Archivo para Octubre 2008
Gianluigi Stanga pasa a mejor vida

-> Cronología de corredores bajo la estructura de Gianluigi Stanga (pdf, enlace propio)
Y no precisamente como persona, sino como vida ligada al deporte de la bici. Es claro y evidente, si bien ya se atisbaba este mismo año con la toma del mando en el equipo Milram por parte de la familia Van Gerwen, con Gerry como cabeza visible. Un cuarto de siglo de vivencias, éxitos, desencuentros y disparates en clave ciclística contemplan la vida de una director que jamás fue “cocinero antes que fraile”. El bergamasco verá en 2009 como su segunda gran obra, el equipo al que cogió siendo el más modesto de los TT3 a finales del año 2000 como Colpack, pierde la esencia que él le dio durante los últimos años, y que en 2006 fue diluyéndose paulatinamente con la entrada del grupo lechero alemán Nordmilch en los maillots del veterano jefe de equipo. En 2009 no quedará ni un solo italiano en Milram. Bueno, realmente sí: Luca Barla, un joven croner que pasó por propia decisión de la actual cúpula, sin ser lo mejorcito del panorama transalpino y al que no parece que quieran ni puedan expulsar del equipo para culminar el “lavado de cara” que afronta la formación azulona en el próximo ejercicio. Un lavado de cara en el que están destinados a convertirse en el último reducto de poder de la escuela germanoparlante, allá donde el ciclismo es casi una herejía, los equipos se caen de la lista como las hojas caducas en el frio otoño y los medios no pierden tiempo, ni siquiera en pretemporada, para seguir machacando al pelotón (no me invento nada: vean la portada de ÖRF Sport y lo comprenderán; ya hablan de “tirar del cartel” la Vuelta a Austria).
No ha sido un director ajeno al dopaje: fue acusado de ser quien introdujo a Jörg Jaksche en los aspectos más oscuros y sórdidos de la competición (él lo negó decididamente y tachó a Jaksche de “absurdo”, pero fue precisamente este hecho el que le llevó a una retirada acelerada, malvendiendo sus derechos sobre la licencia ProTour de Milram a los Van Gerwen), acogió en sus filas a Pascal Hervé (el mayor corredor-traficante que ha conocido este “circo” en los últimos tiempos) y no está exento de polémica en algunos de sus actos. Por contra, ha contado en sus filas, en las dos etapas en las que ha sido director (desde el 83 hasta el 2000 con la estructura que fue Château d’Ax, Gatorade y Polti; desde 2002 hasta 2007 con el actual Milram), con ganadores de las tres grandes vueltas (Bugno, Fignon, Giovannetti, Rominger en sus tiempos mozos, auténticas leyendas de la velocidad (Quaranta, Zabel, Petacchi o Abdoujaparov), corredores que luego cuajaron carreras memorables o que buscaban un acceso digno a su merecido solaz deportivo (sobresalen en este apartado Davide Rebellin y Richard Virenque), e incluso ciclistas desafortunados al firmar por “equipos fantasma” (el campeón del mundo Luc Leblanc firmó con la Polti en Junio tras el escándalo de Le Groupement). Tampoco se olvidó de los ciclistas españoles: Pello Ruiz Cabestany abrió un camino que siguieron buenos corredores, como “Coque” Uría, Dani Atienza o el mejor de los que pasó por allí: el madrileño Dani Clavero. Así, no es de extrañar que la prensa especializada de 2005 considerase como “derecho adquirido”, casi una reivindicación histórica, la entrada de Stanga en el ProTour con un equipo relativamente joven bajo el breve patrocinio de Domina Vacanze. Un máximo distintivo que se tornó perjudicial por vicisitudes del pasado.
No se puede negar que el nuevo Milram gana con el cambio. Dejan de ser uno de los peores equipos de la primera división mundial para convertirse en una formación de campanillas, con gente joven que aspira a entrar, en este mismo 2009, en la elite internacional de ciclismo. Del equipo de 2008 sobreviven once atletas que conforman, quizás casi en su totalidad, el bloque “básico” y de más clara vocación de servicio a los líderes entre todo el nuevo Milram: de esa condición se salvan un cada vez mejor Christian Knees (11º en Suiza), Niki Terpstra (un gran rodador aún por pulir) y los hermanos Martin y Peter Velits (el mayor buscará dar continuidad a la senda que se marcó en el pasado Tour, mientras que Martin tiene futuro como rodador y así lo atestiguó en la última Vuelta). Catorce son los fichajes; Servais Knaven recalará en el equipo de Van Gerwen como claro capitán de ruta, en la que puede ser la última singladura sobre dos ruedas para el ganador de la París – Roubaix 2001. El resto de fichajes, a excepción del sprinter reconvertido a gregario Peter Wrölich, son jóvenes y, en muchos casos, contrastados en la elite mundial. Velocistas no faltarán: Gerald Ciolek al fin será lider de operaciones en su terreno para una gran escuadra, después de no acabar de encontrar su sitio en T-Mobile/Columbia, tras sorprender a propios extraños en aquel campeonato alemán de 2005.
