compañera Ainara ya hizo notar las amenazas que Paco Antequera había recibido de instancias externas por la posible alineación de Rubén Plaza para la prueba al cronómetro; no contentos con entorpecer la participación del alicantino, ganador de contrarrelojes en la Vuelta a Madrid y en el prólogo de la Volta, hace sólo unas semanas, los discípulos de McQuaid se han “vengado” por la inclusión de un “OP” en las filas españolas y han relegado al corredor de Benfica al quinto lugar de salida (13:08), escoltado por grandes especialistas como… ¿Mauricio Soler? ¿El rumano Gabriel Sorin? ¿O tal vez el eslovaco Nagy?

No contentos con eso, han situado a José Iván Gutiérrez diecisiete puestos por detrás de Leipheimer, mientras corredores sin experiencia en mundiales CRI Elite, como el noruego Edvald Boasson Hagen, parten entre los diez primeros. Se consuma así la pataleta de la UCI, la cual, sin medios para prohibir la lícita participación de un ciclista en una de sus competiciones (ya lo intentaron con Valverde, otro “OP”, recuérdenlo), torpedean sus posibilidades con acciones indiscriminadas y raramente disimuladas. No lo asevero yo: el propio Paco Antequera se quejó también, y es obvio que las opciones de Plaza, en un “field” más que debilitado con la ausencia de Cancellara, se tuercen por razones ajenas a su voluntad… salvo que la lluvia de los lagos lombardos devuelva la jugada a la UCI (50/50 para mañana, segura para la ruta de los sub23), algo nada desdeñable por la volubilidad del tiempo en el norte italiano sobre esta época del año.

De hecho, a la UCI se la están intentando meter doblada en estos días, y salen por donde pueden. De esta fiesta se han venido borrando numerosos corredores que ven cómo sus piernas no dan para más, en un sistema que dice muy poco del sentido común de la UCI por la innecesaria prolongación de calendarios, a los cuales, además, se ha añadido este año una cita imprescindible como los Juegos Olímpicos, que hicieron que mucha gente del Tour estirase sus picos de forma y, con ello, no pudiese acudir en plenas condiciones a la cita italiana de esta semana. A la ya archiconocida ausencia de Cancellara, que renunció por falta de motivación y entrenamientos tras una ristra interminable de homenajes en el país helvético, se han ido uniendo Albasini (porque sí, porque mi clavícula no está bien curada -pero para correr en Comacchio el sábado pasado-), Kirchen (porque sí, ya que alega cansancio cuando estuvo dando exhibiciones el domingo en Isbergues), Posthuma (porque sí, ya que su golpecito en la caída de Polonia no da como para estar quince días de baja), Hushovd (me pierdo Pekín por lo del Tibet y Varese también porque sí), Voigt (otro que alega cansancio tras ganar la etapa reina en Polonia), Gerdemann (y mis lesiones infinitas), Mollema (un resfriado persistente, dicen), y así hasta el aburrimiento. En Italia, los aficionados casi ven una conspiración internacional, una serie de “paseos” al más puro estilo “Guerra Civil” por la cual, por alguna extraña razón, la gente desaparece de las listas sin razón convincente. Y aún no les ha tocado a ellos…

A este paso, la “azzurra” debería contar con Ivan Basso (en la imagen), que se está dando auténticos homenajes en loor de multitudes con ocasión del Mundial de su casa, el que él mismo diseñó junto a la federación transalpina, y al que sólo podrá prestar atención arqueando el cuerpo desde una butaca de las tribunas del Mapei Cycling Center, nombre que recibe el hipódromo de trotones de la ciudad (como diría Ricky Rubio: “mágico, ¿verdad?”), aunque también podría intentar hacerlo desde el bloque de pisos de su club de fans, ¡en plena subida por la Salita dei Ronchi! El corredor de Liquigas (lo lleva siendo “de facto” desde el mes de abril, luciendo la Cannondale del equipo por todas las cicloturistas a las que acude) debutará esta misma temporada en la Japan Cup del 26 de octubre, tan sólo dos días después de que se cumpla su sanción. En los foros del de Cassano Magnago ya se vienen divirtiendo unos meses con la “cuenta atrás” de su “squalifica” (la del tentato doping, esa misma). Pero no vayan a pensar mal: me encanta este corredor, sus valores y la garra que le piensa poner a sus actuaciones en cuanto debute… si tiene piernas para volver al “top”.

