Cunego se construye como campeón en Como

El veronese Damiano Cunego sufre del mismo síndrome al que se acogen muchos aficionados españoles con Valverde, y probablemente su “buena estrella” sería tan habitual objeto de comentario en el país de la bota, si no fuese por la enorme concentración de talentos que vive Italia, ahora y en cualquier época. Incapaz de cuajar una carrera de tres semanas en las mismas condiciones en las que, aprovechándose de la vigilancia a su líder de escuadra “Gibo” Simoni, se estrella una y otra vez contra las GT sin que la gente se dé cuenta, como ocurre con Valverde, que su carrera modélica fue precisamente la segunda que disputó: si Valverde se subió al podio de la Vuelta por primera vez tras un ejercicio de estilo y bravura, probablemente el abanderado del “I’m doping free” vivió su punto máximo de brillantez en aquella meta de Falzes del Giro 2004. Aun así, en vista de su calidad y como con el murciano, no tiene mucho sentido pararse en ello. Hoy, ante la ausencia de grandes combatientes, inscribió, como figuraba en las carreteras del Lago di Como, su nombre junto al de leyendas como “Il Furbo” Saronni o el último ganador de esta carrera antes que él (a Bettini ya lo unen al proyecto de Gianetti como “rela”), demostrando que las intrincadas rampas y toboganes de la frontera italo-suiza son ya, por siempre, su territorio de caza.
Porque Lombardia no está hecha para gandules ni para cobardes. Apunté dos hombres para hacer una buena carrera y ninguno de los dos estuvo fino: Gesink directamente ni existía cuando finalizó la bajada al Ghisallo, y en Acqua e Sapone las campanas tocaban por todo el mundo menos por Francesco Masciarelli, a quien, con 22 años escasos, las pruebas de tanto nivel le vienen grandes. En su lugar, hombres con algo de “gasolina” en las piernas suplantaron a los primeros caballeros de la mesa, y abrieron pista antes del momento decisivo en Civiglio. Dos “pesos pesados” como Garzelli y Scarponi pusieron la salsa en la fuga surgida para el “TV time”, en una fuga donde la falta de colaboración y el histérico empuje de Lampre y CSC dinamitó cualquier “chance” de presentarse en la penúltima cota del día. Llegados a ese punto, con Santambrogio en “misión cumplida” tras hacer acumular desgaste a los valientes y hombres como Ballan en plan “cuartelero”, Marzano sacó su marcha de las mejores tardes de Giro de Italia y dejó en su misma fila por momentos a Kroon, Cunego, Finetto, Horner, Dani Moreno… ¡¡y nadie más!! En ese instante, fue el momento para que los Acqua e Sapone, Astana y Caisse d’Epargne, quizás los equipos más implicados en mover la carrera para evitar la victoria cantada de “Il Piccolo Principe”, siguiesen desgranando sus bazas.
Vimos primero a Kroon, Failli y Horner, el tercero de los cuales puso empeño en ser el primero en varios cortes, pero todos ellos se vieron superados por un Cunego imperial. Aprovechando la estrechez del enésimo descenso al valle, Cunego sacó unos metros al resto, y el ex-Liquigas, ganador de una etapa en la Settimana Lombarda, incisivo y potente en grupos reducidos, se vio casi sin saber qué hacer para contener tanta furia desatada. Por detrás, Samuel Sánchez, al que (siguen sin convencerme) le ha faltado todavía algo de forma para terminar la temporada con buen pie, despejaba dudas (que las hay, pues hay gente muy malpensada) sobre su talento para los descensos técnicos y se colaba en un grupo de cuatro con el Caisse de turno (primero fue Lastras, ahora el inconfundible Dani Moreno y sus brillantes Oakley), el Astana de turno (siempre la calva de Chris Horner), Failli y el propio campeón olímpico. “Nulla da fare” para todos ellos; Damiano ya tiene la victoria en vereda, y la neutralización posterior por el segundo grupo perseguidor (difícil no ver un pelotón de tan grande tamaño cuando las bajas defensas y el desinterés campean a 18 de Octubre) es sintomática del desaliento.
Aún lo probaría en un par de ocasiones Pfannberger, al que cada vez le sienta mejor rodarse en territorio italiano, donde ya es un “puestómetro humano” por sus infinitas plazas de honor durante este verano. Más adelante, casi lindando con la cima de San Fermo, saltarían los hombres que ponían rúbrica al podio final: Rigo Urán, cada vez más elegante y exitoso a sus 21 años, y Jani Brajkovic, que se ha pasado hasta la Vuelta a Alemania concentrado en dar biberones a Jani Jr; entrado Cunego en meta con absoluta suficiencia, el reciente campeón mundial militar de contrarreloj imitó a Eisel o Boonen en algunos de sus últimos días de “fake glory”, quizás celebrando su segundo puesto sobre Urán como lo que realmente es: una proeza difícilmente repetible para el esloveno, un puesto al que sólo han llegado, en sus condiciones, como corredor sin aparente peso deportivo en estas circunstancias, ciclistas como el ex-Cofidis Angelo Lopeboselli, quien se subió al cajón en 2003 como tercer clasificado en la victoria de “Mickey” Bartoli. No tiene la planta ni, quizás, aún el calado mediático e histórico del gran Michele, pero Cunego ha vuelto a evidenciar las claves sobre cómo se construye un campeón. Lo hizo en Como. Las tres veces. ¿Cómo? Para sus ojos lo dejo.