A la “juventud rubia” se unirá Robert Förster, cada año mejor en su punto débil (la colocación), su hermano Thomas y el joven Paul Voss, segundo en Noord-Holland y noveno en el nacional alemán de 2008 para culminar una gran temporada en el 3C Gruppe, en el que coincidió con el nuevo “Saxo Bank” Domenik Klemme, y al que no veremos en las carreteras en 2009 con su paso a Elite-2 en Alemania. Para la media montaña, los peleones Scholz y Fröhlinger, el “casi líder” del Giro Matthias Russ y un incisivo Fabian Wegmann serán los referentes. Pero en las grandes vueltas, la renovación está asegurada para los países de habla alemana: Gerdemann y Rohregger, quizás los mejores proyectos de futuro en Alemania y Austria, compartirán equipo y cubrirán el calendario con ilusión y buenas credenciales (bueno, las de Rohregger no tan buenas… aunque sus dos últimas Vueltas a Austria lo alejan de un Pfannberger de la vida, ustedes me entienden). Con todo, parece que la presencia de un tercer plantel italiano sólido se echará en falta en años venideros, por mucho que se esperen más de veinte equipos profesionales en aquel territorio el año que viene. Uno de los clásicos directores transalpinos ya no volverá a estar, ni en carne ni en espíritu. Stanga pasa a mejor vida.
Monfort y las edades de Gilbert

La foto de arriba corresponde a la tradicional etapa-serrucho de La Gileppe, en el Ster Elektrotoer de 2004. Los flamencos Nuyens (a la postre, nuevo líder) y Paul van Hyfte (ya retirado) habían entrado en meta ya, mientras que nuestro protagonista de hoy, Maxime Monfort, superaba en el sprint por la tercera plaza a Philippe Gilbert, un hombre con el que compartió algo más que paralelismos en el terreno profesional. Gilbert ya había ganado; Monfort estrenó su palmarés como profesional días antes en el Tour de Luxemburgo. Además de ser los dos grandes corredores valones del ciclismo actual (hace ya tiempo que Rik Verbrugghe dejó esa posición en la que se han hallado, entre otros, el legendario Claude Criquiélion, quizá el mejor de la historia ciclista), ambos coincidieron en 2002 buscando un porvenir en el ABX-GoPass amateur (curiosamente, equipo con vinculaciones hacia Lotto, con el que compartía sponsor), donde Gilbert siempre fue capitán de ruta, Monfort ejerció como su mejor lugarteniente, y ambos saltaron desde allí hacia el profesionalismo: Gilbert, de forma instantánea en el ‘03 con Madiot, a quien ahora abandona por Sergeant y su bloque para las clásicas; Monfort, sólo un año más tarde, con Gérard Bulens y en plena fiebre de talentos del Landbouwkrediet.
La evolución de Monfort hasta fichar, hace escasas semanas, por el mejor equipo del mundo (el Columbia del multimillonario Bob Stapleton), es tan continuada y aletargante como la de su paisano y amigo Gilbert, pero siempre bajo un tamiz más selectivo y difuso que el que ha llevado al último ganador de la París – Tours a ser objeto de focos y miradas. Corre con otra mentalidad y otras piernas, pero puede llegar a ser tan apreciado como Gilbert por sus paisanos. Como escalador y hombre de clásicas, siempre será denostado por algún que otro “plumilla” sin escrúpulos al hablar de sus victorias como profesional (dos, la etapa y general de Luxemburgo 2004, un segundo puesto en la Promenade des Anglais en el final de la última París – Niza y una tremenda colección de top-10). Pero es un corredor atacante, y eso le ha abierto las puertas de las escuadras con mejor imagen de marca de este deporte. Se crece ante los puertos más exigentes, los menos largos, los más dificultosos para crear diferencias, los remontes como Aia, La Redoute o, como también le pasa a su paisano Verbrugghe, el Muro de Huy, donde quién sabe si algún día reeditará la leyenda de los Criquiélion, Rik o Mario Aerts de los últimos tiempos. Si encuentra bien el punto de forma para sus objetivos en 2009, será un hombre peligrosísimo; en un equipo de tendencia claramente positiva como Columbia, su cuenta de triunfos seguro que crecerá. Pero antes de hablar de futuro, hablemos del pasado de este espigado atleta de Houffalize, de fina estampa sobre la bici.
Maxime nació en enero de 1983 en el corazón de la Lieja – Bastogne – Lieja, al pie de la bellísima Côte de Saint-Roch. Su familia, poseedora de un restaurante en la pequeña localidad de Nadrin como única riqueza, se sacrificó como pocas para encontrar “estrellas en el cielo” por la ilusión de su primogénito, para el que la bici es un ejemplo de simbiosis y sacrificio, transmitido en dosis de adrenalina e ilusión a todo su entorno, en el que no figura ningún antepasado sobre dos ruedas. Aquel local de Nadrin le vio dar sus primeras pedaladas: con 3 años, sobre un triciclo, haciendo “eses” entre las mesas del café. Dada la cercanía a Houffalize, auténtico templo de la BTT en Bélgica, los primeros pasos competitivos le llegaron a los 10 años sobre “ruedas gordas”, una disciplina que le daría habilidad sobre la bici, gusto por los más exigentes “muros” y mucha explosividad para esfuerzos cortos, sin perder un fondo físico que le ayudaría a despuntar, sobre todo, durante su etapa como junior. No será hasta “Escuelas”, a punto de cumplir los 14, cuando abandonará su condición de “isolé” y se inscribirá en el club ciclista de Seraing, una localidad que, como todas las del Brabante valón, transpiran ciclismo por todos sus poros (acogió la salida del Giro en 2006). En su primera carrera, en la ciudad luxemburguesa de Schifflange, se equivoca al tomar un camino y pincha una rueda, pero, a pesar de tales contratiempos, se las arregla por sí mismo y termina segundo, posición que repetirá días más tarde en Echternach, siempre con la compañía de sus padres, que lo llevan en coche a todas las carreras aun a costa de tener cerrado el local los fines de semana.