Pero si alguien ha querido estar al “top” de los micrófonos, ese ha sido el inefable Ivano Fanini, el jefe de ese equipo patrocinado por la Ciudad del Vaticano que empezó hace veinte años luchando contra el aborto, fichó a lo más granado del ciclismo mundial (Cipollini, Garzelli, Manzano… ¡cuánto “crack” junto, y no me refiero a la droga de diseño!) y ahora anda intentando rescatar dinosaurios del pelotón internacional para llevarlos a correr a carreras tan prestigiosas como el Tour Ivoirien de la Paix (a Costa de Marfil fueron Miguel Martinez, Ivan Quaranta… jovencísimos y prometedores, ya lo creo). Él fue responsable indirecto de la muerte de Valentino Fois (en la imagen). Es una acusación dura, lo sé; ¿a quién se le ocurre “rescatar” a un ciclista perdido y ponerlo a correr cuando su salud era una bomba de relojería, demostrado ya todo lo que se metía cuando era gregario de Pantani y fue suspendido por la UCI? Luego se atrevió a decir que estaba “en plena forma”… en ese caso, yo mismo nunca me moriré de una pulmonía, porque parece que sólo se cogen estando “en plena forma”.

Lo importante en este asunto es que Fanini realizó ayer unas incendiarias declaraciones en “La Stampa”, en las que, lejos de ahuyentar cualquier tipo de notoriedad y unirse a la felicidad general de los suyos por tener el Mundial en casa, acusó a cualquiera del podio del próximo domingo de estar dopado y destapó la “Caja de Pantani”, acusando al “Pirata” de haber mezclado sus probetas de control antidoping con un simple gregario, Riccardo Forconi, para evitar ser expulsado del Giro que le hizo leyenda, el de 1998, sólo un año antes de que fuese expulsado en la “corsa rosa”. La respuesta no se ha hecho esperar, y a Fanini, como a la UCI, le crecen los enanos con esas sospechas infundadas. Mi opinión personal es que cualquiera de las dos partes tiene razón, pero, si Fanini realmente cree que tiene razón como tanto promulga desde hace 20 años, debería cerrar su equipo, reunir pruebas y llevarlas a un juzgado. Cobrar por una entrevista (no en metálico, sino en publicidad personal) es lo mismo por lo que se criticó a Manzano, a Díaz Lobato (el mismo del que hablábamos la semana pasada) o a tantos otros que sólo echan “mierda” cuando están convencidos de que no les va a salpicar y su “altavoz” funciona en el momento más apropiado para que se les oiga. Ya se lo dije: la “fiesta” de la que hablamos ayer está llena de altavoces.

PD: Y falta por hablar Armstrong, que inicia hoy sus “conferencias”…

Escrito por ruedasycuadros

24/09/2008 a 17:48

Malori, el primer “hit” de la fiesta

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Una crono desastrosa en su organización (salidas de ruta evitables para Van Winden y Smukulis, una realización decepcionante para los estándares de la RAI), con determinadas ausencias y con muchos corredores excesivamente desgastados tras los diez días del pasado Tour del Porvenir se ha encargado de “abrir pista” en la gran fiesta del ciclismo, que se para en las faldas de los montes lombardos desde hoy y hasta el domingo con los Mundiales de ruta y contrarreloj. Y la crono sub23 ha sido el inicio del jolgorio para los “tifosi”, con la victoria del único gran favorito de la cita de Varese: el corredor de la Filmop Adriano Malori, que culmina así un año brillante con los títulos europeo y universal de la especialidad, ambos con una suficiencia absoluta: más de un minuto a Sokolov y Ovechkin en el lago de Stresa, en el Europeo disputado hace dos meses y medio también en territorio italiano; y 50 segundos hoy sobre el alemán Patrick Gretsch, atleta de la escuela de Turingia donde corren otros talentos como el sprinter John Degenkolb o el ya algo devaluado Marcel Kittel, doble campeón mundial júnior a cronómetro. El podio está puramente compuesto por ciclistas aún fuera del último año de amateur: Gretsch, nacido en 1987, es sólo un año mayor que el ganador y que el medallista de bronce, el sensacional pistard australiano Cameron Meyer, nacido en la gran cantera del Asia-Pacífico: el SouthAustralia.