Será en su primera campaña como cadetes cuando la ilusión se transformará en éxito: en junio de 1997 consigue su primera victoria en Manaihant; lo tardío del primer éxito no fue sino una confirmación de su extrema regularidad, que le llevó en el ‘98 a lograr siete victorias en sólo quince competiciones y vueltas por etapas. Diez victorias en 1999 le llevan a ser seleccionado para los Campeonatos de Europa por la selección belga. Lejos aún de su terreno predilecto, siempre en carreras con pocos desniveles y más alocadas, sin el “tempo” de un buen “ardennais”, entrará en junior con el equipo GoPass tras dejar Seraing y descubrirá competiciones internacionales. Tras un año irregular en 2000, se confirmará como la gran esperanza valona en su categoría al lograr nueve triunfos en 2001 en el equipo Bornem, filial en otros tiempos del ya extinto Pictoflex, con lo que se garantizará participar en los Mundiales de Lisboa. En su debut en sub23 no desmerece; tiene por delante a su inseparable amigo Philippe Gilbert y el nivel de la categoría le supone un salto cualitativo notabilísimo, pero su sueño sigue adelante y dos victorias elevan sus ambiciones. 2003 será capital para su temprano paso a profesionales, con sólo 20 años: de menos a más durante toda la campaña, conseguirá dos victorias en su país durante la primavera antes de viajar al Baby Giro, donde asombrará a los expertos transalpinos logrando el 15º puesto en la general final, el mejor de todos los desplazados desde “il Belgio”. Confirma su paso como stagiair con Landbouwkrediet a inicios del verano, corre en Copa del Mundo sub23, en el Campeonato de Europa de Atenas y cierra un año fastuoso con un trabajadísimo 17º puesto en el Mundial sub23 de Hamilton, después de mover él mismo la carrera y terminar en el sprint del pelotón junto a gente muy rápida como Giovanni Visconti o Jussi Veikkanen (aquel día ganó Lagutin, por delante de Vansummeren y Thomas Dekker).

Su carrera como profesional hasta la fecha de hoy se ha dividido en dos períodos muy diferenciados: por un lado, sus dos primeros años en Landbouwkrediet le dieron imagen de “guerrillero”, como todo el equipo de Bulens en aquellos tiempos, peleando por cualquier carrera de un día y con una regularidad e insolencia hacia los grandes digna de elogio en las pruebas por etapas; a partir de 2006, con su salto a Cofidis, llegaron las grandes carreras, los momentos de dificultad, la reconversión a vueltómano por las necesidades de Boyer y la actitud de valentía reconvertida en labor de liderazgo por su enorme talento. En 2004 firmará actuaciones regulares pero discretas durante buena parte de la campaña, incluido su debut en la Flecha Valona (116º), pero su gran alegría, su primer momento de brillantez, como aquel segundo puesto en Schifflange con sólo 14 años, llegó en el Gran Ducado, donde batió al sueco Adamsson en un “sprint-à-deux” en la capital de Luxemburgo y se “agenció” los segundos suficientes para conquistar la general de la carrera (en la imagen), por delante de Torsten Hiekmann, Jörg Jaksche, Koos Moerenhout y Juan Antonio Flecha. El día después de ganar esa carrera fue sexto en la Flèche Hesbignonne (cinco LBK entre los siete primeros), carrera en la que abrió un ciclo de numerosos puestos de honor (cuarto en el ya comentado Ster Elektrotoer, sexto en la Vuelta a la Región Valona, octavo en Limousin, 15º en la Vuelta a Holanda [actual Eneco Tour], 12º en Fourmies, 15º en la Ciudadela de Namur en el Tour de Valonia y 37º en Lombardía).

En 2005 roza la victoria, iniciado el año, en Bessèges contra Freddy Bichot, hasta contabilizar cuatro segundos puestos y un cuarto lugar en la general de un descafeinado Tour del Porvenir, dominado por los jóvenes del CSC con Lars Bak de líder casi de principio a fin. Entre medias, perderá al sprint una etapa de Renania (la carrera que ganó Schumacher dopado hasta las cejas en el Shimano de Arend Scheppink), será también “primero del resto” en la crono del Regio-Tour (tercero en la general) y cerrará la campaña con la satisfacción de haber debutado en algunas de las pruebas más importantes, como Critérium Internacional (22º), Lieja o París – Tours. Tras un año en el que fue el mejor de toda su escuadra, Van Londersele lo reclutó para Cofidis, donde, a principio de campaña, todavía se vería algo de la esencia del antiguo Monfort, incisivo e incansable, atacando entre puertos en su primera París – Niza, en una jornada camino de Cannes donde venció tras cabalgada Andrey Kashechkin. Llegará a su primera grande, el Giro, que lo cautivará por la dificultad de sus puertos, los cuales más adelante atestiguará como “responsables de que el Giro sea más duro que el Tour”. En un primer gran alarde de sobriedad, pasará desapercibido por todas las etapas (su mejor clasificación fue el 19º en la jornada recortada de Plan de Corones, cuando Piepoli ganó en el Passo Furcia) pero será 33º en la general, resultado que pudo ser mejor de no dedicarse a trabajar en los primeros días y descolgarse en la crono por equipos de Cremona. La temporada de aprendizaje se completará con salidas internacionales a nivel “espoirs”, con un 11º lugar, mucho más razonable por la extrema dureza del recorrido en 2006, en el Tour del Porvenir ganado por Moisés Dueñas (tercero en la cronoescalada de Chamonix, tras Stef Clement y un “¿intratable?” -deberíamos decir “¿tratado?”- Dueñas).

El año pasado se vio ya a un Monfort muy diferente, sin las taras de la inexperiencia, sin la presión de las metas desconocidas ni los parajes adversos, en un registro mucho más adecuado a sus posibilidades en la elite y con un final de campaña atronador. Comenzó a funcionar a partir del verano, con una buena etapa en el Tour de Suiza, atacando a sus rivales en la subida a Crans-Montana. Llegado Agosto, cedió fuelle ante los 2500 metros de altura del Rettenbachferner, en cuya meta de la estación de Sölden perdió dos minutos y medio, pero una crono portentosa en Fürth le hizo ganar seis puestos de golpe y le permitió presentar unas credenciales impolutas de cara a la inminente Vuelta a España, donde se salió de las expectativas. Apareció con los mejores en la subida a los Lagos, en la que fue quinto tras verse encuadrado en un grupo con ¡Devolder, Piepoli, Denis Menchov y Carlos Sastre! La crono de Zaragoza le dejó en una situación en la general que supo conjugar para rozar el “top-ten” a final de carrera, no sin antes mover el “árbol” en la subida a Cerler, quizás su momento de mayor protagonismo como profesional, ser noveno en las murallas de Ávila y repetir posición con una estupenda crono en Villalba. Un 11º puesto el cual le permitió poner sus ojos en las carreras de siete días más jugosas del calendario y labrarse, al fin, un nombre en equipos de campanillas.
Su 2008 es el más sonado entre los menos expertos: 9º en Valencia, 14º en París – Niza, 4º tras una gran crono bajo la lluvia en Critérium Internacional, quinto en País Vasco (octavo en el muro de Aia y sexto en la crono del día siguiente) y noveno bajo un “field” de favoritos algo limitado en Dauphiné (floja participación en las clásicas). En el Tour de Francia firma dos excelentes cronos, e incluso su inicio de carrera lo convertía en candidato al maillot blanco de mejor joven, Una caída en las últimas jornadas le hará terminar la carrera con dolores de espalda y un enorme desgaste en las piernas; aun así, por su 22º puesto en la general de la Grande Boucle se convertirá, “vox pópuli”, en el protegido por la selección belga para la prueba en ruta de los Juegos Olímpicos, carrera que no terminará (26º el miércoles siguiente en la contrarreloj). En la Vuelta a Alemania no estará especialmente brillante, pero dos buenas cronos le vuelven a llevar al top-20 de la carrera, hecho con el que cierra prácticamente la temporada (se aprovechará de los cortes el último día para ser 10º en la general del Circuito Franco-Belga). Tenía contrato con Cofidis hasta el final de la temporada 2009, pero los problemas económicas que atosigan a Cofidis y le obligarán a abandonar el año que viene llevaron a Eric Boyer a liberarlo, hecho que permitió a Monfort fichar por Columbia. Sus objetivos para 2009 quedaban claros en una reciente entrevista de Vélo-Club: “Aún es demasiado pronto para hablar en profundidad sobre ello, pero ya he discutido con el staff del equipo sobre mi participación en el Tour de Francia. Aparentemente, el objetivo es ser el lugarteniente de los líderes, Kirchen y Rogers. En otras carreras por etapas, como París – Niza o la Vuelta al País Vasco, el rol de líder será para mí [...] Aún soy joven y no me siento suficientemente fuerte para conseguir un top-10 [en el Tour]. Será dentro de dos años, sólo tengo 27 (sic: 26 en enero), aún tengo tiempo“. Que así sea.
¿Conspiración cada tres décadas?
Diseño de la firma Colnago (recientemente comprada por los taiwaneses de Giant), diseño clásico pero dotado de elementos de ultimísima e irredundante vanguardia, inserciones en “rojo Ferrari” y 16.000 euros de precio final. ¿Es tal el precio de las vinculaciones que las grandes marcas deben lograr entre sí para aunar simpatías entre los aficionados al deporte? Pasa algo parecido entre la firma de Maranello y la fábrica deportiva de Ducati. El hecho mismo de que Colnago, como tradicional firma de referencia en el mercado más purista de la bici, se vea unida en términos de mercadotecnia a empresas tan importantes para el corazón de Italia, no deja de reseñar un hecho que muchos niegan y ante el que otros vacilan y buscan justificaciones para rehuír la evidencia: el ciclismo es un deporte que mueve cantidades económicas como las de los grandes “monstruos” de bombo mediático y pandereta monetaria, como la propia Fórmula 1 y el otro gran “circo” de la MotoGP.
Barloworld, el mismo equipo que tuvo que sufrir la mofa y escarnio públicos durante buena parte del 2008, con los desencuentros en forma de caídas de Mauricio Soler en Giro y Tour, y más aún con las tretas vergonzosas del bejarano Moisés Dueñas, ha publicado hoy un informe por el cual sus beneficios económicos a partir del patrocinio del equipo, aun con todo lo que ha sucedido, se elevan a 2′5 billones de euros (2.500 millones, en nomenclatura europea). 500 supuestos clientes, particulares o representantes de empresas, se unieron a los propósitos de la empresa constructora tras asistir al Tour de Francia en persona. Y la competencia es dura en este sector si “hablamos en ciclismo”: Weber, que patrocina el maillot de jóvenes del Giro desde 2007 y pone muchísimo dinero entre las vallas de las pruebas auspiciadas por RCS Sport, cuenta con el mismísimo Giancarlo Ferretti como “relaciones públicas”. El mismo que salió por la puerta de atrás tras la estafa de Sony Ericsson a finales de 2005. Se juega con nombres, cifras y emolumentos intangibles muy sustanciosos. Y ello, en tiempos de crisis como los actuales, para mí borra del mapa cualquier excusa que puedan argüír los “Alarm-Men”, los cuales siempre son muy dados a esgrimir como argumento catastrofista el famoso “ya no hay marcas famosas patrocinando equipos ciclistas”. Curiosamente, siempre sacan a Fagor o Toshiba como ejemplos destacados, cuando dichos equipos contaban con un “status” fuera del top-10 internacional de finales de los ‘80 y se nutrían de hombres en formación (Jalabert pasó por Toshiba antes de iniciar su gran “reinado” en la ONCE) o en decadencia.