A Malori el destino le guardaba lo mejor para este 2008. Después de una temporada 2007 en la que ya sobresaltó a los más entendidos con su medalla de bronce en el Europeo de Sofía, además de aquel quinto puesto en el Mundial de Stuttgart que fue disputado en los despachos al considerarse que Mikhail Ignatiev había cooperado sigilosamente mediante las estelas aerodinámicas con el de Parma, Adriano dio un golpe de magia en su segunda campaña de sub23 con resultados muy regulares. Antes de su triunfo en el Europeo había triunfado ya en línea en Montecassiano, en el mes de Marzo, y se había subido al podipo en dos ocasiones en contrarreloj en San Vendemiano y en la Settimana Tricolore, la que le dio en Montecassiano su segundo título nacional. Pero el espaldarazo de Stresa le llevó a mostrarse aún mejor que nunca, aunque también a desgastarse más. Ganó el GP de Castelfidardo junto a la élite internacional y avisó a varios de sus rivales de esta tarde ganando la Chrono Champenois sobre Andreas Henig, segundo hombre de la federación teutona. Todos estos éxitos le han hecho sonar para formar parte del “peligroso” equipo de Reverberi el próximo año, hecho que, junto a su relativamente peor estado de forma con respecto a la exhibición de Stresa, podría haber hecho pensar en una bajada de rendimiento que pusiese en peligro la primera medalla de oro para los “azzurri”.

No fue así, pues, como ya se apreciase a través de la RAI en las subidas y bajadas continuas del circuito de Stresa, el italiano sacó su prodigiosa tranca y sus desgarbados gestos y manías sobre la bici, auténticos “tics” casi enfermizos, para mantener las distancias con sus rivales, casi sin levantarse salvo en el repecho más duro de la segunda parte, escalarecedor de las diferencias entre ciclistas. En los últimos 12 kilómetros sólo quedaba meter el “turbo” para el descenso, donde duplicó por mucho su ventaja sobre Gretsch, un fino portento del más refinado estilo alemán, impertérrito, redondo, alargado y estilizado sobre una ligerísima Focus de la selección germana. La lucha por el podio, encabezada casi desde una hora antes del final por Meyer, estuvo en todo caso en un pañuelo: el suizo de Atlas, Marcel Wyss, rozó la presea mientras se retorcía en su silla de plástico frente a las cámaras de TV, consciente de que le faltó algo de “punch” al inicio para haber desafiado al suizo, mientras algunos rivales muy esperados para las plazas de privilegio cosechaban resultados mucho peores que los del suizo.

Sokolov, ya muy desdibujado hasta su caída en la parte final del descenso al hipódromo de Varese, siguió sin confirmar las buenísimas sensaciones de su 2007, al igual que Christensen, al que su trigésimo lugar final le augura un paso difícil a Elite. Sorprendieron gratamente Borchi, injustamente reserva de la “azzurra” hasta que un accidente dejó fuera a Marco Coledan, y Stetina, imbuido en la buena senda que le dejó su fantástico Tour del Porvenir. Los nuestros estuvieron un punto por debajo de las esperanzas de muchos: Rafa Serrano se quedó lejos del “top ten” y el campeón nacional Arturo Mora cayó al 34º lugar. Los hombres de la prueba en línea lo tendrán tanto o más difícil que los rodadores, pero siempre será un gusto verles pelear… el viernes. Un día antes, la fiesta seguirá con la crono absoluta, a la que, sin Cancellara, Levi Leipheimer acudirá con el poder físico, moral y público de vestirse de arcoiris y conseguir el mejor éxito de su carrera.

Escrito por ruedasycuadros

23/09/2008 a 16:47