Se han preguntado cuántos equipos pasarán, teóricamente, de la barrera psicológica de los 10 millones de € en 2009? Se los digo: Katyusha, Garmin, Cervélo (a la mínima que se confirme su sponsor principal definitivo), Saxo Bank – IT Factory, Columbia, Rabobank, Astana y Quick·Step. Además, en 2009 viene Knauf, una multinacional de las “gordas”. Dejamos fuera a Omega Pharma, que paga lo que necesiten, y a Caisse d’Epargne, que se acerca pero vive con la tensión de que la nueva cúpula directiva del banco siga pagando desde 2010. Pero, aun así, dividan parte de esos 10 millones entre 25, y escandalícense con las fichas medias de ciertos conjuntos. Hay equipos, como el recientemente “recalificado” Extremadura o “lo” de Matxin (que me perdone mi amigo David: ya no lo puedo llamar “él” cuando “Gominolas” no suelta prenda a 29 de Octubre, y a Rebellin se le caen más pelos de la calva mientras eso ocurre), que sufren or desinterés, público o privado. Luego no comprenderán los enormes conflictos de intereses en este deporte y la insistencia machacona que, en círculos de amigos o en este mismo blog, demuestro a veces en pos del “amateurismo” si se quiere erradicar el dopaje. Y no busquen el argumento “en sub23 se dopan, e incluso en junior”. Recuerden: allí se hacen con intención de poder subir o de cobrar algún día; en profesionales, por vivir de ello. Pregúntenle a Bernhard Kohl, o al propio Moisés Dueñas. O a Moreni, que no creo que viese aumentada su fichapor jugar con “barritas de regaliz”. Y si se encuentran a Landis, el que hizo triplicar las ventas de audífonos Phonak en 2006 (si ya lo dice el refrán castellano: “que hablen de tí, aunque sea mal“), tampoco duden en preguntarle. Bueno, y por su necrosis de cadera.
Y todo este hecho probado, sobre el movimiento económico que genera el ciclismo, es incómodo para los “poderes fácticos”, esos que tanto citaban los precursores de la semiótica americana. Para cualquier grupo editorial con televisión o periódico propios es mucho más sencillo poner una cama de hotelito (o escribir desde la redacción, o el teletrabajo, que “másmola más”) al “plumilla” de turno para cubrir cierto TMS de tenis, que pagarle seis hoteles diferentes, viajes en coche, localizaciones en zona de prensa y atenciones y dietas diversas en una simple París – Niza. Retransmitir el ciclismo, como ya conocen desde que TVE cortase la ración al calendario español en 2007, con condiciones absolutamente leoninas, también cuesta sus 180.000 euros por carrera (cifras oficiales, no me las invento). El hecho de que los dos mejores corredores de la temporada 2008 sean españoles (lo dice Juanito Lanas hablando en el quiosco, lo dice el CQ Ranking y lo dice hasta el mismo Angelo Zomegnan, si hace falta) es incómodo. Para los “mass media” es mejor que la situación se mantuviese como en los primeros años de este siglo. O como en los últimos de los ‘70, antes de que Ángel Arroyo y Marino Lejarreta empezasen a repartir(se) leña en el propio Tour o en la Vuelta (“reprise”: Mancebo rozando podios del Tour y Heras pegándose con el Santi Pérez de turno en la Vuelta), y sobre todo desde el “boom” de Perico (“reprise”: Alberto Contador). Y yo, que soy mal pensado, más con los de mi “gremio”, veo conspiración contra lo que no reporta beneficios. Al menos, a los hijos de Polanco, al Grupo Godó y a sus respectivas “troupe’s”. ¿Será que las conspiraciones llegan cada tres décadas?
Lo que no se vio: Tabor

La carrera de Tabor vista ayer nos ofreció un circuito ya conocido: abierto, entre prados de rastrojos, con hierba muy corta y desgastada, casi de tundra, en un trazado con poca selectividad, donde pequeños detalles marcan la diferencia. Cuatro elementos clave determinaron la buena impresión general de la segunda cita de Copa del Mundo: en primer lugar, la emoción por saber quién llegaba por detrás en el inicio de carrera, puesto que la falta de dureza permitía que una docena de corredores llegasen al último tercio de cross con cierta “chance”. En segundo lugar, la prestación de Sven Nys, ya recuperado pero sin verdaderas ganas de armarse el hatillo a la espalda y ofrecer una exhibición como la de 2005, con menos posibilidad de “exploit” (palabra intraducible al castellano, que expresa oportunismo y buen hacer para tomar ventaja de la falta de forma física de la competencia) que en las primeras carreras. En tercero, el auténtico “papelón” de Bina, Stybar y Simunek en su casa, súper-combativos y siempre delante. Y, por último, “el show de Albert”. Dominio absoluto en las tres últimas vueltas. Si hubiese querido, hubiese regresado antes al grupo donde no entró por los despistes iniciales. El más fuerte de largo, en una carrera que desgranamos punto por punto en nuestra segunda entrega de “Lo que no se vio”: Tabor.
Albert saca a relucir su estrella en Tabor

En la localidad checa de Tabor hemos asistido al nacimiento del futuro dominador mundial del cross: Niels Albert ha demostrado las maneras que venía evidenciando desde hace dos años, con numerosísimos triunfos y enfrentamientos directos con los más grandes del barro, para ganar su primera carrera de Copa del Mundo (sólo había disputado dos, ya que su edad le obligaba a correr en sub23 aun con un nivel absolutamente superior). En el mismo circuito donde hace cinco años se proclamó campeón europeo ¡¡junior!! (háganse a la idea de la enorme juventud del corredor de Palmans), Albert atacó en el instante preciso, en medio de un percance de Sven Nys, quien hizo el “afilador” con Françis Mourey al salir de un viraje, para tomar una renta de una docena de segundos y desbancar al “Canibaal van Baal” el liderato en el ránking de la Copa del Mundo. He de reconocer que me equivoqué con él, adjudicándole un status de “tercero en discordia” que se ha mostrado como un atisbo de infravaloración y mala idea. Su éxito es el final de una carrera decepcionante, con un trazado lamentable y con absoluta falta de dureza, en el que hasta qunice corredores llegaron a rodar a relevos en cabeza cuando restaban tres giros para la conclusión. Una tradición, una correspondencia con la emergente cantera de talentos checos de las campas (hoy ha quedado refrendada esta afirmación), pero que debe mejorar en temas de infraestructura y comportamiento deportivo si no quiere convertirse en una cita menor, en un encuentro pasajero de la elite con el país, como ya lo fue Suiza al incluir circuitos en Wetzikon y Aigle hace tres o cuatro años para acabar fuera del máximo circuito internacional.
Sin embargo, nada parecía lo que acabó siendo cuando Lars Boom y Martin Bina encadenaban minutos de liderazgo en el larguísimo grupo de favoritos de las primeras vueltas. Albert, Groenendaal y, sobre todo, Bart Wellens, se despistaban en la salida y veían cómo sus opciones podían quedar dinamitadas por el fortísimo ritmo del inicio. Junto a ellos, Sven Vanthourenhout, casi plenamente recuperado por su lesión, recogía cuerpos quemados al tener que salir desde el cuadragésimo segundo puesto sobre una parrilla de 59. La caída de Enrico Franzoï, en su segunda prestación seria de la temporada, propició un primer corte de siete corredores, en el que el ya citado Bina, dominador absoluto de la copa nacional Toi Toi y patrocinado por el club ciclista de la propia Tabor, llevó siempre la voz cantante por su perfecto conocimiento del terreno. Los checos se dedicaron a lanzar a ataques diversos (uno de ellos, propiciado por Radomir Simunek, puso en jaque a los grandes y nos hizo rememorar el resultado de 2006), y una vez que Wellens, Albert y Vanthourenhout recuperaron posiciones de cabeza tras sendos malos inicios, fueron los encargados de salir a todos ellos e, incluso y como en el caso de un recuperado Wellens, contraatacar y neutralizar él solo. Boom y Nys pusieron las notas disonantes: el primero aún peca de falta de forma, lo que, unido a una molesta lesión en la espalda, nos hace dudar sobre si su primera victoria de la temporada llegará, como él desea, en la CdM de Pijnacker en su tierra, dentro de quince días. Por otro lado, vimos un Nys conservador, atento a posibles cortes, tan fuerte como en los últimos compromisos, pero que, por su propia indiosincrasia, hila en el mismo jersey resultados de auténtico dominador con episodios de auténtica mala fortuna, como el golpe en el ojo contra el manillar en Lebbeke o la caída de hoy.
Tras ello, no hubo opción casi a la reacción: Albert se marchaba sin remisión, mientras Wllens, Bina y Stybar conformaban un grupo al que luego se adhirieron, no sin empeño ni denuedo, el propio Nys y Kevin Pauwels. Un corte en el último giro determinó las tres posiciones inmediatamente posteriores a Albert, con los checos acompañando al jefe de Landbouwkrediet, que luego renunció al podio, por falta de ganas y también de fuerzas, tras el calentón derivado de la caída. Cuatro checos en el top-10 (contábamos con tres, pero no con Bina ni con Ausbuher, y quizás sí con un Dlask que es símbolo inequívoco de la mediocridad del Fidea, que se vale de Wellens y Meeusen para salvar muchos días la honra). Notas interesantes las de Zahner y Jonathan Lopez: el suizo, que corre ruta con un equipo casi artesanal, el Bürgis, aprovechó las “rarezas” de este domingo y se comió por momentos a su compatriota Heule; incluso llegó a liderar la carrera a media sesión. El francés sigue dando pasos, y hoy ha terminado ya en el top-20. La nota negra, negrísima, neguérrima (sic), la puso Erwin Vervecken, completamente ausente, con síntomas y dejes de retirada, al que el paso a Revor parece que lo destina ya a ocupar, tras tres títulos mundiales y una carrera legendaria, cargos de dirección fuera de la actividad competitiva.
Con él se atisba el relevo: la caída definitiva de un Vervecken al que, no obstante, le quedan tres meses para “enmendar la plana”, ha supuesto el salto definitivo de una nueva estrella. La que ha sacado hoy a relucir un talento de 22 años: Niels Albert. En el día de la juventud. La media del podio: 23 años y medio. No se dirá que esta temporada es “aburrida y de dinosaurios”, como llegó a firmar Van Rossum hace dos años con el dominio de Nys y Wellens. Precisamente los jóvenes sub23, privados ya del dominio apisonador de Stybar y Albert el año pasado, nos brindan carreras interesantes: hoy, en la primera manga de “su” Copa del Mundo, Walsleben hizo valer su mayor experiencia sobre el subcampeón mundial Aurélien Duval y el ganador en Kalmhout Tom Meeusen, todos ellos de uno en uno, y siempre por delante de los checos Bambula y Kloucek. En juniors, “más bocatas de lo mismo”: Eising que se presenta en la salida, Eising que arranca cuando quiere, Eising que regula, Eising que debería pasar pruebas de ADN para confirmar su edad porque su altura no es normal, Eising que gana con contundencia otro día más. El pequeño Lars van der Haar, quien parece su sombra en el calendario nacional y en el internacional, acabó segundo, por delante de la armada local (en categorías inferiores, la falta de tiempo para probar realmente los circuitos antes de la cita competitiva ayuda muchísimo a los “natales”).
Una “réentrée” alejada de las demás

Ivan Basso acaba de terminar la Japan Cup, la última competición Hors Categorie del año 2008, en una espectacular tercera posición al sprint, por detrás de los dos hombres más en forma a estas alturas del año (Cunego ganó Lombardía, y Visconti animó por momentos la carrera en Ghisallo), y en un circuito a la medida de sus características. El resultado y su nudo argumentativo para la consecución de tal desenlace son despreciables en este asunto. Lo importante es ver cómo la imagen defenestrada del varesino se ha reconstruido a golpes de nueva moral en apenas unos meses, con un descarte de elementos perniciosos digno del buen jugador de mus y el beneplácito de los grandes medios italianos como acicate para su “lavado de cara”. Tanto es así, que el que era recordado hasta el pasado invierno como el famoso autor de la frase “Ho tentato di doping” (nunca lo cogieron, eso es obvio; lo engañaron haciéndole pensar que tenían unas bolsas suyas recién traídas de Madrid, cuando lo cierto es que esa sangre, en principio, nunca estuvo en manos de las “autoridades competentes”, en el sentido más estricto de la palabra), ahora es aún más ídolo que cuanto lo fue cuando arrasó en el Giro 2006, un mes antes de ser apartado de un Tour, que era prácticamente suyo, por la Operación Puerto (tan efectiva y generalizada por todos los deportes, querida ella).
La cantidad de pancartas y pintadas que engalanaban las calles y viales de los alrededores de Varese durante la semana mundialista eran escandalosamente abundantes, en parte ello favorecido por la cercanía a su Cassano Magnago y por la presencia del cuartel general de fans del de Liquigas en plena Salita dei Ronchi. Y este resultado, en tan lejano paraje para los europeos como prolífico en lo deportivo para la “azzurra” (ya lo comentamos: Cunego, que ahora repite su victoria de 2005, Manuele Mori y Riccardo Riccò son los tres últimos ganadores), sólo puede contribuir a alimentar una pasión, una esperanza, un sueño que ya es de media Italia y lo acabará siendo de la otra media cuanto más se acerque ese Giro del centenario que saldrá de Venezia el próximo 9 de Mayo: ver a Basso al mismo nivel tras su sanción, algo que ningún corredor en los últimos tiempos, con la excepción consabida de Garzelli (nunca repitió su victoria en el Giro 2000), ha logrado.
Los mimbres están puestos para la rehabilitación, al nivel deportivo y también desde el punto de vista ético: entrenamientos estajanovistas, auténticos simulacros de carreras por etapas de cinco ó seis días, bajo estricto control médico (el del Centro Mapei en la propia Varese), analíticas y datos de pulsómetro accesibles a cualquier persona previo registro gratuito, calidad innata en el terreno estratégico (o bien: aunque lleves año y medio sin correr bajo estas condiciones, se desmuestra y se sigue demostrando que las piernas dan lo que no tiene la cabeza) y mucho, muchísimo apoyo institucional para hacerlo bien. En Abril ya se sospechaba que Amadio y Zanatta se jugaban tirar una “carta” bastante voluble a la mesa, y más aún con el positivo de Beltrán en la carrera en la que, a veces, cualquier equipo de nivel justifica el sino de toda su campaña. Después de imbuir a buena parte del “tifosi” (y también del aficionado extranjero) en una corriente positiva, hasta la UCI igual acaba convirtiéndolo en embajador, con Casar y Cavendish a los mandos de tan selecta Orden, y David Millar (el mejor ejemplo para describir a Basso) como particular “juez” de toda esta situación.
No sabemos si tomarnos toda esta confluencia de intereses como un signo bueno de cambio sobre el corredor (se ha hablado mucho e sus profundos valores cristianos; no creo que debamos entrar en eso, pero buena parte de los “motivos para creer” en su proceso de rehabilitación recaen en ello) o como una patraña más de las ya vistas; lo que sí es visible para todos es que los japoneses han recibido a Basso casi como a un jefe de estado en sus días en Utsunomiya, lo han visto rodar por las carreteras del complejo natural nipón, siempre sonriente y con su bici conmemorativa aditada con motivos legendarios, y, aunque sólo de forma circunstancial, el italiano ha sentido el calor del público tras su vuelta más allá de las carreteras transalpinas. La “réentrée” de Ivan Basso, que retornará, ya en 2009, con ocasión del Tour de California, está muy alejada de las demás. Tanto lo está, que se ha producido en Japón, con legañas en los ojos o ronquidos masivos para el público europeo y un molesto cambio de hora de por medio. ¿Hora del cambio, Ivan?
Veinte días subiendo el Mont-Ventoux

Ha terminado hace escasos minutos el repaso al recorrido que ASO planteará el año que viene en su “prueba reina”, y todo apunta a que el Tour se resolverá al final sin estar plenamente condicionado por los últimos ocho días. La mayoría de los rumores sobre el recorrido de la “Grande Boucle” para 2009 se han confirmado, pero la atípica salida desde el sureste de Francia no ocasionará un recorte radical de dureza en el primer bloque de montaña (se repetirá el diseño de 2008 al encarar Pirineos anes que Alpes). Sí se verá, por el contrario, un recorrido realmente bestial en la última semana, clásico de los primeros Tours de Indurain, con cuatro etapas de montaña y una contrarreloj en las últimas seis etapas competitivas.
La salida desde Mónaco, como ya se conocía desde meses atrás, favorecerá una rápida “limpia”, que ayude a encontrar a los candidatos de la general bien situados desde el momento inicial, ya que los 15 kilómetros de contrarreloj por la costa ofrecen dureza suficiente para apartar a los sprinters más avezados e impedir que se “cuelen” en los primeros lugares, desvirtuando la clasificación, cuando lleguen las dos etapas siguientes por la Riviera, con finales en Brignoles (sinuosa y con rampitas en los últimos compases), y la inédita La-Grande-Motte. Los escasos 40 kilómetros de contrarreloj por equipos en Montpellier al cuarto día nos hacen pensar que Alberto Contador, de entrada único gran favorito a estas alturas, se verá muy pronto en los lugares de honor de la clasificación general, y la falta de complicaciones en los Pirineos (etapas en viernes, sábado y domingo; atrás quedaban esas “conspiraciones” sobre las etapas pirenaicas entre semana y el peligro de los aficionados vascos) contribuye a reforzar esta hipótesis. Se subirá Arcalís tras 210 kilómetros de llaneo, llegando hasta arriba (2240 m), no como ya anunciaban los rumores; para rematar este aperitivo sin dureza, las etapas de Saint-Girons (tres puertos muy lejanos, con Envalira casi de salida y Porte y Agnès tras descenso a la umbría gala) y Tarbes (Aspin y Tourmalet realmente lejísimos, con una larga recta llana en la autopista hasta Tarbes que haría temblar los mejores guiones de Unipublic) arrojarán diferencias inexistentes sobre lo que pase el primer día.
Una caracerística esencial será el recorte masivo de etapas para los sprinters; el “quatorze juillet”, primer día del segundo bloque tras traslado y descanso en Limoges, será día de continuos toboganes que impidan un sprint en Issoudun (otra ciudad “debutante” en el Tour) y favorezcan las opciones de los grandes “baroudeurs” franceses. Tras dos días de relativa calma y supremacía para los reyes de la velocidad, se dirigirá una sola etapa por los Vosgos hacia Vittel (tres “Ballons”, siempre cercanos a los 1100 metros de altitud y el último de los cuales se pasará a 20 kilómetros de meta), se marchará bordeando la frontera germano-suiza hasta el Franco Condado en Besançon y, a partir de aquí… la locura. El domingo 19, justo antes del último descanso, se pasrán dos puertos en un largo trazado por Suiza, no demasiado exigentes y el primero de los cuales está muy lejos de meta, en un diseño casi calcado al que tenía, originariamente y antes de la introducción del Agnello, la etapa de Pratonevoso en 2008. La estación de Verbier, con sus 10 kilómetros de desnivel y rampas muy continuadas, esquema habitual de los puertos del cantón de Valais, acogerá la caravana en el segundo “riposo”.
El martes 21, el Tour afrontará su primer día épico: se buscará la localidad de Bourg-Saint-Maurice con dos puertacos de por medio (el Grand-Saint-Bernard, techo de la carrera con sus más de 2400 metros, y el Petit-Saint-Bernard, algo más corto y reducido) y sin un solo metro de llano; al día siguiente, desde esa misma localidad, otra etapa sin apenas descansos hará recorrer a los superivivientes cinco puertos al borde de la Saboya, con Cormet de Roselend, Saisies, Arranches y el encadenado Romme-Colombière como colofón a una gran etapa en Le-Grand-Bornand. Al día siguiente, el Tour recuperará un clásico de los inicios de la década de los ‘90: una contrarreloj preciosa ordeando el lago de Annecy, con algo más de 40 kilómetros y una parte final de serrucho que abrirá aún mayores diferencias. Pero el plato fuerte, el que va a condicionar la actitud de los corredores, llegará tras la etapa del viernes en Aubenas (final trampa, con un 3ª a 6 de meta, similar al día de Digne-les-Bains este año): la subida al Mont-Ventoux se hace, casí por sí sola (y eso que, al contrario que en recorridos de Dauphiné o París – Niza, se pasarán buenas “tachuelas” como Nôtre-Dame-des-Abeilles), etapa reina. Todo lo logrado hasta ese día se puede torcer o rectificar… si hay actitud. El recorrido es “combinado”, con cosas interesantes, humanizante, sin excesos. Ahora sólo falta que no se suba “de la manita” ni se bloquee la carrera tras la crono por equipos por una escuadra imperante. Sí parece, por el contrario, que las “ventajas” entre escaladores y croners se irán compensando a un tiempo (CRI y CRE con Pirineos y Alpes, crono de Annecy con Mont-Ventoux). Pero seguro que las declaraciones de esta tarde en la prensa apuntarán a lo mismo: estaremos veinte días subiendo el Mont-Ventoux.


